VOCES
07/12/2018 6:00 AM CST | Actualizado 07/12/2018 9:19 AM CST

En mi trabajo nadie sabía que yo era trans. Por esto razón decidí decirles

Zack Zerbe Photography
El autor decidió abrirse con sus colegas siete años después de que salió como transgénero y seis desde que empezó con su transición.

Nací el 10 de julio de 1992 como Demicia Ann Montoya, una niña saludable que pesó poco más de 4 kilos.

No puedo recordar la edad exacta en que me di cuenta de que algo andaba mal con mi cuerpo. Tal vez sea porque no recuerdo un momento en que no sintiera que algo estaba mal. De niño no me gustaban las faldas y los vestidos, el color rosa o las muñecas Barbie. Quería llevar shorts de básquetbol azul y playeras. Quería hacer deporte, jugar con Legos y dinosaurios.

No es que yo fuera una niña que solo quería ser un niño. Cada célula de mi cuerpo me decía que era un niño. Tenía sueños casi reales de que esto era cierto, solo para despertarme y mirar al espejo con incredulidad. Darme cuenta de esto me hacía querer salir de mi piel y llorar. Pero sentía que no tenía opciones, que nadie me tomaría en serio. Así que reprimí estos sentimientos durante mucho tiempo.

Un año antes de la prepa, salí del clóset con mi familia y amigos como lesbiana. Me corté el pelo muy corto por primera vez y me vestí de una manera muy masculina. A veces me confundían con un niño, lo que me hacía sentir muy bien cada vez que lo escuchaba. Pero la verdad es que todavía estaba en negación. No sabía nada sobre el proceso de transición, y la idea me asustaba. Desearía haber tenido más información en ese entonces, o alguien a quien admirar; tal vez entonces hubiera comenzado el proceso antes.

No es que yo fuera una niña que solo quería ser un niño. Cada célula de mi cuerpo me decía que era un niño.

Después de graduarme de la prepa, estaba decidido a asistir a la Universidad de Massachusetts Amherst para obtener un título en estudios preveterinarios. Había un dormitorio inclusivo LGBT en el que quería vivir para sentirme más cómodo. Al primer día de estar ahí conocí a muchos miembros diferentes de la comunidad LGBT+, y entre la multitud había una pareja de hombres transgénero que se encontraban en diferentes etapas de transición. Uno de ellos fue muy abierto acerca de su transición, me enganchó de inmediato y lo inundé con preguntas sobre el proceso.

En 2011, en el otoño de mi segundo año, supe lo que tenía que hacer: tenía que salir del clóset, otra vez.

Al principio, solo le dije a mis amigos en la escuela. La mayoría de ellos ni se inmutaron. Cambié mi nombre y pronombres en Facebook, algo que mi mamá vio y y provocó que me llamara de inmediato. Le conté acerca de mis intenciones de transicionar a lo masculino, y aunque ella usó palabras como "de la nada" y "nunca vi que esto se avecinaba", entendió bastante rápido. A mi padre, por otro lado, le tomó un par de años llegar a un acuerdo con mi transición. Sin embargo, llegó el día que me aceptó con orgullo como su hijo.

Hubo un período incómodo al comienzo de mi transición en el que confundían mucho el género; la gente usaba mi antiguo nombre o los pronombres "ella/suya". Cada vez que eso sucedía era como una puñalada en el pecho. Yo solo quería dejar mi vieja vida atrás y vivir como "Damien". Comencé con la terapia hormonal a principios de 2012. A medida que se asentaron las hormonas, mi voz se hizo más gruesa, aumenté mi masa muscular y me empezó a crecer vello facial. En el transcurso de un año o dos, la gente se refería correctamente a mí y empecé a sentirme verdaderamente como lo que quería ser: un hombre.

Quiero ser alguien que pueda ayudar a otras personas que pueden estar luchando con sus identidades, para mostrarles que hay esperanza.

