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04/06/2018 10:00 AM CDT | Actualizado 04/06/2018 11:20 AM CDT

Cómo identificar a un populista

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El populismo no es como el chupacabras. Es más como el sol, ahí está, de nada sirve tratar de taparlo con un dedo.

2018. Lo recordaremos como el año que cambió el mundo. Todo está cambiando, y no necesariamente para bien. Es año de elecciones trascendentales en América Latina. Colombia, Brasil y México. Estamos en campaña y entre muchas de las cosas que tenemos en común desde el Río Grande hasta la Patagonia están una polarización entre candidatos que más que visiones de país y soluciones reales a los retos que enfrentamos, nos están llenando de paranoia y sumiéndonos en el enfrentamiento y la división.

Cada uno nos pinta dos opciones, llenas de generalizaciones, ellos son la utopía y la esperanza y el contrincante el fin del mundo. A veces literalmente en esos términos tan "telenovelescos", exagerados como nuestra cultura. Lo más alarmante es que no dejan de tener algo de razón, sobre todo cuando uno se mira en el espejo de Venezuela. El infierno sí que es posible, y ese infierno en términos políticos tiene un nombre: populismo.

Para bien y como suele suceder, también para mal vivimos en una época en que cada quién es libre de creer lo que quiera. Hay gente que cree que lo correcto es quemar libros de Vargas Llosa porque critica un candidato presidencial. Hay gente que no cree en las vacunas. Hay gente que cree que si se quita el gluten va a vivir más tiempo. Hay gente que no cree en Dios. Hay gente que no cree en el cambio climático. Hay gente que cree en Trump. Hay gente que no cree en el populismo.

La fórmula populista para utilizar las vías democráticas y tomar el poder por asalto se ha usado varias veces en países con contextos muy distintos.

"Eso no puede pasar aquí". Esa negación es quizás la más humana de todas. Así nos protegemos, como cuando en la adolescencia tus padres te advierten de un peligro y tu mejor respuesta es "eso no me va a pasar a mí." Pero el problema con el populismo es que así no lo sepas, si has nacido y vivido en América Latina aunque te hayas dado cuenta has estado conviviendo con el populismo en alguna de sus versiones. Entonces, ¿qué es el populismo? Porque para ser algo tan discutido, tan mentado, tan hablado, que está en nuestras bocas, en la de candidatos y analistas, que creemos dominar por el simple hecho de vivirlo, ¿cómo se define? Es que como tantas cosas, desde la electricidad hasta el átomo, el populismo es algo que creemos saber qué es, pero realmente no podemos explicar.

Saber qué es no resulta nada fácil y todavía se está desarrollando la teoría, pero lo que sí podemos tener claro es que la fórmula populista para utilizar las vías democráticas y tomar el poder por asalto se ha usado varias veces en países con contextos muy distintos. Así que el populismo no es como el chupacabras. Es más como el sol, ahí está, de nada sirve tratar de taparlo con un dedo, si no te proteges de su radiación te vas a quemar.

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Juan Domingo Perón, presidente de Argentina en 1950, y considerado como uno de los principales populistas de nuestro continente.

Jan Werner-Müller, profesor de Princeton lo explica en siete tesis muy específicas desarrolladas en su libroQué es el populismo, editado por Grano de Sal. Con el permiso de este brillante profesor, aquí van, casi como un test de Cosmopolitan sobre si tu novio te quiere o está a punto de dejarte. Así se puede analizar el discurso de cualquier político y al menos pensar y razonar muy bien la decisión de darle el apoyo, el beneficio de la duda, o de plano decir, "gracias pero tu propuesta es a todas luces populista".

1. En primer lugar, que un político hable del pueblo en una oración sí o una no, en absoluto quiere decir que sea populista. Tampoco que haga promesas que no va a poder cumplir. Eso es la demagogia de la que lleva al despilfarro y no a una política de desarrollo. Eso no es populista. Cuando un populista habla del pueblo no lo nombra nada más, sino que se adjudica el título de su máximo y único (esto último es lo fundamental) representante. Es una legitimación autoimpuesta, como quien se corona a sí mismo antes de ser presidente o primer ministro como la única voz válida y autorizada para representar al pueblo. Es la política representativa. En otras palabras, es quien dice, "tú no puedes hablar, entonces yo lo hago por ti".

2. Esto nos lleva a la segunda tesis. Es común pensar que los populistas son críticos de las élites y algo hay de eso, pero va un poco más allá. No se trata nada más de criticar las élites. De hecho en algunos casos hasta se sirven de ellas. Lo que buscan más bien los populistas es evitar el pluralismo. Esto quiere decir que van a descalificar de manera muy tajante a todo aquel que esté en contra de ellos. No van a admitir ninguna otra forma de pensamiento, ni de acción distinta a la de ellos mismos. Si una élite los apoya no irán en contra de ella, pero si los critica —sea la élite intelectual, económica o sindical— la descalificarán e irán en su contra.

El populismo no permite que el ciudadano se exprese porque siente que moralmente está por encima de cualquier opinión.

