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21/05/2018 12:00 PM CDT | Actualizado 21/05/2018 1:36 PM CDT

Las estrategias y antiestrategias de un debate

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En los debates, según las estadísticas, solo nos quedamos más allá del minuto 20 las mismas personas de siempre.

Quizás lo que pasará a la memoria colectiva del debate de anoche sean solo el gesto preventivo al robo de la cartera y el apelativo de Ricky Riquín Canallín, y no es de a gratis: la mente solo recuerda lo que le activa (por fútil y vano que parezca).

Y es que en esas noches nos constituimos en tribus reunidas en torno a la tv, a veces hasta con chelas y botanas, armadas de celulares y listas para proferir interjecciones contra el adversario, loas al favorito, dar likes y RTs. Nos une el extraño interés por el tema y, según las estadísticas, solo nos quedamos más allá del minuto 20 las mismas personas de siempre: partidistas, con el voto decidido, con nuestras filias y las fobias bien apuntadas. Los debates son un coliseo de parroquianos eufóricos de memes. Los indecisos tendrán sus propios –y aún misteriosos- caminos.

Andrés y el juego seguro

Desde días antes, Andrés Manuel sabía del impacto real de los debates. Antes se "ganaban" en los días posteriores, con encuestas falsas que aparecían en las portadas de los diarios (para que se vieran en los puestos o en las manos de los voceadores entre los autos), o con voceros repitiendo en los medios el clásico "claramente mi candidato fue el ganador".

Hoy la arena son las redes sociales y los mensajes son los memes, esos que impulsan conversaciones casuales, opiniones rápidas, reduccionistas y subjetivas. Así funciona nuestra imperfecta y milenaria mente humana...y Andrés lo sabe, por eso llega y se presenta con actitud desdeñosa, que parece tranquila, pero en realidad dominada por un "a qué hora se termina esto". No sonríe cómodo. Sonríe pensando en el día que tomaría posesión, pero también en los días que faltan para consolidar su triunfo y en que la línea de todos será de ataques contra él.

Los escenarios de contrastes en tv, el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y la construcción de argumentos racionales en público no son su territorio y se nota. Sin embargo, sabe perfectamente que saliendo de ahí sin una imagen digna de meme que lo muestre autoritario, insensible o iracundo ya ganó. Juega con todo el equipo atrás, volando el balón, consumiendo el reloj. Faltan solo unos días, los más difíciles. Pudo dirigirse a un nuevo público de indecisos, pero no lo hizo. Desdeña a los segmentos que le piden más contenido ("esos ya tienen su voto definido", piensa). Su apuesta son los suyos, lo que hoy suman más.

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AMLO pudo dirigirse a un nuevo público de indecisos, pero no lo hizo.

Anaya, el que hace la tarea

Ricardo se concentró en lo suyo: preparar propuestas coherentes, estructuradas. Trató de conectar con la audiencia presente. Se llenó de historias (así lo dice el manual), de evidencias gráficas. Se "concentra" en tres líneas: en provocar que Andrés se salga de su espacio de desdén y sorna, en contar historias y presentar propuestas tratando de proyectar sensibilidad y preparación, y en atacar al régimen para ser antisistema.

Sabe que su oportunidad es presentarse como la verdadera opción de cambio para el público antiPRI indeciso. Sin embargo, su personalidad es más racional que emocional. Sus propuestas son puntuales, su numeralia es contundente, pero su histrionismo es impostado, tan remarcado que no suena natural, y eso el inconsciente lo sabe. Pareciera que detectó su oportunidad en un grupo pequeño: los antiPRI/antiAMLO que ven los debates. Anaya es de los que sigue creyendo que pegarle al Peje es la línea. Los instrumentos de medición de opinión pública desde hace tiempo dicen lo contrario.

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La personalidad de Anaya es más racional que emocional.

Meade, el consistente

Días antes corrieron las filtraciones de que varios priistas emblemáticos y otros personajes famosos estaban interviniendo en la estrategia de debate de Meade. Se sembró la expectativa de que veríamos un giro cuántico en su mensaje, pero no sucedió. Quizás el principal valor de José Antonio es su consistencia, y que esa será su divisa postelectoral. Vimos a un Meade más entrón (como en esta época postOchoa), dueño del territorio del análisis y el diagnóstico, pero como desde el principio, ajeno al de la comunicación conectiva, al de la emoción humana, pero sobre todo, sin entrarle en absoluto a cambiar el sentido de la historia que cuenta su candidatura y las épocas que la preceden, y que hoy es el eje de esta campaña: que el PRI no gobierne más.

No hubo deslindes, ni críticas que dieran la nota o ataques que sacaran de balance a nadie y sí más defensas al régimen actual y su no-responsabilidad en temas que el imaginario colectivo le atribuye sin remedio. Pareciera más bien que Meade está protegiendo su reputación ante su tribu para cuando pase esta tempestad que no le augura nada bueno.

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Pareciera más bien que Meade está protegiendo su reputación ante su tribu.

El Bronco, el gran deudor

Jaime me ha quedado a deber. Sabía que no iría a ningún lado su candidatura, pero esperaba siquiera algo más entretenido de él. Se quedarán muchos memes pendientes.

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Jaime me ha quedado a deber.

¿Qué sigue?

El imaginario diría que viene la madre de todas las guerras contra AMLO. De lo único que hay evidencia es que el eje de esta campaña es el antiPRI, que este se lo compiten dos candidatos, que la estrategia de uno es principalmente pegarle al otro sin pruebas hasta hoy de que esto le sea rentable. Y que el otro solo debería cuidar su juego, recordar su mensaje una y otra vez hasta el último día, seguir conectando con lo mismo.

Nos vemos en el tercer debate, con un escenario mucho más definido (o cruento).

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.