EL BLOG
24/01/2018 7:00 AM CST | Actualizado 24/01/2018 7:00 AM CST

Conocí al amor de mi vida gracias al 'HuffPost'

"No creía que solo hubiera una persona destinada a estar conmigo hasta que llegó Mike. Ahora lo sé".

Cortesía de la autora

Como colaboradora del HuffPost recibo algunos correos en respuesta a mis publicaciones. Los leo todos. Algunos son crueles ("Eres estúpida"), otros son soeces ("¿Sabes qué es una MILF?" [el acrónimo inglés de 'madre con la que tendría sexo']) y algunos son absolutamente tiernos ("El amor que sientes por tu madre me ha alentado a abrazar a la mía hoy"), pero solo uno logró que mi corazón despertara de su estado de hibernación postdivorcio.

Solo uno consiguió volver a dibujarme una sonrisa auténtica en la cara después de tantas malditas tormentas personales. Un mensaje elocuente, genuino y perspicaz que me hizo replantearme la idea de seguir soltera hasta que mi hijo cumpliera los 18 años.

Un hombre muy estadounidense, carnívoro, republicano, nacido y criado en Nueva York (mi polo opuesto) respondió una madrugada a mi post Top 10 Rules for Dating a Single or Divorced Mom (Las 10 normas más importantes para salir con una madre soltera o divorciada). (¿He dicho ya que tiene insomnio y lo niega?). Este padre soltero llamado Mike, con quien había más de seis grados de separación, me envió un mensaje especial que me hizo sentirme comprendida, digna y apreciada. También me hizo sonreír. Tuve que responderle al instante.

Tras un intenso intercambio de correos electrónicos me dio su número de teléfono. Le dije que no sería yo la primera en llamar. Sin perder el ánimo por mi absurdo comportamiento trasnochado, consiguió mi número, charlamos, debatimos, nos reímos, coqueteamos durante tres buenas horas aquella noche y, desde entonces, también las noches siguientes. De algún modo, conseguí sacar más de cien horas de mi infernal agenda durante ese mes para conocer a este hombre.

Invertí algo de dinero en una buena crema de ojos para poder seguir sacrificando horas de sueño como una universitaria, trasnochando para juguetear con el pelo mientras estábamos al teléfono. Intercambiamos más de 5000 mensajes en cuestión de semanas, muchos de ellos enlaces a canciones y chistes relacionados con lo que estábamos hablando. Le sonreía tanto al teléfono que mi hijo de 4 años se dio cuenta. "Mami, parece que estás siempre contenta", me dijo.

Me envió un mensaje especial que me hizo sentirme comprendida, digna y apreciada. También me hizo sonreír. Tuve que responderle al instante.

Me contó lo más importante que había que saber sobre él: las historias de sus lesiones deportivas, los chicos del barrio con los que creció, el árbol genealógico de su maravillosa familia, los mayores éxitos y reveses profesionales, sus relaciones pasadas, si orienta el papel higiénico hacia dentro o hacia fuera (por suerte, lo hace hacia fuera)...

También me enteré de que hace tiempo iba por ahí con un cartón para hacer breakdance (se apodaba Slick), que aprobó el examen para la licencia de conducir a la primera y que compartía mi obsesión por las películas de Rocky, y todo eso antes de habernos visto en persona. No conocí su versión fácil abreviada, sino la auténtica. Mediante conversaciones sinceras, superaba la distancia que nos separaba y me llevaba a su lugar favorito: el océano, a poder ser ser sobre un barco. El instinto me decía que no necesitaba ningún chaleco salvavidas con Mike. Me hacía sentirme segura tras muchos años de inseguridad y de no sentirme apreciada ni querida.

Yo también fui completamente transparente con él. Mis errores, mis fracasos, mis penas... Conté todo. Me desnudé emocionalmente, quería mostrarle la persona que era a mis 42 años. Le conté todas mis extravagancias, que le habrían asustado si fuera un hombre impresionable. En ocasiones, me echaba para atrás porque me asustaba estar tan enamorada. Aun así, él me siguió adorando. La poca armadura que me quedaba se vino abajo.

Todas mis relaciones anteriores estaban basadas en negociaciones, sacrificios y resentimiento.

Entre lágrimas, le conté que había perdido a mi madre hacía un año por un cáncer de ovarios. Rememoré cómo me sentí el momento en que tomé la decisión de suspender el tratamiento para la tensión que mantenía su cuerpo con vida. Entonces me enteré de que Mike cumple años el mismo día que mi madre (7 de septiembre) y de que su abuela murió un 19 de mayo, la fecha en que nació mi hijo. Tuve la sensación de que era una sinfonía de almas guiadas cuidadosamente por nuestros seres queridos. Una conexión innata.

Antes de conocernos en persona, le pregunté si guardaba cabezas en un congelador, si tenía un tercer pezón o si le había robado a alguien más las fotos de ese hombre superguapo con ojos azules y mirada tranquila. Tenía que tener algún defecto. Todas mis relaciones anteriores estaban basadas en negociaciones, sacrificios y resentimiento. Nuestra relación sin complicaciones, sin forzar y sin precedentes era tan natural como una caricia del sol en la cara.

Nuestros hijos se quieren y se pelean como hermanos. Nuestras familias ampliadas encajan con naturalidad. La cosa funciona. Sin demasiados esfuerzos, funciona.

Cuando nos vimos por primera vez, hubo amor. Me aterrorizaba, pero era un amor maravillosamente embriagador. El segundo fin de semana que pasamos juntos me invitó a conocer a su familia, incluido su querido hijo, para el Séder de Pésaj. Acepté y fue como estar en casa.

Mike está siempre dispuesto a vivir aventuras. Solo nos hace falta el tanque de gasolina lleno para ponernos en marcha. Es un cocinero aficionado. Cocinamos hombro con hombro sin pegarnos codazos pasivoagresivos porque no nos incomodamos. Ambos tenemos una predilección inusual por todo lo que es de los años 80. Muchas noches, nos tenemos que forzar a irnos a dormir porque no queremos perder ni un instante de estar juntos. Es diversión. Felicidad. Adoración en su forma más pura. Nuestros hijos se quieren y se pelean como hermanos. Nuestras familias ampliadas encajan con naturalidad. La cosa funciona. Sin demasiados esfuerzos, funciona.

Fuera como fuese (el HuffPost, mi madre y su abuela colaborando desde allá arriba, un plan divino o una combinación de las tres cosas) encontré mi bashert, mi alma gemela. No creía que solo hubiera una persona destinada a estar conmigo hasta que llegó Mike. Ahora lo sé. Lo sé.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco para 'HuffPost' España.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.