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09/06/2018 9:18 AM CDT | Actualizado 09/06/2018 11:18 AM CDT

Soñaba con ser Anthony Bourdain

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Anthony Bourdain estaba a favor de disfrutar y divertirse.

El viernes 8 de junio desperté entre un río de notificaciones que se acumulaban en el teléfono. Una acaparó mi atención: Anthony Bourdain había muerto. Se había suicidado. Por unos instantes sentí un vacío en el estómago y ganas de llorar, como si fuera el aviso de la muerte de un amigo.

Al poco tiempo las redes sociales y los chats de WhatsApp estaban llenos de comentarios sobre su muerte. Muchos enfatizaron el amor que Bourdain había tenido por México –escribió sobre el amor de los estadounidenses por la cocina, bebidas, gente, drogas, música, playas, arquitectura, diseño de interiores y películas mexicanas y la ironía de que no amen a México– y la forma en la que defendía a los trabajadores mexicanos como una base importante de la sociedad estadounidense, sobre todo en el ámbito gastronómico.

Pero lo que hizo Bourdain fue mucho más allá. Muchos no solo seguíamos sus series de turismo gastronómico, sino que queríamos imitarlo. Soñábamos con ser él y con tener el mejor trabajo del mundo, como él mismo lo describió. Recuerdo incluso haber llegado a una cita donde me ofrecieron un puesto –que no tomé– diciendo: "serías el Bourdain mexicano". En alguna época, parecía el mejor argumento de venta.

Muchos no solo seguíamos sus series de turismo gastronómico, sino que queríamos imitarlo.

Comencé a ver su serie No Reservations alrededor del 2006. Tenía algunas temporadas en DVD y revisitaba los capítulos cuando planeaba hacer algún viaje. Fue él quien me mostró que la gastronomía no solo es el amor por la comida, sino por la cultura que la envuelve. Comer bien no solo es visitar los restaurantes que aparecen en las listas –que él criticaba– de los mejores restaurantes, sino viajar y disfrutar las costumbres locales. "A donde fueres, haz lo que vieres", como dicen que decía mi abuelo.

Escribí sobre gastronomía y reseñé restaurantes por él. Y, al mismo tiempo, hace poco que leí una entrevista en la que decía que "para escribir bien sobre comida hay que comer bien y no se puede comer bien si estás analizando la comida. No es divertido para la gente con la que estás comiendo y no entiendo cómo puede ser divertido para ti"... volví a coincidir con él.

Bourdain estaba en contra de pasar el tiempo analizando texturas, temperaturas, balance de sabores, origen y toda una serie de información técnica en la comida, la cerveza y el vino por igual. Estaba a favor de disfrutar y divertirse.

Fue él quien me mostró que la gastronomía no solo es el amor por la comida, sino por la cultura que la envuelve.

Pero Bourdain no siempre fue así. En libros y textos hablaba de una etapa en la que fue un "alma triste", con problemas de adicción a la heroína y al crack, y tratando mal y ofendiendo a la gente de cocina. Era una pena con la que debía cargar.

Y parece que esa alma triste nunca se fue del todo, oculta entre los viajes y la comida. En su libro Kitchen Confidential cambió la forma de entender y hablar de los restaurantes y las cocinas, mostrando la realidad que se oculta detrás del glamour. Del mismo modo, en el fondo, alguna fuerte tristeza que nunca comprenderemos se escondía detrás de uno de los ídolos más grandes del medio gastronómico.

No queda más que agradecerle habernos mostrado lugares y culturas a las que nadie hacía caso, recordarnos que se puede disfrutar de las cosas más sencillas y hacernos ver, incluso hoy después de su muerte, que la comida y los viajes son placeres que nos unen como seres humanos.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.