EL BLOG
14/12/2018 10:34 AM CST | Actualizado 14/12/2018 11:34 AM CST

Hasta siempre, consulado de México en Nueva York

Diego Gómez-Pickering
El festejo del Día de la Hispanidad en NY, 14 de octubre de 2018. Foto: Diego Gómez-Pickering

Han pasado tres años desde que llegué a Nueva York para asumir la titularidad del Consulado General de México en esta ciudad y servir al millón y medio de mexicanos que habitan en su circunscripción. Y ya casi tres décadas desde que puse pie por vez primera, con apenas trece años de edad, en las míticas calles de Manhattan y desde las ventanas del entonces Waldorf Astoria descubrí en primera persona esa muy especial magia neoyorquina.

Faltan días para que deje la ciudad y parta a un nuevo destino, del otro lado del océano; y a la par de la melancolía y la nostalgia adelantadas, siento una enorme satisfacción y una gran felicidad ante la certeza de que habré de volver aquí, como siempre lo he hecho, y de que conmigo se va un pedacito de esta maravillosa Gran Manzana.

Trabajar desde la trinchera de la diplomacia consular durante estos treinta meses ha sido un privilegio. Defender las contribuciones de la comunidad migrante mexicana en lo económico, lo cultural, lo social y lo político; tender puentes entre México y los Estados Unidos y contribuir a un mejor futuro, a ambos lados de la frontera, no pueden ser mayores honores. Más aún cuando se desempeñan desde una de las más antiguas representaciones diplomáticas de México en el mundo.

Todo lo alcanzado servirá de base a quienes vengan después y constaten que México ya es parte indeleble de la ciudad que nunca duerme.

Creado por decreto del entonces Emperador Agustín de Iturbide en 1822, el Consulado General de México en Nueva York, originalmente comandado por el Señor Ricardo Meade, ha contado entre sus cuadros a enormes pesos de la diplomacia mexicana, incluidos la Embajadora Emérita Sandra Fuentes-Beráin y el Embajador Eminente Rubén Beltrán. Continuar su indiscutible legado ha sido para mí una alta y gratificante encomienda, imposible de llevar a cabo si no fuese por el enorme, entusiasta y comprometido equipo de 160 personas que conforma en la actualidad el Consulado mexicano en Manhattan. A todos y cada uno mi respeto y agradecimiento, sirvan estas líneas de breve homenaje a su trabajo diario.

Alexia Núñez, joven e inteligente miembro del Servicio Exterior Mexicano en grado de segunda secretaria, Cónsul de Asuntos Comunitarios y corazón batiente de la fuerte y constructiva relación entre todas las organizaciones de la diáspora mexicana en la zona Triestatal y el Consulado. Julieta Domínguez, coordinadora administrativa con más de 19 años de servicio en la Cancillería, columna vertebral de las finanzas de uno de los consulados que más dineros maneja en la red diplomática mexicana; afable, tenaz y siempre rigurosa, imposible entender el buen funcionamiento del Consulado sin su trabajo. Adriana de Witt, miembro de la rama técnicoadministrativa del Servicio Exterior, y a cargo del departamento de documentación que semanalmente emite cientos de pasaportes y matrículas consulares a igual número de connacionales; su experiencia y siempre sabio consejo, su paciencia y buen ánimo, su incansable deseo de ayudar a todo usuario, son atributos que todos los que hemos tenido la fortuna de trabajar con ella apreciamos.

Paulina Strassburger, Cónsul de Asuntos Políticos, perspicaz y metódica, diplomática y sensible, fiel y visionaria, capaz de tejer una de las redes más finas de relaciones políticas en uno de los momentos más delicados para la presencia mexicana en Nueva York. Don Juanito Pérez, casi medio siglo de servicio en el Consulado mexicano, el empleado más longevo y quizá también el más comprometido, a cargo de la flotilla de vehículos, siempre cortés, discreto y amable, un tesoro para México y para el Consulado. Josana Tonda de la Ventanilla de Salud; Karime Ramírez de la oficina de protocolo; Claudia Quiroz, la cónsul de Registro Civil; Caterina Toscano, directora del Instituto Cultural de México en Nueva York. Todos ellos son quienes diariamente hacen que la presencia de México en esta gran ciudad esté aquí para quedarse.

Ellos continúan los pasos en su momento dados por Marius de Zayas, por Margarita Maza de Juárez, por Diego Rivera y por Frida Kahlo, por José Clemente Orozco. Por todos y cada uno de los mexicanos que a lo largo de casi doscientos años han cimentado ese puente que une de manera inquebrantable a esta, la capital del mundo, con nuestro querido país. Por ello, aunque me despida con cierta pena, me voy con mucha tranquilidad, a sabiendas de que todo lo alcanzado servirá de base a quienes vengan después y constaten que México ya es parte indeleble de la ciudad que nunca duerme.

Diego Gómez Pickering
El Empire State luce los colores de la bandera mexicana, 16 de septiembre de 2018. Foto: Diego Gómez Pickering

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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