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09/11/2018 5:54 PM CST | Actualizado 09/11/2018 5:55 PM CST

5 lecciones para los niños (y los padres) del siglo XXI

jacoblund via Getty Images
Pertenecemos a un mundo que está insistiendo en alzar fronteras, pero la realidad es que las culturas son permeables.

En este mundo, cada vez más loco, más trivial, más polarizado, pareciera que para ser alguien en la vida lo único que hace falta es una cuenta de YouTube. Como padres la angustia porque nuestros hijos estén bien preparados para el mundo es lo que nos quita la mayor cantidad de horas de sueño. Uno se pregunta ¿Cómo garantizarles el éxito? ¿La felicidad?

Son preguntas tan etéreas y difíciles de responder que ni los filósofos han podido, pero en algún lugar entre el último trending topic y la discusión del día en el chat de mamás se pierden cosas esenciales a la vida del siglo XXI. Nuestros hijos heredarán un mundo muy distinto al que crecimos e incluso que el que tenemos ahora. ¿Qué tenemos que enseñarles? Creo que hay cinco lecciones para ellos y también para nosotros, que son fundamentales para ser un ciudadano del siglo XXI:

1. La resiliencia: Según la Asociación Americana de Psicología (APA), la resiliencia es la capacidad de adaptarse con éxito a circunstancias adversas. En la vida las cosas no siempre salen como esperamos, como planeamos, incluso no siempre obtenemos lo que merecemos. Hay cosas que no podemos controlar y podemos ser víctimas de una tragedia o de una injusticia, pero ser resilientes nos ayuda a enfrentar lo inevitable y actuar frente a circunstancias que podemos cambiar.

Es una capacidad que puede desarrollar cualquier persona y es fundamental para tener éxito en la vida. No se trata de que todo te salga bien todo el tiempo, ni de negar el dolor, el trauma o la frustración. No es mente positiva forzada, es reconocer el dolor pero también la capacidad de transformar la situación.

2. Relación con el medio ambiente: Los niños del siglo XXI tienen que desarrollar una conciencia ecológica muy distinta a la que tuvimos nosotros. Ya no se trata de reciclar, no tirar basura en la calle, no usar bolsas de plástico o popotes. Tenemos que enseñar a nuestros hijos a vivir en un planeta que si en 12 años no logra mantener por debajo de 1.5 grados el aumento de la temperatura global, según los asesores científicos de la ONU se enfrentará a eventos catastróficos que tendrán no solo un impacto económico, sino un altísimo costo en vida humana.

Esto implica una reeducación total de nuestros hábitos de consumo de muchos bienes que son vitales, como el agua. Ya no se trata de cómo dispones de los recursos, sino cómo, cuánto, cuándo los utilizamos y si lo hacemos con la consciencia de que nuestros hábitos tienen un impacto enorme ya no a futuro, sino de forma casi inmediata.

La información en la era digital es fácilmente manipulable, pero también es fácilmente comprobable.

3. Información versus rumor: La información fluye a través de internet. La digitalización de la información, así como la oportunidad que tiene hoy en día cualquier persona de divulgar un un hecho o una opinión y afectar como otros lo perciben es algo que tendrá un impacto en la sociedad que todavía no alcanzamos a medir o a entender.

Mucha gente se informa a través de redes sociales y de medios que no siempre verifican el contenido que comparten a su audiencia. Sí, es la era de los fake news, de la posverdad, en la que cualquier disparae puede parecer una verdad, y no siempre es fácil, ni todo el mundo se toma el tiempo de verificar la información antes de formar su criterio. Pero eso justamente es lo que tenemos que enseñar a los niños en el siglo XXI. Nada supera tu pensamiento crítico y para dar algo como cierto tienes que hacer un esfuerzo.

La información en la era digital es fácilmente manipulable, pero también es fácilmente comprobable. Estar informados ya no es un acto pasivo, es más activo de lo que jamás lo fue y requiere saber escuchar, a quién escuchar y tomar en cuenta distintos puntos de vista. Pero sobre todo saber poner el hecho antes que la opinión.

4. Política no es confrontación: Hoy en día cualquier opinión es sujeto de ataque. Y con ello no me refiero al desacuerdo. El desacuerdo es lo normal. Porque en una sociedad libre, en la que cada quien puede expresar lo que piensa, el desacuerdo es un resultado necesario. Pero lo que estamos viendo en todos lados es un nivel de crispación en la que consideramos que cualquier persona que piense distinto se está enfrentando a nosotros, es nuestro enemigo.

La política siempre ha tenido y tendrá un componente emocional, del cual no puede separarse. En su libro The Righteous Mind, Jonathan Haidt hace un análisis muy interesante sobre este tema. Si queremos que nuestros hijos crezcan en sistemas democráticos, en los que puedan ser libres en todo aspecto de su vida, tenemos que enseñarles la importancia del compromiso, de buscar encuentros más allá de las ideas políticas, que puedes estar de acuerdo con algunos puntos incluso de aquellas ideologías que más antagónicas te parecen. Que hay ciertos derechos que tiene todo ser humano que son inalienables y que no se pueden negociar y que hay que defender, incluso cuando el afectado ni es tu amigo, ni te cae bien, es totalmente distinto a ti y tal vez ni lo conoces.

No existen dos personas que piensen exactamente igual. La clave está en aprender el desacuerdo y convivir. En darnos cuenta que podemos ver la realidad de formas totalmente distintas pero igual encontrar puntos en común.

El objetivo de todo esto no es tener más amigos, ni siquiera evitar el conflicto, es que estas cualidades de tolerancia, de poder escuchar y encontrar puntos en común con los demás es lo que le permite a alguien trabajar en equipo y resolver problemas. Y así es que una empresa, una sociedad, incluso una familia es capaz de enfrentar y resolver los retos que tendrá siempre por delante.

5. Ser parte de un mundo globalizado: La globalización está aquí. Y está aquí para quedarse. Pertenecemos a un mundo que está insistiendo en alzar fronteras, pero la realidad es que las culturas son permeables y que así como tenemos que celebrar la diversidad entre seres humanos, la importancia de la cooperación y las muchas ventajas que logramos de abrirnos a todo tipo de intercambio. Tenemos que enseñar a nuestros hijos sobre otras culturas, que sepan ubicarse en un mapa y que puedan imaginar la realidad de alguien como ellos del otro lado del mundo. Que tengan la curiosidad por descubrir, probar, entender otras culturas y reflexionar sobre dónde están las similitudes y las grandes divergencias.

Al final como especie, como seres, compartimos un destino en común. Tenemos además muchos restos, como las brechas de género, las brechas de clases sociales y de razas, para poder cerrarlas hay que tomar consciencia primero, pero un niño que no entiende, que no reconoce su lugar en el mundo tiene una enorme limitante de entrada. Todo empieza en un mapa, y enseñarles la riqueza que tiene el mundo, lo que ellos pueden aportar a él y lo que a su vez el mundo les ofrece.

Así, irónicamente les enseñamos que si bien existen las fronteras, también hay algo universal que las vence, de lo que somos herederos y que nos hace mejores personas y enriquece nuestra vida en todo sentido.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.