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20/01/2019 6:00 AM CST | Actualizado 20/01/2019 6:00 AM CST

El inquebrantable eje Caracas México

ENRIQUE ORDÓÑEZ /CUARTOSCURO.COM
La multiplicidad de puentes entre la más caraqueña y la más chilanga de las ciudades el más sólido, perdurable, sostenible y atractivo es el humano Foto: ENRIQUE ORDÓÑEZ /CUARTOSCURO.COM

Son casi tres mil seiscientos kilómetros los que separan a la Ciudad de México de la imbatiblemente seductora capital venezolana. Eso equivale a aproximadamente cinco horas de vuelo o días enteros por tierra, conduciendo o en camión, incluido un cruce nada sencillo por el Darién panameño. Ambas ciudades, tan distantes y diferentes, son sin embargo hermanadas por infinitud de razones, de historias y, sobre todo, de personas.

Nuestra ciudad de los palacios y la urbe resguardada por el celoso Ávila fueron visitadas y embelesadas por Alexander von Humdolt en el XIX para desvelar sus secretos y magia cultural y etnobotánica a la Europa germana y anglosajona. Las dos cuentan a sus ciudades universitarias entre los sitios declarados por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. En ambas se palpa la mezcla enriquecedora de razas y de culturas orientales, africanas, indígenas y europeas. México y Caracas saben lo mismo a dulce ron caribeño que a sobrio aire de los Llanos o de la Sierra Madre.

De las dos capitales y de sus respectivos países se ha escuchado, dicho y escrito mucho, demasiado quizá, en fecha reciente. Desde la trinchera política, diplomática, económica y hasta social; pero poco o nada desde la trinchera más importante y que sostiene a todas las demás, la trinchera humana. De la multiplicidad de puentes entre la más caraqueña y la más chilanga de las ciudades el más sólido, perdurable, sostenible y atractivo es el humano. Ese puente conformado por los ¿cientos? ¿miles? de venezolanos que ahora llaman casa a la Ciudad de México.

Ambas ciudades, tan distantes y diferentes, son sin embargo hermanadas por infinitud de razones, de historias y, sobre todo, de personas.

Shalom, joven y pizpireto coach profesional que lo mismo da sesiones individuales en la Colonia Del Valle sobre inteligencia emocional que dirige pláticas abiertas en las Lomas de Chapultepec sobre cómo iniciarse en el estudio de la Cábala. Gerardo, peluquero con años y cortes de experiencia que en poco tiempo ha reconstruido su pequeño emporio entre la Roma Norte y la Condesa a través de barberías enfocadas en la clientela chilanga hípster y millenial.

Betzabé, tremenda mulata de amplia sonrisa que hace el deleite de clientes, propios y extraños, en la cafetería de San Ángel donde se emplea como camarera. José, el delgadísimo físico cuántico de respingada nariz y espesas gafas de pasta que suma con su bagaje a la investigación en una de las universidades públicas del otrora Distrito Federal.

Darwin, el modelo, cantante y actor, que lo mismo actúa los martes en uno de los foros teatrales de la San Rafael que ameniza fiestas privadas los fines de semana, de bautizos a bar mitzvás. Fanny, la emprendedora nata que desde la Narvarte distribuye arepas y, en temporada, hallacas, a sus compatriotas y a todos los que rinden sus paladares a la conquista venezolana.

Ellos son los rostros, las miradas, los acentos y las voces de ese inquebrantable eje entre México y Caracas. Un eje que trasciende filiaciones y contraviene toda opinión. Un eje que independientemente de lo que pase en uno u otro país, seguirá fortaleciéndose y fortaleciéndonos.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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