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15/05/2018 6:11 PM CDT | Actualizado 15/05/2018 7:52 PM CDT

En memoria de María Elena Meneses

Cortesía
María Elena se describía como una periodista abierta al diálogo con otros saberes.

"Apostar por el periodismo (pase lo que pase) será siempre una apuesta por la libertad". Releo esta frase que me escribió hace unos meses, a finales de 2017, a propósito de un libro publicado por el historiador de Oxford, Timothy Garton Ash, sobre la libertad de expresión y los diez principios para un mundo conectado. A decir de María Elena, era el libro que más había disfrutado de todas sus lecturas de ese año.

La nota está escrita con su puño y letra, cosa rara en estos tiempos en que el teclado ha acaparado por completo el espacio antes reservado a la tinta. Cosa rara, además, porque nuestros intercambios solían darse en su mayor parte de manera digital. Con su letra clara, cuidada, de caligrafía redonda y trazo rápido, me regaló, sin saberlo, las palabras que inician este obituario doloroso.

Intuyo que esa frase declara y resume la apuesta de María Elena. Hoy, en medio del duelo por su partida inesperada, le doy múltiples sentidos. Me interesa destacar una parte de su biografía pública, que nos revela su pasión por el mundo de la información, en el que navegó con una voz única que la hizo destacarse dentro y fuera del mundo académico.

María Elena se describía como una periodista abierta al diálogo con otros saberes. Quienes caminamos junto a ella en diferentes tramos de su vida profesional, podemos dar fe de su lucha por el derecho a la libertad de expresión, que inició en su juventud con su incursión en el periodismo, como reportera y comentarista en un principio, y luego como corresponsal internacional, donde hacía la cobertura noticiosa de asuntos políticos en México y diversos países de América Latina. Ese trabajo inmerso en la compleja realidad de nuestra América le dio las bases para lo que serían sus proyectos más importantes.

Apostar por el periodismo (pase lo que pase) será siempre una apuesta por la libertad.María Elena Meneses

A propósito de ese caminar entre fronteras, creo que María Elena tuvo una habilidad innata para transitar con soltura entre diferentes mundos y códigos. Por ello, para hablar de su legado es importante hacer un recuento de sus múltiples trayectorias, que convergían en una misma meta: la defensa al derecho de la información. En todas dejó huella: en su activismo, en las redes sociales, en los distintos medios y asociaciones que llegó a presidir, en el aula y en sus investigaciones.

Prueba de ello fue su brillante labor como catedrática del Tecnológico de Monterrey, donde tuve la fortuna de conocerla. En ese entonces coordinaba la Cátedra de investigación Sociedad de la información en el campus Ciudad de México, desde donde lideró el Programa de desarrollo digital 2012-2018 para la presidencia de la República, que sirvió para la elaboración del Plan de Agenda Digital Nacional.

Desde ese entonces, la cultura digital fue la columna vertebral de su agenda: fundó la revista científica Virtualis, dirigió un proyecto en alianza con Google, e incursionó en proyectos binacionales para prototipar la participación ciudadana digital. Se fue en el momento en que diseñaba otro proyecto sobre equidad digital en México, y en que se sumaba con entusiasmo a Conectadas, una red de mujeres líderes que desean apoyar el desarrollo de más mujeres en el sector de las telecomunicaciones y tecnologías de la información.

Hasta aquí, un recuento de lo evidente. Quisiera ahora concluir con lo intangible, aquella marca indeleble que María Elena, Marmenes, ha dejado en mí, que no forma parte de ningún currículum, pero que es la sustancia de la memoria: su voz pausada y reflexiva; sus gestos inconfundibles; su mirada que expresaba todo lo que no quería decir; su seria formalidad que de repente dejaba relucir su sentido del humor ácido, y su sonrisa traviesa. Por supuesto, su solidaridad, su generosidad, su ética, su claridad y su congruencia.

Si pudiera resumir con una frase, diría que María Elena era de una pieza.

Deja un hueco grande entre nosotros.

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