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17/01/2018 8:00 AM CST | Actualizado 17/01/2018 10:02 AM CST

La ‘sui géneris’ naturaleza de las alianzas electorales para este 2018

Edgard Garrido / Reuters
¿Cómo explicar la convivencia de ideologías opuestas frente a problemas torales de la sociedad?

En cada periodo electoral la clase política mexicana nos presenta los ramilletes de ocurrencias más inverosímiles que podamos creer. Desde las promesas para sacar adelante a nuestro país, pero sin un anclaje en la realidad, hasta las mujeres y los hombres propuestos para ocupar un puesto de elección popular; pasando por el bajísimo nivel del debate llevado a la escena electoral por la pléyade de suspirantes a vivir del erario los siguientes años. No conformes con eso, para este periodo electoral los diversos partidos políticos nos han sorprendido con las sui géneris alianzas puestas en marcha por ellos.

Sin pretender ir en contra de las alianzas partidistas, ni tampoco descalificarlas de antemano, sí nos parece que la lógica detrás de ellas no es la búsqueda del bienestar de la población, mucho menos el fortalecimiento y coherencia de las ideologías partidistas que impulsan esas alianzas. En el fondo, la palanca de las prácticas aliancistas se encuentra apuntalada en los intereses particulares de los actores políticos alejándose de los principios de los partidos que los impulsan, y desde luego, de los intereses de la población. Solo bajo ese contexto podemos entender el caminar de la mano del PAN-PRD-MC, o Morena-PES-PT, o el regreso de panistas a las filas del PRI, luego de haber abandonado al Revolucionario Institucional hace algunos años.

Frente a la realidad aliancista, tampoco tan reciente: ¿Qué posición pueden tomar los ciudadanos al momento de sufragar? ¿Es posible seguir creyendo en los principios institucionales de los partidos políticos? ¿Cómo explicar la convivencia de ideologías opuestas frente a problemas torales de la sociedad? ¿O es acaso que ya no existen las ideologías partidistas? ¿O las ideologías se acomodan a contentillo dependiendo de los intereses de la clase en el poder que regentea a los institutos políticos? Todo cabe en una ideología sabiéndola disfrazar.

La palanca de las prácticas aliancistas se encuentra apuntalada en los intereses particulares de los actores políticos alejándose de los principios de los partidos que los impulsan, y desde luego, de los intereses de la población.

La primera alianza de la temporada fue la de los partidos Acción Nacional, Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano. Ciertamente, PAN y PRD ya habían participado en procesos locales. Sin embargo, en esa ocasión la alianza es a nivel federal en busca de la silla presidencial. Varios son los puntos que explican la naturaleza de la alianza.

Los tres dirigentes partidistas, Alejandra Barrales, PRD; Ricardo Anaya, PAN y Dante Delgado, MC, ni siquiera cuentan con la fuerza suficiente para conseguir el consenso dentro de sus partidos y alzarse con la candidatura presidencial o al gobierno de la Ciudad de México. Prueba de ello es la desbandada en esos institutos de cientos de sus militantes.

En ese sentido, la fórmula que encontraron para hacerse de las anheladas candidaturas fue unir sus debilitadas fuerzas y autonombrarse candidatos con el beneplácito de los militantes que no decidieron abandonar el barco. Pero no solo son las candidaturas, para el PRD, por ejemplo, existe el temor fundado de perder el registro en algunos estados donde su presencia es casi testimonial. Para Movimiento Ciudadano es la oportunidad de tener presencia en entidades a donde aún no llega. Esas, y no otras, son las razones de esta alianza.

En el caso de Morena-Encuentro Social y del Trabajo, el contexto es más complejo de entender. Por un lado, el PES rechazando la despenalización del aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo; mientras la posición de Morena y PT va en sentido contrario. Eso parece no inquietar a los líderes de esos partidos Alberto Anaya, PT; Andrés Manuel López Obrador, Morena; y Hugo Eric Flores, de Encuentro Social. Los tres personajes han tratado de explicar lo que a todas luces no tiene explicación.

Para el PRD, por ejemplo, existe el temor fundado de perder el registro en algunos estados donde su presencia es casi testimonial.

Me parece que la principal razón de esta alianza se encuentra en la certeza que tiene López Obrador de que la llegada a la presidencia será con un cierre de fotografía, donde cualquier cantidad de votos que se procure pueden hacer la diferencia. Por menos que sean los sufragios aportados por PES y PT, al final de la contienda contarán demasiado. Sin duda, la sumatoria es a ganar más votos de los que eventualmente se pierdan a consecuencia de esa alianza, en ello va la apuesta del voto duro lopezobradorista.

Finalmente, en el PRI no se quieren quedar atrás. Aunque la alianza será con el Verde Ecologista y Nueva Alianza, que en varias ocasiones han acompañado al tricolor, en esta ocasión lo que llama la atención es el arribo de algunos panistas-calderonistas, enfrentados a Ricardo Anaya, y cercanos a José Antonio Meade, para apuntalar la alicaída campaña del abanderado priista. Sin duda, el nuevo equipo de campaña es encabezado por Javier Lozano, quien renunció a su militancia en el PRI para incorporarse al gobierno calderonista como secretario del Trabajo, y hoy sale del blanquiazul para abonar a la causa priista desde la vocería de la campaña.

A no dudar, estamos frente a la changarrización de las alianzas y el abaratamiento del voto y el nivel del debate político-electoral en México. De suyo eso resulta muy lamentable, aunque resulta más grave saber que es inevitable que de una de esas alianzas saldrá el próximo presidente de México.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.