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02/05/2018 7:02 AM CDT | Actualizado 02/05/2018 9:00 AM CDT

Meade, el sacrificado del PRI

REUTERS/Alan Ortega
La declinación de Meade daría la imagen a todo México de un PRI débil.

Una vez finalizado el primer debate presidencial del 22 de abril, los candidatos perdedores fueron claramente José Antonio Meade y Margarita Zavala. El primero por no lograr vencer a Ricardo Anaya y posicionarse como la opción capaz de derrotar a López Obrador; mientras que la segunda, se mostró como una persona desordena en lo mental e incapaz de marcar una agenda propia y radicalmente diferente a la propuesta por Felipe Calderón durante su mandato.

De los dos candidatos perdedores, el más afectado sin lugar a duda es José Antonio Meade, a quien a partir del 23 de abril se le cuestiona fuertemente sobre la posibilidad de declinar a favor de Ricardo Anaya y poder formar así un frente que sea capaz de llegar a la presidencia de México.

La respuesta de Meade desde ese día ha sido consistentemente la de mantenerse activo como abanderado priista hasta el momento de la jornada electoral, a pesar de que la lógica marca que será el candidato que ocupe la tercera plaza una vez contados los votos. Pues la tendencia negativa a su candidatura y para el partido político que lo postula se ha mantenido constante desde enero de 2018, sin que existan posibilidades reales que se revierta en el corto plazo.

Hoy, el PRI tiene claro que la elección presidencial está perdida, pero puede dar cierta pelea en el Congreso Federal, algunos congresos locales y ciertas gubernaturas.

La declinación, aunque sería una forma eficaz de derrotar a López Obrador, tendría un alto costo para el PRI. De inmediato se dejaría en el abandono a los demás candidatos de ese partido, es decir, el electorado entendería de inmediato que es mejor votar PAN-PRD-Movimiento Ciudadano a partir de la declinación de Meade a favor de Anaya. Por lo que candidatos a alcaldías, gubernaturas o Congreso local y Federal priistas perderían fuerza entre los votantes.

La declinación de Meade daría la imagen a todo México de un PRI débil y que se equivocó en la elección de candidato presidencial, ya que los casos de corrupción pesan más que la experiencia en el sector público y formación académica del candidato de ese partido, tal como se presume en los medios de comunicación.

Si el PRI se equivocó en elegir candidato presidencial, lo lógico es que ese escenario se repita en todos los niveles, por lo que una declinación de Meade a favor de Anaya significa de facto una declinación de todos los candidatos priistas a favor de los postulados por el Frente Ciudadano por México (PAN, PRD, Movimiento Ciudadano), razón por la cual el PRI no bajará de la contienda electoral por ningún motivo a Meade, ya que eso significaría su peor derrota electoral en la historia.

Por otro lado, el hecho de que José Antonio Meade se mantenga activo y en campaña hasta el día de la votación, es algo que los candidatos a alcaldías, gubernaturas y Congreso local y Federal postulados por el PRI aprovecharán, ya que eso significa poder acceder a mayores recursos monetarios para mantener activa la campaña política con cierto éxito.

Para ejemplificar lo escrito en el párrafo anterior, supongamos un mitin de Meade en una comunidad en que se renueva alcaldía, lo cual significa promoción del candidato presidencial y del gobierno a dicha localidad al mismo tiempo en medios nacionales. Esto es sinónimo de publicidad a coste cero.

Otra ventaja para los candidatos priistas de mantener a Meade activo tiene que ver con la logística de organización de un evento en comunidades pequeñas, así como de la estrategia clientelar para obtener votos a partir de la presentación de José Antonio y el candidato local frente al público. Esto solo puede ser posible desde las oficinas centrales del partido, debido a la cantidad de dinero y personal que implica sostener esas prácticas.

El candidato a la alcaldía por sí mismo sería incapaz de contar con los recursos económicos y equipo profesional que demanda un acto de campaña como los que se observan día a día en medios de comunicación nacionales.

Hoy, el PRI tiene claro que la elección presidencial está perdida, pero puede dar cierta pelea en el Congreso Federal, algunos congresos locales y ciertas gubernaturas, lo cual significaría repetir la estrategia política del año 2000 a 2012, es decir, sin una figura presidencial que los guíe, organizarse internamente desde las gubernaturas y posiciones clave en el Congreso para buscar de nueva cuenta el poder en 6 o 12 años. Los actores políticos priistas ya lo han entendido de esa manera, a pesar de que el sacrificado para tal acción sea su candidato a la presidencia.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.