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04/04/2018 11:00 PM CDT | Actualizado 05/04/2018 1:22 PM CDT

Abusos y costumbres en los pueblos indígenas

ALAN ORTEGA /CUARTOSCURO.COM

Una amiga antropóloga recién me contó que mientras esperaba un taxi en Oaxaca empezó a conversar con un vendedor que se encontraba a su lado. De pronto, el hombre le preguntó si era católica. Ella le respondió que no, que era protestante y él le dijo que era protestante también, pero que en su pueblo los abusos y costumbres no le permitían la libre elección de religión.

Repitió el término abusos y costumbres varias veces. El hombre quería que se supiera la injusticia que él y otras familias estaban viviendo. En su pueblo debían ser todos católicos a pesar de que el artículo 24 de nuestra constitución claramente advierte la libertad de creencia como derecho fundamental de todo individuo.

Los usos y costumbres o el derecho que tienen algunos pueblos indígenas a la autodeterminación se basa en el respeto a tradiciones generacionales y culturales de cada grupo en particular. Estas tradiciones, por su propia definición, pueden modificarse y es por eso que no se encuentran escritas.

Para entender más este tema debemos remontarnos a la conquista, ya que las "comunidades indígenas" como las conocemos hoy en día son resultado de la invasión, mezcla y segregación de grupos. Está claro que ser católico no es una tradición prehispánica pero aún así, como vimos en nuestro primer ejemplo, es indispensable para pertenecer a algunas comunidades de usos y costumbres donde la división entre Estado e Iglesia nunca se llevó a cabo. Incluso la ropa tradicional que usan por ejemplo en Chiapas para distinguir a una comunidad de otra fue implementada por los españoles.

Los usos y costumbres son un tema del que aún falta mucho por debatir, mucho por enmendar y aprender para que los derechos de los individuos y los de las comunidades sean realmente respetados.

Tras la conquista, el respeto a los sistemas tradicionales de gobierno y aplicación de leyes se dio como instrumento de preservación de paz en pueblos donde la conquista espiritual no se había logrado por completo. Así, dichos pueblos permanecieron alejados a pesar de haber sido catequizados a mayor o menor grado por los conquistadores.

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Con la independencia se puso sobre la mesa la necesidad de absorción de las comunidades que con la conquista habían quedado rezagadas y hacerlas iguales ante la ley, pero pronto se enfrentaron al problema de la lengua ante los tribunales. Y aunque se intentó un par de veces más en esta época de la historia implantar el español como lengua oficial y enseñarlo a todas las comunidades indígenas, nunca se llevó a cabo.

No fue sino hasta en la década de los noventa que en Oaxaca se vuelve retomar el tema y se concluye que la tradición de los pueblos originarios no podía ser olvidada por el derecho nacional. Y por primera vez se incluyen los usos y costumbres como fuente de derecho en una Constitución Estatal. Poco después, como resultado del levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, se comienza a hablar de la inclusión de la autodeterminación de los pueblos a nivel federal.

En 1996 se firman los acuerdos de San Andrés entre el gobierno federal y el EZLN, donde se establece entre otras cosas el derecho de los pueblos indígenas a sus formas específicas de organización social, económica y política, se garantiza el acceso pleno a la justicia mediante intérpretes y la promoción, desarrollo y preservación de las lenguas indígenas. Así como la autodeterminación del uso de los recursos naturales dentro de sus territorios para poder garantizar su sustentabilidad y el respeto a los derechos humanos, sobre todo entorno a la igualdad de género.

En muchas comunidades aún faltan muchos pasos que dar en pro de los derechos universales, sobre todo en torno al trabajo infantil y a la igualdad de la mujer.

Estos acuerdos en teoría suenan muy bien, por un lado las comunidades indígenas se comprometen a respetar los derechos humanos, mientras que el gobierno en todos sus niveles lo hace a respetar el territorio y tradiciones de los pueblos siempre y cuando no se contrapongan a los derechos fundamentales del ser humano. El problema está en que ni un lado ni el otro de los firmantes han cumplido realmente el acuerdo.

En muchas comunidades aún faltan muchos pasos que dar en pro de los derechos universales, sobre todo en torno al trabajo infantil y a la igualdad de la mujer.

Tengo amigas que viven en los pueblos cercanos a la ciudad de Oaxaca, donde un sábado cualquiera pueden ir al cine, al centro comercial y luego regresar a sus comunidades en las que no pueden dar su opinión y no son admitidas en las asambleas de toma de decisiones. La compra y venta de mujeres permanece vigente en muchas comunidades y aunque en muchos casos se le defiende con el nombre de dote, la realidad es que terminan siendo subastas donde el mejor postor o el que más pueda ofrecerle al padre de la niña termina llevándosela sin respeto alguno por el derecho de los menores de edad.

En algunos pueblos de los altos de Chiapas, en caso de violación, el violador debe casarse con la víctima y apenas hace un año en San Martín Peras, Oaxaca, se castigó a una mujer por querer formar parte del cabildo de forma inhumana y brutal: citaron a su abuelo y a ella para que él le diera latigazos. En algunos municipios, si una mujer tiene relaciones sexuales se le obliga a casarse y si el hombre en cuestión se niega, se le cobra por el acto sexual diferentes cantidades en caso de ser consensuado o no consensuado; es decir que una violación se paga con dinero.

Así, mientras ciertos derechos fundamentales del ser humano son ignorados por algunas comunidades, los gobiernos estatales y federales a su vez ignoran y obstruyen de distintas formas el derecho de los pueblos al uso de su territorio y a la toma de decisiones sobre sus recursos naturales. Como vemos en el Istmo de Tehuantepec con las compañías eólicas o en el desierto wirrárika con las mineras, donde a base de intimidación y uso de grupos de choque, se despoja a las comunidades de sus territorios y recursos naturales.

Los usos y costumbres son un tema del que aún falta mucho por debatir, mucho por enmendar y aprender para que los derechos de los individuos y los de las comunidades sean realmente respetados. No hay justificación ninguna para faltar a las libertades fundamentales y a los acuerdos alcanzados después de años de lucha y progreso a medias por encontrar un balance entre lo que es el respeto a las tradiciones de los pueblos indígenas, el respeto a los derechos universales y el respeto a los recursos naturales y riquezas que necesitan estas comunidades para subsistir y evitar de esta forma que se vuelvan abusos y costumbres. Tanto por parte de las autoridades locales hacia los miembros de una comunidad como de los otros niveles de gobierno hacia las comunidades.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.