EL BLOG
04/09/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 04/09/2018 6:00 AM CDT

Recuerdos de un fin de semana con los pueblos del Istmo de Tehuantepec en resistencia

Encarni Remolina

El encuentro fue en un pueblo cerca de Juchitán, hace 5 años, justo en el mismo sitio donde 3 meses atrás habían linchado a un grupo de ancianos que cuidaban el lugar. Las esposas de los afectados que se encontraban aún hospitalizados encabezarían el encuentro. Forman parte de una comunidad en defensa de su territorio y en contra de la forma en que se imponen los megaproyectos en comunidades indígenas sin consultarlo con ellos, a base del miedo y de grupos paramilitares que se argumenta son pagados muchas veces por las mismas trasnacionales, por los partidos políticos o ambos.

Salí a las cinco de la mañana de Mazunte, seguí toda la costera y seis horas después llegué al istmo. En la última carretera para llegar al sitio del encuentro había varias barricadas puestas, las primeras solo con piedras y pedazos de cemento, las segundas con troncos (probablemente mojados con gasolina) y la tercera con llantas y barriles. Después de zigzaguear el camino largo y plano, llegué hasta un retén con dos hombres mayores con la cara cubierta con paliacates, y armados con palos y machetes.

Empezó la mesa abierta, el diálogo, los testimonios.

El mayor dio un paso certero enfrente del coche. El otro se acercó hasta mí por la ventana. Una amiga me acompañaba, ya que preferí no ir sola; nos identificamos y nos dejaron pasar.

Después el registro, buscamos a algún conocido. Ese día no había ninguno, pero no fue difícil entablar pláticas y conocer nuevos colegas. Empezó la mesa abierta, el diálogo, los testimonios.

Encarni Remolina

A lo largo de la jornada me enteré de que tenían personas en diferentes puntos de los caminos que llevaban al encuentro, como "halcones", para avisarnos en caso de que hubiera movimiento de militares, policías o grupos sospechosos que vinieran en nuestra dirección. Escuchamos testimonios de personas que forman parte del movimiento, y que narraron las diferentes formas de intimidación que utilizan las autoridades y las compañías para amedrentarlos.

Se perdió bastante tiempo en lo que diferentes organizaciones -todas de izquierda- discutían y se echaban diferentes culpas sobre por qué había fallado la resistencia en Oaxaca. Me recordaron a un luchador social de los de antaño de la CDMX, que me contaba que el problema de la izquierda en México era que no podían ponerse de acuerdo.

Un supuesto grupo de policías había golpeado a los hombres mayores que estaban guardando el campamento mientras los jóvenes habían ido a la capital.

De pronto una mujer tomó el micrófono y se detuvo el aire:

"Yo solo vengo a decirle a Gabino Cué, que él, cuando lo elegimos, dijo que nos apoyaría a las madres solteras. Ahora ya van a ser 7 días de que vinieron a mi casa unos policías y se llevaron a mis dos hijas, las dos madres solteras. Ahora tengo dos bebés que amamantar y no sé dónde están mis hijas".

Nadie dijo nada; nadie pidió el micrófono para responderle a esta madre desesperada que lo había dicho todo gritando y sin respirar, tal vez por miedo a que se le quebraran la voz y el cuerpo del dolor.

Siguieron los testimonios de lo sucedido tres meses atrás, cuando un supuesto grupo de policías había golpeado a los hombres mayores que estaban guardando el campamento mientras los jóvenes habían ido a la capital.

El primer día del encuentro transcurrió, comimos todos juntos y un grupo de jaraneros jarochos en resistencia amenizó la velada.

Encarni Remolina

Los compañeros de Radio Totopo, la radio comunitaria de la zona, habían ofrecido sus instalaciones para que los reporteros y activistas presentes durmiéramos; pero justo cuando nos iban a llevar hacia allá, un hombre en una camioneta llegó muy preocupado a decirnos que no podíamos ir a la radio, que las instalaciones no eran ahora lugar seguro. Hubo una breve discusión en ikoot (una de las diferentes lenguas que se hablan en la zona), y finalmente nos dijeron que nos iríamos a casa de otra persona; "del último zapatista" según lo llamaban.

