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10/08/2018 8:00 AM CDT | Actualizado 10/08/2018 9:13 AM CDT

Andrés Manuel, el gran contador de historias

Desde hace casi 27 años (no 18), su campaña es una narrativa hilvanada con las características básicas para que una historia ruede.
Héctor Llerena
Desde hace casi 27 años (no 18), su campaña es una narrativa hilvanada con las características básicas para que una historia ruede.

Contar historias es la manera en que la humanidad se ha explicado a sí misma desde los primeros tiempos. Historias fundacionales de civilizaciones, de héroes, villanos, tragedias, causas, oprobios... contadas fundamentalmente con símbolos y emociones. Las buenas historias son fáciles de recordar, de reproducir, de compartir en redes, de retuitear. Las buenas historias construyen puentes entre personas y pueden crear narrativas continuadas, y eso Andrés Manuel lo sabe muy bien.

Desde hace casi 27 años (no 18), su campaña es una narrativa hilvanada con las características básicas para que una historia ruede: un héroe con una causa, un enemigo (protagonizado por una tribu llamada La Mafia del Poder) que defiende su causa-botín (el Statu Quo), y en medio el personaje colectivo oprimido, victimizado: El Pueblo (protagonizado por El Pueblo).

En esta narrativa el héroe pasa de defender a su gente de la tiranía petrolera, a redimir la voluntad del voto con las cajas del fraude en Tabasco, a representarlos como Jefe de Gobierno del DF, con un estilo de liderazgo que lo contrapone al que suelen tener los de la tribu statuqüista (empieza a trabajar con el amanecer, usa un tsuru, no usa guaruras, vive en un departamento clasemediero...), para pasar después a su temporada de ser el líder que busca la justicia para sus huestes cerrando Reforma, siendo la voz que enfrenta y descalifica siempre a la Mafia del Poder durante 12 años, con la intuición que le da ver en todas sus apariciones a miles que sumarán millones que asienten en silencio y con rabia al escucharlo.

A nadie deberá sorprender que la comunicación de gobierno no va a cambiar mucho de la de campaña. Solo será otra temporada.

El héroe nunca abandona su causa, que durante las varias temporadas de su serie toma formas diferentes (protesta, partido, campaña, gobierno, resistencia, movimiento) y que para fines prácticos, no importa el formato si no los fines: inspirar a un grupo muy importante de mexicanos que sienten que el gobierno y en general las instituciones públicas, sus funcionarios y otros grupos que gravitan alrededor de ellos, nunca los han tomado en cuenta, ni beneficiado y si han actuado para que sus vidas no prosperen. Les inspira la promesa de un cambio que les hará justicia, que hará que muchos de sus anhelos de una mejor vida se harán realidad.

Mientras la narrativa de este héroe-guionista-protagonista-director-productor no se salga de su hilo narrativo justiciero y emotivo, el guión de cada capítulo puede incluir casi cualquier acción o actor invitado (Napo, la Maestra, Sergio Mayer...) sin que su público acuse sobresaltos, e incluso lo defienda con ese mismo efecto que causa la inspiración de que una vida mejor para ellos y su familia (o hasta la venganza contra los enemigos) ya viene.

Y si esto no fuera cierto, solo hay que ver las turbulencias internas que provocó la aparición de Manuel Bartlett en el capítulo "Mi gabinete", un personaje que para muchos que se integraron a la serie en la última temporada, provocó a su inconsciente una disonancia narrativa. La excepción confirma la regla y entonces protestaron por el casting.

A nadie deberá sorprender que la comunicación de gobierno no va a cambiar mucho de la de campaña. Solo será otra temporada, porque ya se sabe que no hay que cambiar la causa, ni el personaje, ni su estilo (como si suelen hacer aquí la mayoría de los candidatos al convertirse en gobernantes). Acaso tendrán un spin un poco más oficial los mensajes, acaso un poco la imagen, pero siempre consecuente con la narrativa que ha posicionado la causa. Por eso el no a vivir en Los Pinos, el no a volar en el avión presidencial, el no a ser resguardado por el Estado Mayor, el seguir usando su jetta común y corriente sin blindaje, parándose en los altos, etc, etc.

Andrés Manuel sabe contar historias muy bien, delinear personajes, crear tensión, usar símbolos, y sobre todo, apelar al famoso inconsciente colectivo de su público (una franja poblacional transversal y muy diversa), al que le hace sentido esta historia de injusticia, injustos y un justiciero, que claramente se terminó de estructurar con mucha fuerza en los últimos 6 años.

Porque más allá de validar o descalificar esta visión de nuestra realidad nacional, desde el punto de vista de la comunicación política hay que aceptar que existe, que se manifestó con mucha contundencia el 1 de julio y que seguirá activa mientras que no haya otra narrativa que le haga contrapeso, que proponga otra visión así de conectiva e inspiradora que compita en rating en el prime time a la que Andrés Manuel ha puesto en el inconsciente mexicano desde hace más de dos décadas.

Y que seguirá siendo su principal fortaleza para avanzar más, dejando a sus contrincantes en la lona, porque se han tardado en entender de qué se trata el juego.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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