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15/01/2018 7:00 AM CST | Actualizado 15/01/2018 10:32 AM CST

Con las elecciones de este año corremos el riesgo de que México se parta en tres

Getty Images/iStockphoto
La polarización electoral mexicana no está favoreciendo el diálogo razonado entre habitantes.

Justo a mitad del año 2018, México tendrá elecciones para renovar al Congreso y Ejecutivo Federal, así como varias gubernaturas y diputaciones locales, lo cual implica que buena parte del país estará saliendo a las urnas para decidir qué opción es más conveniente para la nación.

Cualquier sistema democrático del mundo exige un cierto grado de información y capacidad de análisis por parte de los electores, lo cual implica que no necesariamente se debe votar todo a un mismo partido, pues eso evitaría tener contrapesos y debates razonados en la esfera política.

Otra ventaja de tener un electorado informado y capaz de emitir argumentos razonados tiene que ver con el hecho de que la sociedad también es un contrapeso al sistema político, pues ella entiende cómo debe funcionar el aparato institucional y busca mejorarlo constantemente. Esto tiene efectos directos en el combate a la corrupción y mejoras sustanciales en el sistema educativo, por tan solo citar un par de casos.

Ese escenario de democracia ideal parece no existir en México en la actualidad, ya que desde los partidos políticos, así como sus dirigentes y candidatos a la presidencia, lo único que se ha visto es una estrategia de polarizar al electorado a través de redes sociales y cierta prensa en los medios tradicionales, generando una constante confrontación entre los habitantes de México. A tal grado de que buena parte de la población es incapaz de distinguir los errores en las personas que apoya y los aciertos en los grupos contrarios.

La polarización electoral mexicana no está generando un debate serio en torno a qué país queremos en el mediano y largo plazo.

El peligro de que la población no sea capaz de distinguir aciertos y errores de la clase política nacional, tiene que ver con la imposibilidad de llegar a acuerdos entre la sociedad para exigir a los gobernantes mejoras sustanciales o reformar el aparato político para bien de la sociedad, ya que la discusión se centra en defender a la figura idolatrada, sin considerar que hay otros personajes capaces de resolver problemas.

La polarización como tal también es un buen negocio electoral, ya que genera una masa de votantes cautivos que no cambiarán su decisión a pesar de que existan políticas públicas contrarias a ellos, pues están incapacitados para razonar sobre un espectro amplio de opciones políticas diferentes.

Esa misma polarización deriva con los años en un arma poderosa para el gobernante en turno, ya que le da las herramientas para afirmar en público a nivel nacional e internacional, que sus seguidores son fieles, le han votado y están contentos con el trabajo hecho, por lo que todos los que estén fuera de ese grupo, se les considera desleales o personas compradas por un grupo de poder que ha quedado fuera del gobierno. De nueva cuenta, la incapacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo es un factor que juega a favor del gobernante.

Buena parte de la población es incapaz de distinguir los errores en las personas que apoya y los aciertos en los grupos contrarios.

Aunque en países como el nuestro se han documentado grupos de choque que entran en constante confrontación con el Ejecutivo Federal o local en turno, también hay un grupo de ciudadanos que son capaces de organizarse entre sí para buscar mejoras y a quienes de ninguna manera se les puede considerar fuera del ámbito institucional, a pesar de que la ceguera causada por la polarización así lo dictamine.

La polarización electoral mexicana no está generando un debate serio en torno a qué país queremos en el mediano y largo plazo, ya que no está favoreciendo el diálogo razonado entre habitantes, para después llevar la exigencia al siguiente nivel.

En el mediano plazo, es probable que México observe que esa misma polarización haga que un grupo de personas justifique actos de corrupción, argumentando que antes eran peores y no se hacía nada; mientras que en el largo plazo, es probable que se ayude a consolidar la figura de caciques en todo el país, ya que la única figura capaz de poner en orden a la región es la elegida, sin importar los métodos empleados para hacerlo.

Hoy la polarización electoral mexicana es una estrategia de campaña de todos los candidatos y será también forma de gobierno en un futuro sin importar quién gane; lamentablemente esa misma polarización hace que los electores mexicanos no se den cuenta de lo que está pasando y sean utilizados día a día antes de las votaciones de mitad de año.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.