Los seguimos hasta una casa en una calle con poca luz. Ya se nos había dicho que estábamos en la zona más brava de Juchitán y que mejor no saliéramos solos, que siempre estuviéramos con alguno de los locales para evitar problemas, y así fue. Pero cuando llegamos a nuestro nuevo refugio, resultó que le habían arrancado el contador de luz completo. Quedaba un hoyo en la pared con cables cortados y nada de electricidad que llegara a la casa del último zapatista. Esa fue la primera vez que me sentí de verdad intimidada, vigilada, en peligro.

La oscuridad de pronto se llenaba de nervios e inseguridad, y la noche se hacía larga.

Algunos de los organizadores y los líderes del movimiento de pueblos en resistencia se quedaron con nosotros en una muestra de agradecimiento y camaradería. La mayoría de ellos eran muy jóvenes, tenían entre 17 y 21 años, pero hablan con una seguridad y un conocimiento ancestral. Todos ellos son bilingües, algunos incluso trilingües.

Ahí dormimos. Trajimos velas y cervezas. La oscuridad de pronto se llenaba de nervios e inseguridad, y la noche se hacía larga.

Encarni Remolina

En algún momento recuerdo que una compañera me dijo que se había sentido mal porque nadie se atrevió a contestar en la ronda de testimonios a la mujer cuyas dos hijas habían desaparecido. Le pareció que había sido una falta de respeto, de compromiso. Le dije que el problema fue que su testimonio había sido tan impactante, y nuestro sentimiento de impotencia tan grande, que nadie lo había logrado. No fueron faltas de ganas, sino de fe.

Al final bailamos, nos abrazamos, cantamos y nos quedamos dormidos.

Al día siguiente se empezó a rumorar que venía un grupo de choque hacia nosotros. Los hombres comenzaron a sacarle puntas con sus machetes a un montón de palos para defendernos que tenían ya listos, todos cortados del mismo tamaño.

Fueron momentos de mucha tensión. Los presentes comenzaban a taparse la cara y a armarse.

En ese momento me encontraba jugando con los niños presentes en el encuentro, y uno de ellos, al ver la escena, me dijo, en un tono muy casual: "¿Qué, ya van a pelear otra vez?"

Eso era lo que parecía. Alguien llegó a pedirme que moviera mi coche ya que estaba en "primera fila" y seria lo primero en recibir palazos si se armaba la batalla. Fueron momentos de mucha tensión. Los presentes comenzaban a taparse la cara y a armarse. Yo traté de distraerme mientras distraía a los niños pero poco a poco los ánimos se fueron calmando.

Al parecer no venía grupo de choque alguno, tal vez se habían enterado de que entre nosotros había un grupo de mexicanos y extranjeros con cámaras grandes trabajando en un documental. También activistas y representantes de al menos 40 organizaciones nacionales e internacionales como Acción Permanente por la Paz.

La jornada llegaba a su fin. Comimos un caldo con camarón. Camarones que pescan en la laguna que se vería seriamente afectada con el proyecto eólico. "Energía limpia", pero a qué costo. Energía que dañará la milenaria forma de vida de las personas de la zona. Que tirará aceite en el agua y reducirá la cantidad de peces y aves. Energía que no les llegará a ellos, los originarios.
Ese fin de semana que aprendí de la camaradería, del miedo y de la injusticia que se vive en tantos lugares de nuestro país.

Quienes viven sin conexiones de luz o sin poder pagar los recibos que les llegan. A algunos les prometieron que habría mejoras para los pueblos originarios, pero la realidad es que solo unos pocos, como los terratenientes que le rentan los terrenos a Iberdola (la empresa española a cargo del megaproyecto eólico), han visto ganancias.

Este año se cumplen 6 años en resistencia de los pueblos del istmo. Cinco desde aquel inolvidable fin de semana que pase con ellos. Ese fin de semana que aprendí de la camaradería, del miedo y de la injusticia que se vive en tantos lugares de nuestro país, donde los derechos de los pueblos indígenas a decidir sobre su territorio no siempre se respetan. Y nuestro gobierno sigue vendiendo sus territorios a mineras y compañías trasnacionales sin importar el destino de quienes habitan ahí.

Encarni Remolina

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.