EL BLOG
13/02/2018 11:40 AM CST | Actualizado 15/02/2018 9:09 AM CST

Cuando el amor de tu vida muere

Fernanda Martínez

62 días sin ti y aún siento que tu aroma persigue mis pasos. Puedo recordar cada minuto del peor día de mi vida. La mañana de tráfico en Constituyentes, el atajo del Bosque de Chapultepec, el pensar que lo único bueno de los minutos elásticos que paso en el coche es ese paisaje boscoso, húmedo y frío que me empuja a imaginar que estoy en otro lugar. Tu traje colgando en la ventana del auto, mi pulso esperando que respondieras mi mensaje de WhatsApp.

La oficina ruidosa y la gente ensimismada en la rutina. Estar en una videoconferencia con colegas de América Latina mientras mis manos temblaban prediciendo la pérdida.

Puedo recordar absolutamente todo y es una pesadilla porque el recorrido de recuerdos me lleva al mismo lugar: estar sentada en mi escritorio, con el latido acelerado por no encontrarte y la llamada que me arrancaría de cuajo el corazón: está muerto.

Tú no lo sabes —aunque me empeño en pensar que sí— pero en estos 62 días el mismo poema que leí en tu velorio sobrevuela mi cabeza como ave de mal agüero: "Paren todos los relojes, descuelguen el teléfono. Eviten que el perro ladre dándole un hueso sabroso. Silencien los pianos y con un sordo timbal, saquen el ataúd, permitan a los dolientes venir".

Y mientras se enarbola en mi parte más profunda, respiro como el único ejercicio que hasta hoy me mantiene a flote. Y gimo, lloro, susurro tu nombre como la canción que uno va aprendiendo a pedazos y me pregunto '¿qué será de mí?'

Luego —no voy a mentirte, güero—, la tristeza se escurre como la lluvia y sonrío y vivo y no me siento culpable de hacerlo porque lo hago encajada en mi amor por ti. En el brutal amor que despertó en mí tu sutil tacto y tu mano caracola. Y no maldigo ni el dolor ni la suerte porque sin ti y sin esa fría mañana de noviembre en que te conocí, no sería ni la mitad de mujer que soy hoy.

Tu ausencia ha dejado un silencio en el universo. Ha abierto un agujero entre dos constelaciones desde donde se asoman tus besos. Es justo soñar en volverte a ver, ¿cierto? Es válido el sentir que me acompañas en los días quietos y que vas afinando mi puntería. Como lo hiciste siempre, como te pido lo sigas haciendo en lo que me queda de vida.

Aquí estoy. Con una tristeza que empieza a envolverse como espiral en mi ADN. Con mis manos rojas de tanto que las he hundido en la tierra para construirme un país entero solo para oírme hablar de ti.

"Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste,

mi semana de trabajo y mi descanso dominical,

mi mediodía, mi medianoche, mi palabra, mi canción;

Creí que el amor sería eterno, pero me equivoqué".

Funeral Blues, W. H. Auden

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.