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22/11/2017 7:00 AM CST | Actualizado 22/11/2017 7:00 AM CST

La cuarta raíz.

Getty Images

Conforme los Estados Unidos se aprestan para celebrar una de las fechas más emblemáticas del calendario festivo en este país, el denominado Thanksgiving o Día de Acción de Gracias, resulta necesaria una reflexión sobre la relevancia de su significado en una coyuntura política, social y cultural tan peculiar como la que vivimos actualmente.

Vinculado con las tradiciones europeas de celebrar el final de la época de la cosecha traídas consigo por los colonos ingleses al nuevo continente, el día de Acción de Gracias se festeja el cuarto jueves de noviembre de cada año. Si bien una celebración secular, sus orígenes datan de la época de la reforma encabezada por Enrique VIII que llevó a la creación de la iglesia Anglicana.

Simbiótico con celebraciones similares en Canadá y el Caribe anglófono, el Thanksgiving estadounidense, más allá de su connotado tinte comercial, es considerado por muchos americanos la fecha más importante del año.

Por su ausencia brilla el elemento hispano, la cuarta raíz de los Estados Unidos y un factor indispensable para entender el éxito del país hoy y ayer.

Muchas familias, indistintamente de su filiación religiosa, se reúnen en tal día en torno a la mesa para degustar delicias culinarias que incluyen jugosos pavos, purés de papa y camote bañados en gravy, tartas de manzana y calabaza. Es la fiesta culmen del año, por encima incluso de la Navidad o del fin de año.

En ésta las familias extendidas, con parentela política y amigos de toda la vida, rememoran lo que se considera el "espíritu americano". Esas características que hacen del ser y del pensar estadounidenses algo único, lleno de valores y nunca ausente de carácter moral más allá de subrayarse su tono secular.

En las más tradicionales representaciones del Día de Gracias se rememora a los pueblos indígenas que con sus guajolotes y mazorcas dieron a la fiesta, desde su origen en los albores del siglo XVII, un sabor nativo; así como a los descendientes de los cientos de miles de africanos que fueron traídos contra su voluntad para con su trabajo esclavo forjar la bonanza de las trece colonias británicas que sirvieron de base para construir el país que hoy conocemos.

En este próximo Día de Acción de Gracias, hagamos votos para que esa innegable herencia hispana forme también parte de los festejos.

En esta celebración tan medularmente americana se festeja todo lo que se considera como esencialmente americano; con una gran, enorme salvedad: la herencia hispana de los Estados Unidos. Si bien en la mesa de Thanksgiving se conmemora la laboriosidad, la espiritualidad y la libertad del pueblo americano; se subraya las aportaciones de los primeros colonos, a los pueblos originarios y a los descendientes de los esclavos; y se hacen votos por la gloria del país que a lo largo del siglo XX definió el curso de la historia del mundo.

Por su ausencia brilla el elemento hispano, la cuarta raíz de los Estados Unidos y un factor indispensable para entender el éxito del país hoy y ayer.

Desde el siglo XVI, mucho antes de la llegada del Mayflower a costas atlánticas y del desembarco de los afrodescendientes, asentamientos españoles, desde San Agustín en la Florida hasta presidios en Nuevo México y en California; precedieron la presencia del europeo sajón y sentaron las bases de lo que sigue siendo hasta hoy uno de los países más diversos y, todavía, tolerantes del mundo.

En este próximo Día de Acción de Gracias, hagamos votos para que esa innegable herencia hispana forme también parte de los festejos.

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