Me hice la cirugía para quitarme los senos un año después de haber salido del clóset, durante mi primer año en la universidad. Afortunadamente, el seguro de la universidad lo cubrió y no tuve que pagar nada de mi bolsillo. Rápidamente comencé a vivir mi vida pasando como un hombre cisgénero. Me sentí muy bien, y viví lo que la comunidad llama "cautela", no le conté a nadie sobre mi pasado. Solo quería vivir una vida masculina "normal", sin las preguntas y el juicio constantes.

Me gradué de la universidad en 2014 y al año siguiente obtuve un trabajo de lo que estudié. Todo iba bien, pero después de un tiempo, empecé a sentirme incómodo, como si no fuera yo. En 2017, a la edad de 25 años, seis años después de comenzar mi transición, decidí volver a salir del clóset, esta vez públicamente como un hombre abiertamente transgénero.

Primero, lo publiqué en Instagram. Al principio no tenía muchos seguidores, pero eso cambiaría pronto después de publicar mi post inaugural en el Día nacional de salir del clóset (en Estados Unidos). Personas de todo el mundo me enviaron mensajes para que les diera consejos, o simplemente para decirme qué tan inspiradora fue mi historia. Todos los comentarios positivos me hicieron darme cuenta que era importante compartir mi historia, y me dio la fuerza para superar mi último obstáculo: decirle a mis compañeros de trabajo la verdad sobre mi pasado.

Instagram: phoenix_montoya
Todos los comentarios positivos me hicieron darme cuenta que era importante compartir mi historia. Instagram: phoenix_montoya

Había estado trabajando por dos años como técnico de cuidado de animales en el laboratorio de una universidad. Compartía vestidor con otros hombres todos los días de la semana. Nadie tenía ni idea de que yo fuera transgénero, y me enorgullecía mucho eso. Todo esto me aseguró que haber transicionado fue la decisión correcta.

Al mismo tiempo temía que si mis compañeros de trabajo se enteraban me tratarían de manera diferente y dañaría mis posibilidades de obtener un ascenso. Finalmente, algunas personas comenzaron a darse cuenta de la verdad a través de mis redes sociales. Tenía miedo de que los rumores comenzaran a esparcirse, así que si alguien iba a averiguarlo, quería que viniera de mí directamente.

Unos meses después de salir del clóset en redes sociales me ascendieron a supervisor y no podía estar más contento. Me mantuve en silencio durante mi período de prueba, pero tan pronto como terminó, corrí a la Oficina de Diversidad e Inclusión para discutir cómo salir del clóset de nuevo con mis compañeros de departamento en el trabajo.

La autenticidad y la visibilidad son muy importantes. Quiero ser el modelo a seguir que no tuve cuando crecí.

Decidimos organizar una presentación titulada "Ser auténtico en el trabajo" para una de las reuniones trimestrales del departamento. Estaba nervioso, con la voz temblorosa y las palmas me sudaban. Esperaba que en que la habitación comenzaran los susurros en cuanto terminara la presentación, con los ojos de todos mirando hacia todos lados. Pero terminé mi presentación, y al final, toda mi área se levantó y me ofreció una ovación de pie.

Esperaba que me bombardearan con preguntas, pero para mi sorpresa, fue como si nada hubiera cambiado. Todavía tengo el respeto de mis directivos y nadie me mira raro en los vestidores.

Han pasado siete años desde que salí del clóset como transgénero en la universidad y públicamente en mi trabajo. Desde ese momento, la Oficina de Diversidad e Inclusión me pidió que hablara en otros eventos y me uniera al comité LGBT+ de la universidad. Es increíble poder crear conciencia y devolver algo a la comunidad que me ha permitido vivir mi vida auténticamente.

La autenticidad y la visibilidad son muy importantes. Quiero ser el modelo a seguir que no tuve cuando crecí. Quiero ser alguien que pueda ayudar a otras personas que pueden estar luchando con sus identidades, para mostrarles que hay esperanza.

Este texto fue publicado originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y fue traducido.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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