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11/04/2018 10:28 AM CDT | Actualizado 11/04/2018 12:48 PM CDT

La respuesta de Peña Nieto a Trump: ¿el inicio de una doctrina en política exterior?

YouTube: Presidencia de la República

Pareciera ser que el gobierno de México no tiene una estrategia clara y definida para enfrentar a Donald Trump. El último año y medio nos muestra que el gobierno ha sido improvisador y ha decidido ir midiendo al presidente de Estados Unidos y los hilos conductores de la relación bilateral sin un plan concreto. Pero esta tal vez esa sea la única reacción ante la irracionalidad e intemperancia de Trump. Quizás poco se pueda hacer desde el punto de vista estratégico, cuando México es utilizado como foco de polarización, propuesta de campaña, punching bag, cortina de humo, chivo expiatorio y razón implícita de discriminación y xenofobia.

El envío de la Guardia Nacional a la frontera sur de Estados Unidos, otro acto de hostilidad de Trump en contra de México, más por la retórica trumpista que por lo que implica en la realidad, produjo reacciones relevantes por parte del presidente de México, en donde podríamos encontrar el principio de una línea estratégica mexicana. En el mensaje que pronunció la semana pasada el presidente dijo: "Hace poco más de un año, como responsable de dirigir la política exterior del país, establecí dos principios fundamentales que habrían de guiar nuestra relación con la administración del presidente Donald Trump. Primero, salvaguardar ante todo el interés nacional, nuestra soberanía y la dignidad de los mexicanos. Y segundo, mantener una visión constructiva y abierta que nos permitiera superar diferencias, enfrentar retos comunes y alcanzar acuerdos".

Desde una óptica política, si bien llegó tarde el discurso del presidente, fue correcto y, sobre todo, nos deja entrever la manera en que el gobierno federal ha actuado frente a la actual administración de Estados Unidos. Una estrategia pragmática que se define por dos hilos conductores: la salvaguarda del interés nacional, en donde están la integridad de la soberanía y la dignidad de los mexicanos, y el ánimo constructivo que es, a su vez, consecuencia del primero.

Una cosa es que lo diga el presidente y otra muy distinta es que esa sea la línea de acción de México ante Estados Unidos.

Naturalmente que como mexicanos nos sentimos envilecidos por los discursos de Trump y la manera en que se sirve de México para otros propósitos que no tienen que ver ni con nosotros ni con la relación bilateral. Parece claro a estas alturas que Trump se dio cuenta desde muy temprano que México es un rival débil y que poco le afecta arremeter en nuestra contra cuando algo le sale mal en otras fronteras o al interior de su país. Al contrario, nutre su base electoral que le aplaude el trato discriminatorio y autoritario en contra de México y los mexicanos.

La irracionalidad, el autoritarismo y la improvisación hacen que la reacción de México sea compleja de entender y complicada de ejecutar. No hay manuales de Estado para tratar con alguien como Trump, lo que hay precisamente es el interés nacional o la razón de estado, como habría dicho el Cardenal Richelieu, que se nutren de los principios de política exterior establecidos en la Constitución. Por eso, aun y cuando tal vez sea, por parte del presidente Peña Nieto, solo un mensaje político, lo que dijo la semana pasada nos da pie a pensar en que hay un sentido en la manera en que está actuando el Estado mexicano.

Si consideramos el triángulo rector de la relación bilateral comercio, migración, seguridad, que Trump combina y mezcla políticamente con el propósito de obtener mayores beneficios en su mente, en el caso mexicano lo óptimo es disgregarlos o separarlos cada uno en sus retos y en sus méritos propios. Parece ser que la estrategia del Estado mexicano se manifiesta en un estoicismo que antepone el interés nacional. No hacer caso a las bravatas y berrinches, sino hasta que pongan en riesgo los intereses del país. Aparentar ser el responsable y el adulto. Sonreír cuando sea necesario, pensando en silencio en el beneficio de México.

El interés nacional en el discurso de Peña Nieto tiene dos límites, la dignidad de los mexicanos y la defensa de la soberanía. Su instrumento es el ánimo constructivo que a su vez hace que México no se levante de la mesa, hasta que seguir sentado sea insostenible. Ahora, una cosa es que lo diga el presidente y otra muy distinta es que esa sea la línea de acción de México ante Estados Unidos. Una doctrina de política exterior, para ser tal, debe de manifestarse en la realidad, ser constante y consecuente. El caso del acceso de autoridades de Estados Unidos para hacerse de datos biométricos de migrantes centroamericanos no lo confirma en la práctica, lo contradice, además de vulnerar sus derechos humanos.

En cualquier caso, el discurso del presidente Peña Nieto más allá de la buena recepción que tuvo por casi todos —incluidos los candidatos y la candidata— podría ser el inicio de una nueva doctrina de política exterior y una manera diferente de aproximarse a Estados Unidos.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.