3. ¿Han visto que generalmente los populistas le huyen al debate? Los populistas no están tan preocupados por crear un consenso entre la gente, por averiguar realmente qué piensa y qué quiere el ciudadano, negociar un compromiso de país e ir adelante con la ejecución de esas ideas. Ellos están más allá de cualquier debate y su representación de la gente es más bien simbólica. Precisamente es esa investidura simbólica la que utilizan como argumento frente a cualquier funcionario o ciudadano que los increpe con algo concreto. Esa mayoría o supuesta mayoría en cuyo nombre hablan es su escudo. De allí el peso enorme que le ponen a los procesos electorales. Les interesa legitimarse en urnas porque ese es parte de su argumento, sobre todo cuando van actuar fuera de la ley.

4. Este último punto nos lleva a un mecanismo muy común en su sistema: el referéndum. El referéndum populista no tiene en absoluto que ver con una toma de decisiones colectiva, ni realmente con permitir que el ciudadano participe. Lo que busca es legitimar es representatividad que reclama el líder populista. ¿Alguna vez ha escuchado a un populista hablar de referéndum? Seguramente fue uno para establecer o proponer reelección indefinida o bajo el chantaje de: lo hago para que digan si quieren que me vaya. Una constitución democrática establece periodos de alternancia y no necesita estos mecanismos. Generalmente el populista recurre a esto porque es un mecanismo de control, no de participación ni de traslado de mandato al pueblo como alegan.

Carolina Jimenez / Reuters
Hugo Chávez Frías en 1998.

5. Cuando Chávez llegó al poder en 1998 lo primero que hizo fue ignorar la constitución vigente y comenzar un proceso de redacción de otra constitución. Esa práctica es típica del populismo. Fundamentándose en que ellos son el único representante legítimo del pueblo tienen que desmontar el estado democrático, porque este siempre tenderá a tener representantes de otros sectores, en especial aquellos que representan las voces de la sociedad civil críticas del gobierno y a muchas minorías. El populista está por encima de la ley, de la Constitución, incluso si esta es redactada por ellos. Su único objetivo es perpetuarse en el poder sobre la base de la voluntad popular.

El populismo no permite que el ciudadano se exprese porque siente que moralmente está por encima de cualquier opinión.

6. El verdadero problema del populismo es que pone en peligro de la democracia en general. Los problemas que surgen del populismo no tienen que ver con el contenido de sus políticas, no es un tema de derecha o izquierda. En algunos casos como el venezolano se presentan como tal, pero eso no quiere decir que puedan utilizar un discurso radicalmente opuesto, como el de Marine Le-Pen en Francia. Sin embargo, el populismo no es antiliberalismo o nacionalismo exclusivamente, es antidemocracia, es adjudicarse la prerrogativa moral de sustento del poder. El populismo no permite que el ciudadano se exprese porque siente que moralmente está por encima de cualquier opinión.

7. El populismo necesita de la división y de la exclusión. Su naturaleza implica que todo aquel que le es crítico es inmoral, y por lo tanto queda excluido de participar en la vida política y esto incluye derechos democráticos fundamentales. Por eso es que los populistas ofenden y descalifican tajantemente a todo el que lo opone, casi siempre sin hacer referencia a la pluralidad de opiniones que existe en la vida política e ideológica de un país. Básicamente hay dos bandos: los que están a favor de ellos o en su contra.

La democracia a nivel mundial está en un momento de total incertidumbre. Hay un sentimiento generalizado de que no funciona, de descontento, de desilusión. De que es un sistema que le sirve a quienes no tienen escrúpulos y que a pesar de lo que dicen las leyes ante el estado hay una profunda desigualdad, que además se traduce en desigualdad económica.

Hay mucho de cierto, pero también es verdad que el trecho por recorrer para llegar a los sistemas que tenemos hoy en día ha sido largo, doloroso y sangriento. Las libertades que tenemos hoy en día a veces se ven limitadas, pero eso no quiere decir que no puedan estarlo más. El populismo lo sabe. Sabe que un pueblo desilusionado es vulnerable, que entrega el poder fácilmente a quien trae una propuesta que ofrezca alivio al resentimiento en vez de soluciones concretas y que de deja llevar por el desmontaje de lo que hay para la construcción de una utopía basada en generalizaciones. Eso es casi siempre lo que ofrecen los populistas, políticas de desmontaje, pero muy pocas acciones concretas de desarrollo. Dicen cómo van a destruir, pero no cómo van a construir más allá de generalizaciones y de que planes que se basan en su moral y buenas intenciones.

Es aquí donde entra en juego un aspecto vital de la democracia, es que como votantes somos casi un funcionario más. Tenemos el deber de actuar pensando en lo que es mejor y no en lo que nos simpatiza. Es una responsabilidad. Requiere real esfuerzo. Ese mimo que le pedimos a los políticos. Quizás el populista nos caiga bien, hasta tenga razón en algunos puntos, pero ya hay suficientes ejemplos que demuestran lo nocivo que son esos sistemas. Son errores que se pagan durante generaciones. No olvidemos aquella vieja frase que dice la democracia es lo peor que tenemos, pero es lo único que tenemos.

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