EL BLOG
08/03/2018 6:00 AM CST | Actualizado 08/03/2018 10:20 AM CST

Nunca pensé que 'envidiaría' a una muerta

EFE
Diana Quer, joven española asesinada en agosto de 2016.

Ya van a hacer dos años desde aquella noche en que Diana Quer desapareció al salir de la feria en un pueblo en Galicia en el noroeste de España. Ella y su familia vacacionaban cada verano en el mismo lugar, pero la noche del 21 de agosto de 2016 nunca llegó a su casa. Seguí de cerca el caso ya que me encontraba en España cuando eso sucedió y tuvo un amplísimo seguimiento mediático. Diana parecía haberse esfumado.

Dos meses después de su desaparición encontraron su teléfono celular sumergido en el agua debajo de un puente, de modo que resultaba casi imposible recuperar los datos de la tarjeta. Aun así, un equipo de especialistas del área de informática de la Guardia Civil se dedicó específicamente a eso durante semanas hasta que lograron comenzar a sacar algunos datos. El último mensaje que salió de su celular fue el que le envió a una amiga diciendo que estaba "acojonanda" porque un tipo le estaba llamando "morena, ven aquí".

¿Qué por qué les cuento todo esto? Porque hace un mes y medio, después de todo este tiempo, agarraron a El Chicle, ahora asesino confeso de Diana Quer con antecedentes criminales.

Ahora sus padres, supongo, podrán tener más paz. La policía española hizo su trabajo.

No como la nuestra.

Hoy sé que si a mí me pasara lo mismo, las probabilidades de que no se hiciera nada son altas, de que dijeran que andaba en malas compañías o que me pasó por salir tarde de fiesta y llevar minifalda.

Miles de madres en México nunca verán justicia, nunca encontrarán a su hija ni a su asesino ni podrán descansar en su alma. En muchos casos, como el de Karen Castro Jiménez, pasarán meses o años abandonadas en algún Semefo sin que nadie se interese por saber quiénes son o si sus familiares llevan meses buscándolas. Pareciera que aquí a nadie le interesa ponerles nombres, darles un pasado a su historia y una voz a todos los familiares que han sido traicionados por nuestro sistema de justicia. Acá, como lo aprendimos bien de José Alfredo, nuestra vida no vale nada.

Qué más quisiera yo que creer que no es desidia o falta de corazón sino falta de recursos. Que los casos queden estancados, que no se castigue el 99% de los crímenes en México, quisiera creer que es porque no dan abasto. Aunque si no se dan abasto, ¿no será más bien reflejo a su vez de la mala labor de la policía, de nuestras autoridades, de nuestra educación y de nuestra sociedad?

Según el índice de dimensiones de impunidad global publicado en 2017 por la Universidad de las Américas, la Jenkins Graduate School y el Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia, México se encuentra en un vergonzoso cuarto lugar tan solo detrás de Camerún, India y Filipinas.

Terminamos 2017 con más de 7 feminicidios diarios en el país según cifras de la ONU, esto es un 72% más de los cometidos el año anterior, y por lo que podemos leer, este 2018 que empieza no se va a quedar atrás.

Tan solo en lo que va de este año y haciendo un recuento superficial de los casos que quedaron registrados en los medios nos encontramos con más de 60 feminicidios registrados en los primeros 45 días del año, y la cuenta aumenta a diario.

Debemos hacernos oír para que nuestro gobierno a su vez escuche a organizaciones nacionales e internacionales que vienen desde hace años buscando respuestas ante la falta de justicia en nuestro país.

Creo que como ciudadanos nos corresponde ahora más que nunca alzar la voz. Ponernos a pensar, a reflexionar, a escribir; debemos ampliar los debates que podrían llevar a establecer el protocolo de búsqueda especializada las primeras 24 horas después de una desaparición. Educar a nuestras autoridades y a nosotros mismos en que es falso que haya que esperar 48 horas para reportar si una persona está desaparecida.

Debemos hacernos oír para que nuestro gobierno a su vez escuche a organizaciones nacionales e internacionales que vienen desde hace años buscando respuestas ante la falta de justicia en nuestro país. La falta de investigación genera más crímenes y la impunidad se vuelve un segundo crimen que nos deja a los ciudadanos completamente vulnerables y desprotegidos ante la situación crítica de violencia que vivimos.

Por todas las familias que se han quedado rotas por dentro y por fuera; rotas porque nuestro gobierno las abandonó, porque las autoridades no quisieron escuchar o les dijeron un "seguro se fue con el novio" y a muchas nunca las volvieron a ver; ni muertas ni vivas.

Por todas las Dianas, Paulas, Magdalenas, Lesbys, Amelys, Luisas, Marías, Lauras y Lupitas de nuestro país. Por todas las que nos faltan.

Como mexicana creo que merecemos más. Nunca pensé que 'envidiaría' a una muerta, que pensaría en la suerte que tuvo Diana al no ser abandonada por sus autoridades, por la que sí buscaron justicia nada más por no haber nacido en México.

Hoy sé que si a mí me pasara lo mismo, las probabilidades de que no se hiciera nada son altas, de que dijeran que andaba en malas compañías o que me pasó por salir tarde de fiesta y llevar minifalda, también. Entonces recuerdo, con un mal sabor de boca hace 5 años en Mazunte cuando una vecina del pueblo, extranjera de cincuenta y cinco años, fue atacada brutalmente en la playa una noche de luna llena en pleno alboroto de Semana Santa y me pidió que fuera su interprete perita durante los trámites. El encargado de la policía me dijo que no me preocupara, que iban a investigar sobre todo porque la "damita" era extranjera. Sí, me ardió la sangre y tuve que responderle que no podía decirme eso a mí, que qué tranquilidad podía darme como mexicana si me estaba diciendo eso, de paisano a paisano, de corazón a corazón, tenemos que hacer algo.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.