EL BLOG
22/03/2018 2:00 PM CST | Actualizado 22/03/2018 3:14 PM CST

Los domadores han sido domados

GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
El énfasis en esta elección debe estar en los candidatos al Congreso.

Más que a los candidatos a la presidencia, deberíamos poner mucha mayor atención a los postulados al Congreso de la Unión. El poder sin control ni contrapesos es irresponsable. Por eso no es al león a quien debemos mirar en esta elección, sino a sus domadores. El problema en México es que en la jaula del león, los domadores han guardado el látigo, la silla o el silbato que controla su impulsos naturales y con ello, el público decepcionado mira como los domadores terminan siendo los domados.

Una de las causas del deterioro de la política y lo público en México, quizás la más profunda, está en el Congreso de la Unión. No necesariamente significa que los 500 diputados y los 128 senadores se llenen las bolsas de dinero, quizás si lo hagan. La perturbación de lo público se da en la complicidad que hace que los engranes del sistema no funcionen, o que lo hagan solo en su propio beneficio y es ahí donde comienza el dramático camino de la impunidad.

El poder legislativo tiene cuatro grandes funciones dentro del gran entramado de división de poderes. Primero, debe hacer las leyes que nos rigen a todos los mexicanos y al propias autoridades. Segundo, se encarga de aprobar los gastos e ingresos públicos de la federación. Por ello, en tanto que es la entidad pública que autoriza los conceptos y rubros de las entradas y salidas de dinero de la federación, es también la que los fiscaliza. Tercero, funge como contrapeso y balanza del resto de los poderes públicos, sobre todo, del ejecutivo. Y como corolario de este último, en ambas cámaras del Congreso, recae la responsabilidad, compartida con el presidente, de realizar nombramientos de servidores públicos.

Por acción u omisión, los legisladores al ser sumisos y sistemáticos aliados del poder ejecutivo, distorsionan el sentido de su razón de ser y del sistema.

Un sistema presidencialista sin claros y efectivos controles no es otra cosa que una autocracia, en donde es el presidente la única voz que se escucha, la única voluntad que importa, la única intención relevante. Es en su ánimo, en donde el ejercicio del poder público encuentra un balance. Las cuatro funciones esenciales del Congreso dentro del andamio institucional no pueden ser analizadas de manera aislada. Cada una es relevante en sí misma y, sin embargo, es en su integralidad que encontramos la manera en que se articula la política nacional. Cuyo propósito dentro del sistema político no es otro sino hacer de contrapeso claro al poder del presidente y que, en el ejercicio de sus facultades, su última manifestación es la creación de leyes.

La institucionalidad en México, de apariencias y espejos, cumple con las formas. Siempre lo hace. El control como función esencial para la democracia y su funcionamiento se manifiesta en la aprobación del presupuesto (en moches y transferencias a estados), en la fiscalización que hace la Auditoría (en gastos en publicidad de la presidencia), en las comisiones de investigación (en la Casa Blanca, Pegasus u Odebrecht), en el ejercicio de la política misma (en comparecencias de secretarios de Estado), en los posicionamientos del Congreso (en la fiscalía que sirva), en la designación de funcionarios (en Paloma Merodio) y en la aprobación de leyes (en la Ley de Seguridad Interior).

Esto hace del Congreso el origen y causa de la impunidad y de la corrupción. Por acción u omisión, los legisladores al ser sumisos y sistemáticos aliados del poder ejecutivo, distorsionan el sentido de su razón de ser y del sistema. No hay, salvo raras excepciones, oposición que sirva. Bien porque están secuestrados por sus propios intereses, que se mezclan con los del Ejecutivo, o porque los verdaderos demócratas son muy pocos y se pierden en la multitud de la asamblea deliberante. En ello, perdemos los ciudadanos porque las leyes son consecuencia, no de la negociación propia de las mayorías y minorías en democracia, sino producto de una negociación de intereses.

No hay pues elemento de control. En realidad sí lo hay, pero en sentido inverso, es el presidente quien controla al Congreso. El león al domador. Por eso el énfasis en esta elección debe estar en los candidatos al Congreso. Y a partir de entonces, pensar en una modificación al sistema, en un cambio de política, uno más, que busque arreglar el papel que juega el legislativo en nuestro sistema. Que permita cambiar el flujo de intereses e incentivos, para que en lugar de ser un factor de deterioro, sea uno de cambio.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.