EL BLOG
01/02/2019 6:00 AM CST | Actualizado 01/02/2019 1:12 PM CST

¿Por qué no podemos dejar Facebook?

Si los datos personales son el petróleo del nuevo siglo, entonces Facebook es el poder más rico del planeta.

oatawa via Getty Images
Uno de los mayores miedos que nos impide dejar la red social es la pérdida de años y años de interacciones, 'likes', recuerdos y eventos.

¿Alguna vez has intentado dejar Facebook? Yo sí. Y claramente, si estoy escribiendo esto es porque no lo he logrado. Aún así, me gusta pensar que cada vez estoy un paso más cerca.

Llevo ya un tiempo anotando en mi calendario los cumpleaños de las personas que realmente me importan para no perder los recordatorios, ya borré la aplicación de mi celular y activé el medidor de uso de redes sociales. Ayer mismo, mientras leía más y más razones para dejarlo, solicité a la página una copia de mi información personal que incluye todas mis fotos, conversaciones y publicaciones. Incluso puede incluir tus llamadas y mensajes si tienes un teléfono Android y sin saberlo le diste a la red social permiso para ello.

Descargar la información no fue nada difícil, solo tienes que entrar a Configuración (en el triángulo a mano derecha de tu pantalla) y de ahí a Tu información que te dará la opción de verla o descargarla.

Y es que uno de los mayores miedos que nos impide dejar la red social es la pérdida de años y años de interacciones, likes, recuerdos y eventos que se han ido amontonando allí como si se tratara de un cajón.

Y con toda esta información, a lo largo de los años Facebook ha recopilado una cantidad de datos sobre nosotros que te sorprenderían. Nos tiene divididos en diferentes grupos según nuestra actividad, estilo de vida, gustos y compras en internet. Esto también se encuentra en tu Configuración, pero en la parte de Anuncios aunque el 74% de las personas no lo sabe.

Una vez dentro de la sección de anuncios, si entras en Tu información y das click en tus categorías, lo más seguro es que encuentres una lista de los diferentes grupos de ventas en las que Facebook, gracias a su algoritmo, te ha categorizado. Si te aparece un mensaje que dice que no tienes comportamientos registrados, entonces eres parte del 11% que ya sea por poco uso de la plataforma, poco tiempo desde su registro o porque ha logrado descifrar y desactivar todas las formas en las que Facebook puede ver y registrar tu información, se salva de estar sujetos a ser vendidos como datos a empresas.

Debo decir que en mi caso la lista es bastante acertada. Incluye datos desde qué tipo de celular uso, si vivo lejos de mi familia o mi ciudad de origen, cuánto viajo o si es o no probable que pronto me compre algún dispositivo electrónico. Resulta a la vez interesante y alarmante ver todos los datos que se han recopilado.

Y hablando de datos, vayamos un poquito a la historia.

Todo empezó por ahí de 2004 cuando un año después de haber creado la red como medio interno para la Universidad de Harvard, Zuckerberg le presumía a un amigo que tenía más de 4000 correos, fotografías y direcciones: datos. "Por si alguna vez necesitas información de alguien en Harvard"

El amigo, sorprendido le preguntó que cómo había conseguido eso y el creador de Facebook le respondió que la gente lo había subido, seguido de un "no sé por qué, confían en mí. Pobres idiotas", en inglés, Dumb Fucks. Y aunque el mismo Mark Zuckerberg se ha disculpado y ha dicho que ha madurado desde aquel entonces en que tenía 19 años, dudo mucho que su opinión sobre nosotros, los pobres idiotas, haya cambiado.

Si los datos personales son el petróleo del nuevo siglo, entonces Facebook es el poder más rico del planeta.

Es posible que ahora nos aprecie un poco más debido a la fortuna que ha amasado gracias a los datos personales que le seguimos compartiendo. Y es que la información personal como dicen Gabriel J.X. Dance, Michael Laforgia y Nicholas Confessore en un artículo publicado recientemente por el New York Times, es el petróleo del siglo XXI y se calcula que tan solo las empresas estadounidenses habrían gastado cerca de 20 mil millones de dólares hasta finales de 2018 con la finalidad de adquirir y procesar información de posibles consumidores.

Y si los datos personales son el petróleo del nuevo siglo, entonces Facebook es el poder más rico del planeta. Con sus más de dos mil millones de usuarios, resulta el mejor mar para pescar nuevos clientes, desarrollar nuevas investigaciones o incluso diseñar nuevos productos. El problema está en que todo poder viene con una gran responsabilidad, y la red social más usada en el mundo, ha fallado en diversas ocasiones.

2018 fue un año de escándalos para Facebook, pero no fue el inicio de ellos.

Aunque no se supo hasta 2014, en el 2012 la red social realizó experimentos psicológicos con más de medio millón de usuarios seleccionados al azar sin su autorización.

Facebook terminó disculpándose por la ansiedad que pudo haber causado al modificar las noticias que estas personas recibieron durante una semana. El resultado del estudio fue que quienes recibían más noticias positivas, a su vez posteaban más noticias positivas y viceversa. El contagio emocional no es algo nuevo en la psicología pero querían comprobar si funcionaba igual sin el contacto directo.

