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01/12/2018 8:37 PM CST | Actualizado 01/12/2018 8:38 PM CST

Presidencia de AMLO: de tres años o el inicio de una reforma radical

Manuel Velasquez via Getty Images
AMLO en el discurso inaugural de su presidencia, en el Zócalo. 1 de diciembre de 2018. Foto: Manuel Velasquez/Getty Images.

A partir del día 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador es oficialmente el jefe del Ejecutivo Federal en México teniendo la ventaja de contar con una cómoda mayoría en el Congreso Federal y los Congresos locales, lo cual facilitará el llevar a cabo reformas a la Constitución y a las leyes secundarias que permitan la construcción de un nuevo marco legal que beneficie a México en ámbitos económicos, sociales y políticos.

El entorno favorable que hoy tiene Andrés Manuel es algo que ocurre muy pocas veces, ya que la normalidad es que el presidente de cualquier país tenga que enfrentarse a un Congreso dominado por la oposición. Esto obliga a negociar con grupos políticos de todo tipo para alcanzar acuerdos y poner en marcha reformas estructurales.

Esa negociación que se menciona en el párrafo anterior, muchas veces tiene origen y apoyo en pactos sociales, es decir, la actividad de escuchar y entablar un diálogo con distintos actores sociales como son los partidos políticos, líderes sindicales, el sector campesino, empresarios, por tan solo mencionar a algunos.

A partir del 1 de diciembre solo existen dos caminos para la presidencia de Andrés Manuel y ya han desperdiciado seis meses.

El pacto social lleva a acuerdos para establecer un plan a seguir en el mediano y largo plazo, además de que permite explicar las ventajas de tomar ese camino, así como las dificultades a enfrentar. Un cambio de esa magnitud requiere paciencia por parte de la población y un conocimiento absoluto de lo que puede ocurrir para estar preparados.

Un buen ejemplo de pacto social es el llevado a cabo por España con Los Pactos de la Moncloa en 1977, generando un ambiente de estabilidad política y económica conforme pasaban los años, hasta comenzar con una dinámica realmente positiva en 1992 (año de la Olimpiada en Barcelona) y que se extendió hasta el año 2000.

Para el caso mexicano, los seis meses que han existido entre julio (mes de la elección) y la toma de protesta como presidente de Andrés Manuel no ha existido un diálogo social que permita suponer que existirá un pacto que derive en reformas a la Constitución. Las actividades de transición se han enfocado en realizar consultas con poco valor de vinculación entre electores y Estado debido a las condiciones en que se han realizado. De ninguna forma puede considerarse un pacto social a la consulta hecha por el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) o el Tren Maya.

A pesar de lo escrito en el párrafo anterior, la mayoría legislativa con la que cuenta López Obrador permite realizar cambios a la ley que procuren una real transformación política, económica y social. Aunque seguir ese camino resulta arriesgado, ya que la exigencia de la población será muy elevada y casi inmediata en materia de entrega de resultados.

De no existir reformas durante los primeros tres años o mantenerse la incapacidad del Estado por construir un acuerdo nacional durante los dos primeros años de gobierno, el escenario será el de una recomposición en el Congreso en 2021.

Un pacto social hubiera hecho entender a los mexicanos que toda la población que está entre los 20 y 45 años de edad, el día de hoy son una generación de transición, es decir, una población que no será capaz de disfrutar de los beneficios de las reformas hechas al marco lega. Pero que de algún modo estarán obligados a poner en marcha y ejecutar de la mejor manera dichos cambios, para que, dentro de 30 años, sea otra generación la que logre beneficiarse de los ajustes hechos en el camino.

No contar con un pacto social conlleva el riesgo de que la población no entienda el escenario planteado y exija resultados inmediatos.

De no existir reformas durante los primeros tres años o mantenerse la incapacidad del Estado por construir un acuerdo nacional durante los dos primeros años de gobierno, el escenario será el de una recomposición en el Congreso en 2021, donde la mayoría no será para el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Pues los electores emitirán un voto de castigo por la incapacidad de concretar pactos y ejecutar los cambios prometidos en campaña.

Ante la imposibilidad de construir un pacto social o reformas entre 2019 y 2021, el escenario mexicano en los últimos tres años de gobierno de Andrés Manuel será el de administrar al país con pocas opciones de cambio y transformación, ya que ahora tendrán que enfrentar a un Congreso dividido, sumado a que varios personajes al interior de MORENA estarán construyendo una agenda propia con miras a la próxima elección Federal. Por lo que estaríamos ante una presidencia de tres años en la cual se malgastó el capital político logrado en julio de 2018.

A partir del 1 de diciembre solo existen dos caminos para la presidencia de Andrés Manuel y ya han desperdiciado seis meses, los cuales pueden ser necesarios en 2021 cuando existan elecciones intermedias.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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