VOCES
19/06/2018 7:08 AM CDT | Actualizado 19/06/2018 8:53 AM CDT

No podemos contar con la FIFA para que haga lo correcto respecto a sus jugadores y fans LGBTQ

Catherine Ivill / Getty Images
La Copa Mundial de la FIFA 2018 inició la semana pasada en Rusia, país que ha promulgado en años recientes una serie de leyes antiLGBTQ.

El Mundial es sin duda el evento deportivo más popular del mundo. Cerca de 3 mil 200 millones de personas vieron algún partido en el de 2014, y el número total de asistentes a los 64 partidos fue de 3 millones 400 mil personas. Es un evento masivo muy querido que arrancó la semana pasada con el partido entre Rusia y Arabia Saudita.

A pesar de las expectativas que despierta la competencia, vemos, otra vez, que bajo el liderazgo de la FIFA (el órgano que gobierna al futbol internacional), el deporte es menos acogedor con algunas personas que con otras, especialmente si son negros o gays.

El futbol es capaz de unir a muchas personas dispares, y no hay mejor escaparate de ello que el Mundial. Es verdaderamente decepcionante que un juego tan hermoso sea manejado por una organización que hace menos que nada por promover la inclusión. La FIFA tiene una oportunidad para demostrar que será más inclusiva, pero la historia nos dice que no tomemos en cuenta a esa organización para que haga lo correcto.

La inclusión casi siempre es un problema cuando se trata de la FIFA.

En 2010 la FIFA le otorgó a Rusia la sede del Mundial de 2018, una decisión que desde entonces ha estado plagada de rumores y reportes de corrupción. Pocos años después Rusia pasó una serie de leyes antiLGBTQ que el New York Times describió como "una prohibición de lo que Rusia considera promoción de la homosexualidad" que "ha sido un punto central del mensaje nacionalista del presidente Vladimir Putin". En respuesta a la atmósfera hostil y las ocasionales acciones violentas contra personas LGBTQ en Rusia, Futbol contra el Racismo (FARE, por sus siglas en inglés), una organización que busca "combatir la desigualdad en el futbol y usar al deporte para el cambio social" ha advertido a los fans LGBTQ que no caminen tomados de la mano ni hagan muestras de afecto públicas durante los juegos.

Los jugadores en el campo, o los fans en los estadios, podrán escuchar cantos homófobos durante los partidos, dado que, junto a los cantos racistas, han sido un problema en los partidos que se juegan en Rusia desde hace un año (además está el infame grito homófobo mexicano de "puto", que ya hizo su aparición, a pesar de los esfuerzos de cambiarlo por "Putin").

Glyn Kirk / Getty Images
Paul Pogba enfrentó burlas de sonidos de mono de una multitud en un estadio durante un juego amistoso entre Rusia y Francia en San Petersburgo, en marzo.

Hace un mes la FIFA multó a la Unión Rusa de Futbol porque fans rusos molestaron al jugador negro de Francia, Paul Pogba, con ruidos simiescos durante un partido amistoso entre Rusia y Francia en San Petersburgo, que se jugó en marzo. Recientemente dos equipos fueron multados; de acuerdo con CNN, "los fans de Spartak fueron acusados de lanzar gritos simiescos a Nuno Rocha, jugador negro de FC Tosno, mientras que seguidores del equipo Zenit habrían hecho cánticos nazis durante un juego de liga".

Fue apenas hace dos años que, como reportó AP, la FIFA "disolvió su grupo antirracismo declarando que el trabajo había terminado, a pesar de las continuas preocupaciones respecto a la discriminación en juegos de Rusia, anfitrión del Mundial de 2018". Al parecer todavía queda trabajo por hacer, incluso en Rusia, donde Alexei Smertin, Inspector Antirracismo de Rusia para el Mundial (sí, leíste bien) declaró: "no hay racismo en Rusia, porque no existe".

Nada de esto sorprende, pues la inclusión casi siempre es un problema cuando se trata de la FIFA. Como la mayoría de las grandes organizaciones deportivas, es manejada mayoritariamente por hombres, una situación que empieza en su nivel máximo y se extiende a las seis confederaciones regionales y más de 200 federaciones nacionales. Aunque la FIFA ordena que 15% del dinero que le da las federaciones debe ir al deporte femenino, esas federaciones "no están obligadas a verificar los gastos o hacerlos públicos". Y, por supuesto, hay un pago desigual en todos los aspectos del deporte.

Durante el Mundial, FARE trabajará en Rusia. De acuerdo con NBC News, FARE tendrá "dos Casas de la Diversidad en Moscú y San Petersburgo (...) donde se discutirá la discriminación en los deportes", así como "una guía de Rusia para visitantes, y operará una línea telefónica para minorías que quieran reportar acoso o ataques".

Millones de fans, tanto 'queers' como de color, verán el Mundial en sus televisiones, teléfonos o hasta en persona, a pesar de lo poco que hace la FIFA para incluirlos.

Rusia, por su parte, dice que terminará con el comportamiento problemático teniendo "un policía cada veinte metros". Pero no queda claro de cuánto servirá esto. Especialmente si los policías no están interesados en ayudar a personas LGBTQ que puedan ser atacadas, o si estas personas pueden ser tratadas de forma discriminatoria por su color de piel (Bryan Idowu, un jugador de Nigeria, dijo que esto le ocurrió mientras vivía en Rusia).

Minky Worden, Directora de Iniciativas Globales de Human Rights Watch, se refirió a la FIFA en una editorial en el New York Times, haciendo claras las expectativas del organismo respecto al trato que el país anfitrión debía dar a sus fans LGBTQ, y dijo que debían castigarse las violaciones a ese respecto en el reglamento de la FIFA: "si la FIFA no es capaz de hacer valer sus reglas, los patrocinadores deberían de actuar", escribió. Dijo que esto es importante para el presente y el futuro. FIFA otorgó la organización del Mundial de 2022 a Qatar. El país no solo ha sido cuestionado por el uso de trabajo esclavo para construir las sedes del campeonato, sino que tiene leyes homófobas. Y hasta hace unos días la FIFA consideró otorgarle la organización del Mundial a Marruecos, donde las relaciones entre personas del mismo sexo son un crimen.

Millones de fans, tanto queers como de color, verán el Mundial en sus televisiones, teléfonos o hasta en persona, a pesar de lo poco que hace la FIFA para incluirlos. Se arriesgarán a escuchar lenguaje agresivo o ser señalados para poder participar como fans (y algunos de ellos como jugadores) en un deporte que aman.

La homofobia y el racismo no se limitan al mundo del futbol, y liberar al juego de ellos requerirá esfuerzos y vigilancia continua. De todas maneras no debería tener que decirse en 2018 que una organización que vigila a todo el futbol internacional debería tomar en serio a la inclusión y debería estar haciendo todo lo que pueda por hacer al deporte lo más incluyente posible. Pero poco indica que esta sea una preocupación real para la FIFA.

Fans, jugadores y patrocinadores, y todos los que con su trabajo contribuyen a la operación de la FIFA, deben hablar contra el abuso racista u homófobo, apoyar a aquellos que son atacados y exigir castigo para quienes participen. El mundo está cambiando, lenta pero seguramente, y ya es el momento de que el deporte más popular del mundo y la organización que lo gobierna se pongan al día.

Jessica Luther es periodista 'freelance', escritora y co-conductora del podcast deportivo feminista "Burn It All Down".

Este blog apareció originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y fue traducido por Víctor Santana.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.