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28/02/2018 6:00 AM CST | Actualizado 28/02/2018 6:00 AM CST

Plurinominales, una historia sin fin

Osvlado Aguilar/ISAAC ESQUIVEL/ ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM
Propuestas de plurinominales para el Senado: Napoleón Gómez Urrutia, por Morena; Miguel Ángel Mancera, por el PAN, y Xóchitl Gálvez, por el PRD.

Los diputados y senadores plurinominales han perdido su razón de ser. En el momento histórico en que se incorporó su figura se justificó por la elevada concentración de poder que tenía el PRI y comprendió una manera de dar progresivo acceso a la oposición minoritaria en los órganos de representación. Hoy, esa razón ha perdido sentido y, sobre todo, constituye un agravio a la democracia y la representatividad.

La representación proporcional fue, sobre todo en la década de los noventa, una de las causas que llevó a la ciudadanización del Consejo General del Instituto Federal Electoral (1994) y, eventualmente, contribuyó como acicate, a la alternancia democrática en los estados (1989), a que el PRI perdiera la mayoría en la Cámara de Diputados (1997) y, eventualmente, a la alternancia en la presidencia de la República (2000).

Es decir, la existencia de un mecanismo institucional que permitiera a representantes de oposición incorporarse a órganos legislativos, posibilitó que con el tiempo –30 años después de que fuera inicialmente incorporada la figura de "diputados de partido" en 1963 –, el partido en el poder perdiera el control nominal del legislativo y sobre todo, que fuera cediendo en la apertura del sistema que, sin diputados de oposición, habría resultado imposible.

No hay un concepto mínimo de congruencia y responsabilidad generado por la integración de las listas para senadores o diputados plurinominales frente a la sociedad.

Desde una perspectiva histórica, claro que fue positivo y, sin embargo, las causas que dieron origen a la figura de diputados y senadores plurinominales ya no tiene razón de ser. No es debido al argumento muchas veces utilizado que consiste en que los ciudadanos no votamos por ellos, porque sí lo hacemos. Nuestro voto tiene un doble propósito, por la persona que aparece en la boleta y por su partido. Ese voto se suma a la votación nacional emitida y el porcentaje que resulte, es lo que cuenta para la repartición de las plurinominales.

El sistema mixto de representación –con sistema de mayoría relativa y representación proporcional– ya no sirve de equilibrio de la representatividad en sí misma. En las últimas elecciones, la proporción entre votos recibidos y número de diputados corresponde en casi todos los casos, con excepción del PRI, que tanto en 2012 como en 2015, su número efectivo de diputados fue diez puntos porcentuales superior a la votación recibida. Es decir, la variación efectiva entre número de votos recibidos por partido y número de diputados global es del 10% aproximadamente.

Otra de las razones por las que la forma en que se integran las cámaras debe ser modificada es la falta de rendición de cuentas de quienes llegan por la vía plurinominal. Esto es gracias a la forma en que son elegidos esos candidatos, a través de listas cerradas. Por ello, se deben en su totalidad a los líderes de los partidos, ante la inexistencia de democracia interna. Lo que tiene como consecuencia que la representatividad efectiva, es decir, el vínculo implícito que existe entre ciudadano y representante, se desvanezca ante la falta de incentivos por parte de diputados y senadores plurinominales.

Otra de las razones por las que la forma en que se integran las cámaras debe ser modificada es la falta de rendición de cuentas de quienes llegan por la vía plurinominal

Esto genera otras discordias conceptuales. Como que Morena haya integrado en su lista para el Senado a Germán Martínez, ex presidente nacional del PAN, y a Napoleón Gómez Urrutia, ex líder sindical minero acusado de cometer fraude en perjuicio de sus representados. O que el PAN haya postulado en su lista a Miguel Ángel Mancera y el PRD haya hecho lo propio con Xóchitl Gálvez. Lo pueden hacer así porque no responden ante nadie. No hay un concepto mínimo de congruencia y responsabilidad generado por la integración de las listas para senadores o diputados plurinominales frente a la sociedad.

El sistema de representación proporcional es uno de los diques de falta de rendición de cuentas de nuestro sistema político. Primero por el elector, el único, quien elige con total certeza a sus diputados y senadores y después, del elegido, porque solo responde ante él. Pero debe desaparecer, porque aun si pensamos que el sistema mixto es adecuado, existen medios más democráticos y representativos para hacerlo.

Se trata de eliminar a los 32 senadores plurinominales, en tanto que ya existe un mecanismo de remediación a la subrepresentación política en la primera minoría. En la Cámara de Diputados es una fórmula que ha sido parcialmente utilizada en la Ciudad de México (listas A y B), sin que nadie se espante. Consiste en eliminar las listas en su totalidad y, preservando el número de diputados en 500 como está actualmente integrada la cámara (otra discusión es la pertinencia de su tamaño), solo habría una elección de mayoría relativa en los 300 distritos electorales.

Los diputados que eventualmente se integren a la cámara por la vía proporcional serían aquellos que no hayan ganado la elección mayoritaria pero que, por sus números relativos, hayan sido los más competitivos en sus distritos en términos globales. Ellos serían los que, pasada la elección, integrarían la lista de representación proporcional y accederían a la cámara en función del porcentaje que su agrupación política haya recibido. A esto habría que garantizar la paridad de género y la integración de candidatos independientes en esa distribución.

Con ello se generaría un vínculo entre la representación proporcional y la sociedad, en tanto que el diputado o diputada, efectivamente habría contendido por el voto. Además, se generaría una mayor competencia al interior de los partidos, en tanto que todos los que no hayan ganado del mismo partido, contenderían entre sí por un buen lugar en la lista. Por otro lado, el eventual problema que se generará con la reelección de diputados plurinominales se solventaría en tanto que todos los diputados se deberían al voto ciudadano.

No se necesita mucho para modificar ciertas instituciones. Si en el pasado la representación proporcional sirvió de impulso para la democratización de ciertas instituciones, hoy su modificación es necesaria para que el poder legislativo funcione en beneficio de la democracia, la representatividad y los mexicanos.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.