En 2017 Pro Publica demostró mediante un estudio que Facebook estaba violando las leyes antidiscriminación de Estados Unidos al permitir que sus anunciantes escogieran deliberadamente no mostrar sus anuncios a personas de raza negra, hispanos, judíos o discapacitados entre otros.

ViewApart via Getty Images
A lo largo de los años Facebook ha recopilado una cantidad de datos sobre nosotros que te sorprenderían.

Luego nos enteramos de Cambridge Analitica, tal vez el más mediático de los escándalos relacionados con la red social en el que esta empresa utilizó y para eso recibió datos de 90 millones de usuarios de Facebook que fueron utilizados para campañas políticas como la de Trump o el Brexit en Inglaterra. La dimensión del problema fue tal que la red social incluso terminó publicando anuncios en medios impresos que textualmente decían "Tenemos la responsabilidad de proteger tu información. Si no podemos, no la merecemos". Esto, seguido de una disculpa por lo sucedido firmada por el mismo Zuckerberg. Aunque lo cierto es que Facebook supo del problema dos años antes de que se hiciera público y no hizo nada al respecto.

Como resultado de las noticias sobre Cambridge Analytica, surgió el movimiento #deletefacebook para invitar a la gente a borrarse de la red social. Bryan Acton, uno de los fundadores de WhatsApp antes de ser vendida a Facebook, se unió a esta campaña e incluso invirtió 50 millones de dólares en Signal como alternativa a la red de mensajes que junto con Instagram forman parte del conglomerado de Zuckerberg.

Al mismo tiempo que se destapó Cambridge Analytica, se supo que Facebook estaba en conversaciones con hospitales y grupos médicos para obtener historiales de pacientes y poder ayudarlos a saber qué usuarios necesitarían servicios especiales.

Y en marzo de 2018, la ONU nombró a Facebook como uno de los responsables del intento de genocidio en Myanmar y persecución de los rohingyas. La red social aceptó que podrían haber hecho más para evitar la difusión de mensajes de odio.

Y como si todo esto fuera poco, a finales del año pasado salió a la luz que un "error en el sistema" compartió fotografías de casi 7 millones de usuarios con aplicaciones que no tenían por qué verlas y que al menos 150 compañías habían estado recibiendo datos de usuarios mensualmente. Que Netflix y Spotify, por ejemplo, leyeron nuestros mensajes privados. Y que a Amazon se le permitió obtener datos de nuestros amigos y su información de contacto mientras que a Yahoo le dejó ver el historial de las publicaciones.

Aún así, y como si las razones fueran pocas, seguimos usando y compartiendo nuestra información con la red. Aún a pesar de todos los estudios que se han hecho sobre la relación que hay entre el tiempo que pasa uno en las redes sociales y la depresión. A pesar de que expertos como Sherry Turkle nos siguen diciendo que en la compañía de las redes sociales en el fondo estamos más solos que nunca.

Siendo sincera conmigo misma, temo que Facebook me causa más pérdida de tiempo que ganancias.

Apenas esta semana salió a la luz que Facebook ha utilizado diversas formas para engañar a sus "ballenas", término que se usa en los casinos para referirse a los clientes que gastan más dinero y en la red social, se refieren así a los niños que muchas veces sin saberlo gastan los ahorros de sus papás comprando aplicaciones y juegos. A esta práctica se le ha llamado "fraude amistoso". Entre octubre de 2010 y julio de 2011 menores gastaron 3.6 millones de dólares. Incluso una empleada de Facebook aceptó que en muchos casos el dinero no parece ser real.

Y para finalizar, resulta que Facebook estuvo pagando a usuarios, incluidos adolescentes, para espiar su actividad y así recopilar más datos rompiendo la política de privacidad, no solo de las personas si no también de Apple.

Razones hay muchas, desde la ansiedad que causa el sentimiento de dejar a nuestras amistades —aunque no las hayamos visto en años o siquiera hayamos tenido una conversación— a razones profesionales por las que algunos pensamos que la red es necesaria.

En mi caso me parece increíble poder mantener contacto con mi familia que está lejos y ver las fotos de mis sobrinos mientras crecen. Me sirve como medio para exponer mi poesía o para compartir los artículos que voy publicando. Pero siendo sincera conmigo misma, temo que Facebook me causa más pérdida de tiempo que ganancias.

Veo a mi pareja, por ejemplo, que es una de las poquísimas personas que conozco sin Facebook, y muchas veces sus interacciones personales me parecen mucho más profundas que la mayor parte de las mías. Si bien no ve lo que hacen sus cientos de conocidos diario, habla al menos una vez al mes con sus familiares y amigos más cercanos y pasan más de una hora al teléfono. Se cuentan con un interés real lo que les ha pasado, sus pensamientos, aprendizajes y dudas.

Yo en cambio, no recuerdo cuándo fue la ultima vez que pasé más de una hora al teléfono con alguna de mis amigas, finalmente no tenemos tanto que decir. Ya todo se dijo en Facebook de una forma mucho menos personal.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

VIDEO SUGERIDO