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08/06/2018 10:00 AM CDT | Actualizado 09/06/2018 9:02 AM CDT

Anthony Bourdain: el chef gringo que conoció a los mexicanos más allá de su comida

Detrás de aquel fumador y vividor empedernido se encontraba alguien que sabía lo que implica el trabajo rudo en la cocina.

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Anthony Bourdain en Cuernavaca, en diciembre de 2013.

Hace un par de horas recibí la noticia. Anthony Bourdain, el famoso chef norteamericano, murió en su cuarto de hotel en Estrasburgo, Francia. La razón, suicidio, de acuerdo a CNN. Di la noticia con voz quebradiza a aquellos que estaban comiendo conmigo, y para mi frustración nadie a mi alrededor sabía quién era. Con el corazón un poco roto por no poder compartir mi repentino cambio de ánimo, deje mi copa de vino y pedí una cerveza con la que brindé en su honor a solas, como supuse él mismo habría elegido hacer.

Anthony Bourdain no era el celebrity chef que aplaudía las raciones pequeñas y la comida molecular. Anthony Bourdain amaba la buena comida; amaba comer y vivir y fumar y beber. Frecuentaba todo aquel lugar con la promesa de buena comida, desde Tepito hasta tables en New Jersey pasando por bares, puestos en la calle y uno que otro restaurant con estrella Michellin. Sándwiches en bolsas de papel, whiskey en cuartos de hotel, tiburón podrido y postres hechos con tabaco: Bourdain me enseñó el mundo culinario en sus programas, y lo hizo sin pretensiones, y muchas veces con crudeza.

Su forma de comer, de viajar, de narrar y escribir sobre sus experiencias culinarias inspiraron a más de uno, me incluyo entre ellos. Puede que el primer chef que admiré fuera él. Sin pretensiones y con respeto se acercaba a aquellos que dedicaban su vida a cocinar, y no solo a chefs, sino a amas de casa y cocineros, a blogueros y bebedores profesionales. Su famosa serie Parts Unknown lo llevó a recorrer el mundo, a contar historias de aquellos normalmente ignorados en las series de viajes e increíblemente a aceptar cuando encontraba un platillo simplemente repulsivo.

Bourdain prefería rodearse de cocineros mexicanos, no solo por su gusto por la comida mexicana, sino porque sabía que atrás de los tamales, las migas, y el mole se esconden cocineros que entienden lo que implica el trabajo arduo.

Pero mi corazón lo ganó definitiva e irremediablemente al escribir el artículo Under the volcano. "Nuestro hermano de otra madre", decía cuando se refería a México, y buscaba entender el porqué de nuestra relación ambivalente, el porqué del amor de los gringos por la comida mexicana, pero no por aquellos que la cocinan. Supo ver la corrupción de Mexico, la desesperanza de aquel que se queda y de aquel que se va, pero también encontró, "héroes" que hacían de México uno de los lugares en los que decía se encontraba mas feliz.

Su admiración no solo por la comida mexicana, sino por el trabajo de los migrantes mexicanos dejaba ver que detrás de aquel fumador y vividor empedernido se encontraba alguien que sabía lo que implica el trabajo rudo en la cocina. Bourdain prefería rodearse de cocineros mexicanos, no solo por su gusto por la comida mexicana, sino porque sabía que atrás de los tamales, las migas y el mole se esconden cocineros que entienden lo que implica el trabajo arduo y constante, que sabe cómo construir festines con ingredientes humildes y a quienes no les asusta el calor de los fogones.

Anthony Bourdain también sabía de drogas y alcohol. Sabía de aquellos secretos encerrados atrás de las barras de los restaurantes y protegidos por los bartenders. También sabía del poco glamour que implica trabajar en una ardiente cocina de Nueva York durante horas interminables, con un mal sueldo y una renta que pagar. En su libro Kitchen Confidential se dio a la tarea de contar su propia y sórdida experiencia en las cocinas profesionales, y con lujo de detalle le narró a sus lectores la dureza que conlleva una vida como cocinero profesional.

Hoy, a tan solo unos kilómetros de donde decidiste morir, esta mexicana te abraza y envía un gracias, y acompañada de una cerveza te desea un excelente viaje a "lugares realmente desconocidos". Espero te reciban con tacos y aquellas canciones mexicanas que decías te hacían llorar.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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