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20/12/2017 7:00 AM CST | Actualizado 20/12/2017 7:00 AM CST

El lugar de Nueva York donde aún se 'escucha' el grito de "¡azúuucar!"

Leon Morris/Redferns

El Bronx es uno de los cinco condados que conforman la ciudad de Nueva York. No necesariamente el más visitado ni tampoco el más afamado; sí uno de los más arraigados en el imaginario popular, aunque no necesariamente por razones justificadas. Se ubica entre la ribera del río Harlem y las zonas boscosas del condado de Westchester, donde inicia la cuenca del Hudson; es uno de los condados más presentes en el espíritu colectivo de los neoyorquinos y parte fundamental de su identidad.

Sus barrios y espacios, forjados por la mano de cientos de miles de inmigrantes, lo mismo italianos que judíos, norafricanos, puertorriqueños o dominicanos, han sido retratados por innumerables películas y descritos en miles de páginas. Ahí se crio la cantante Jennifer López y ahí juegan todas las temporadas los bateadores punteros de los Yankees. En el Bronx se encuentra el barrio italiano más auténtico de la ciudad, Arthur Avenue, y entre sus parques yace lo que en su momento fue la última morada del reconocido literato Edgar Allan Poe. Al Bronx aluden el director Martin Scorsese y el multipremiado histrión Robert De Niro cuando la nostalgia neoyorquina les aborda.

Ahí, también, aunque sin igual fama y quizá escondido como uno de los mejores secretos de la Gran Manzana, se encuentra el cementerio de Woodlawn. Abierto en plena Guerra Civil estadounidense en 1863 en lo que entonces se consideraban los alrededores rurales de Nueva York, el camposanto está hoy en el corazón del Bronx, resguardado por avenidas y vías férreas; lejos de los reflectores que sobre todo en esta época del año abundan entre Times Square y el Rockefeller Center.

En el Bronx, también, aunque sin igual fama y quizá escondido como uno de los mejores secretos de la Gran Manzana, se encuentra el cementerio de Woodlawn.

Entre sus cientos de tumbas y mausoleos, labrados en roca y mármol, que llevan los nombres de distinguidos neoyorquinos de todos los linajes y procedencias; caminar una tarde de domingo cualquiera, entre sus abetos perennifolios vestidos con copos de nieve, resulta un escape sublime del trajín habitual de todo neoyorquino. Una bienaventurada sorpresa para todos los que no lo conocen, sobre todo si se topa uno con una de las tumbas más recientes y también más peculiares del cementerio. La de doña Celia Cruz.

Sí, la reina de la salsa, con todo y su "cabecita de algodón", don Pedro Knight, reposa entre la apacible familia que tiene su casa en Woodlawn. Esa cubana universal, que siempre echó en falta a su Habana querida y que tanto tiempo pasaba entre Miami y el resto de la América Latina (porque la ciudad del sur de la Florida es sin duda el inicio de la América de habla española), tiene su morada final en uno de los rincones menos conocidos de la ciudad de Nueva York.

A su muerte en el año 2003, acaecida al otro lado del Hudson, en el suburbio de Fort Lee, Nueva Jersey, los preparativos iniciaron para el que se convertiría en el punto de referencia para todos aquellos que pensamos, hablamos, cantamos y soñamos en el rítmico, seductor y candente español caribeño. Hoy, la tumba de Celia alumbra con su sabor los parajes invernales de Woodland y el frío invierno neoyorquino. Porque en el Bronx, con todo y Trump, la vida es y seguirá siendo un carnaval.

Las pelucas de Celia Cruz

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.