EL BLOG
28/02/2018 6:00 AM CST | Actualizado 28/02/2018 6:00 AM CST

Recuperar lo perdido ante la muerte: recuperar la vida

Fernanda Martínez
La sonrisa de mi hija es la ruta a seguir.

Perder a alguien que amas te pone sobre todo, a prueba de ti mismo. Cómo irás a reaccionar, cómo podrás seguir adelante, cómo enfrentarás los fines de semana vacíos, las horas quietas, el futuro cayéndose a pedazos. Y ante esto uno tiene dos caminos, el primero es sentir que el inmenso amor se muere dentro y uno en parte se muere con él.

Es cierto, la mirada se vacía, las manos se acalambran y de pronto no se puede más. Los días se hacen tan pegajosos que pareciera que uno no puede desprenderse de ellos ni a fuerzas de querer y todo pasa porque, de hecho, una parte se muere dentro y esa parte son las ganas de vivir.

Pero hay otro camino –por el que he optado yo, aunque a veces me tire la otra ruta- y es reivindicar la vida. Despertarse y sentir que de golpe entra por los poros, contemplar la sonrisa de tu hija (podrán verla iluminar la foto de este blog) y su mirada llena de futuro y aferrarse a eso como himno y como bandera. Pasar las noches de insomnio buscando pasajes de avión para ir a Barcelona, a Nueva York, a Argentina, a Oaxaca, a pisar fuerte por cada vereda y a enamorarse de cada trayecto.

Es cierto, la mirada se vacía, las manos se acalambran y de pronto no se puede más.

Pensar en los ausentes y brindar con ellos. Invitarle de paso una copa a las heridas y saber que se acumulan como cicatrices y que estas son mapa y no lastre.

Reivindicar la vida. Cometer el rebelde acto de levantarse cada mañana con la tristeza en peso muerto sobre los hombros y sacudirla escuchando salsa en el auto, tomando chocolate caliente, reírse en cada bendita oportunidad en la que uno pueda. Asustar a los fantasmas con el amor que queda dentro como amuleto e imaginar que hay un día en el que sabrás que tomaste la decisión correcta, cual sea que esta haya sido.

Reivindicar la vida también como deuda del que queda vivo. Sin culpa. Sin remordimientos. Morder el labio, fajarse los pantalones, despeinarse con el viento fresco y caminar erguida porque no existe ningún botón que apague los malos sueños, pero sí la primera pieza del rompecabezas con el que empieza uno a reconstruirse.

Estos días han sido especialmente difíciles para mí, hay muchas nubes dentro de mi cabeza y mentiría si no dijera que hay momentos en los que pienso que mi cordura está completamente fragmentada. Claro, también está el que yo aún no encuentro mi "pieza de la reconstrucción".

Pero me he convertido en una rebelde -o tal vez vez siempre lo haya sido y nunca había podido demostrármelo a mi misma-, así que cierro los ojos, respiro lentamente, elijo la canción más alegre de mi Spotify y continúo avanzando.

Y en los momentos de mayor flaqueza, cuando el primer camino te seduce, siempre queda la posibilidad de tomar la pluma y escribir frenéticamente hasta que la ansiedad se agota y de nuevo quieres salir y andar. Andar haciendo del camino un paseo y del paseo una reivindicación.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.