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06/07/2018 7:44 AM CDT | Actualizado 06/07/2018 8:54 AM CDT

Lo que mis 4 abortos me han enseñado sobre cómo afrontar un embarazo

Getty Images/iStockphoto

Llevo al menos cinco embarazos a mis espaldas. Solo uno ha salido bien. Los otros solo duraron un mes, como mucho.

Con el primero no estaba preocupada. Al fin y al cabo los abortos solo le ocurren a las demás, ¿no? Así que, en cuanto el test dio positivo, me desentendí, y no me dio miedo que mis valores HCG no se duplicaran en dos días, sino en tres. Solo me empecé a asustar cuando tuve pérdidas de color claro. Al aborto le costó tiempo ponerse en marcha; y yo no estaba preparada. Y me sobrepasó.

Con el segundo embarazo me hice un test el primer día que tuve un retraso. En otra ocasión me lo habría hecho antes. Pero ahí tenía un mal presentimiento. El test estaba muy pálido, demasiado pálido. Se lo anuncié a mi amor de forma breve y sin emoción cuando llegó por la noche. Las pérdidas comenzaron unos días después. Me entró una furia terrible.

Con el tercero, reconocí los síntomas, claro. Hasta mi amor, sonriente, reconocía ciertos cambios en mi cuerpo. Esperé antes de hacerme la prueba y, puf, pérdidas rosas. Ni siquiera lo verifiqué oficialmente; entendí lo que había pasado. Eso me resignó en lo más profundo de mi ser.

Con esta experiencia a mis espaldas, cada vez que me quedo embarazada no siento ni entusiasmo, ni miedo, sino más bien nada.

El cuarto, vaya usted a saber por qué, salió bien. Sin embargo el primer día, con un día de retraso, el test también dio un color más bien claro. Pero no tuve malos presentimientos. La primera dosis de HCG era perfectamente normal, y las siguientes también. Ocho meses y medio más tarde, nació la criatura. Fue mi renacimiento.

El quinto fue el noviembre pasado. Tuve un presentimiento la víspera de la regla. No lo anunció ninguna pérdida, eso solo me ocurre en caso de embarazo. En ese punto el test dio correcto. Luego un segundo test, dos días más tarde, salió aparentemente muy bien. Pero esa misma noche empezaron las pérdidas rosas. Cuando al día siguiente me sacaron sangre, el nivel de HCG era muy débil. Después fue bajando los siguientes 3-4 días. Ya no estaba tan destrozada, porque soy madre, tengo esa suerte increíble. Pero no lo entendía. ¿Por qué tenía embarazos "sorpresa" para después ver ese resultado?

Con esta experiencia a mis espaldas, cada vez que me quedo embarazada no siento ni entusiasmo, ni miedo, sino más bien nada. A veces te sorprendes a ti misma y llegas a tranquilizarte pensando: "Bueno, esta vez no tengo pérdidas", "no tengo dolores raros", "tengo este pequeño síntoma, o este otro", "¿y si esta vez sale bien?"

La espera, la distancia, los intentos de olvido. Eso es lo que predomina cuando una prueba de embarazo pálida, tímida, viene a confirmar una nueva intuición.

Y luego, más a menudo, tiendo a ser realista: "Según mis cálculos, el 80% de mis embarazos no salen bien... me quito la copa menstrual y espero", "no voy a hacerme pruebas ni análisis de sangre, sería idiota", "cuando tuve a la niña tenía los pechos enormes, y ahora no, así que no pasa nada"...

Al final llegas a proyectarte de cara al aborto: "Me vendría fatal si justo me pasa este día, cuando tengo la junta de evaluación", "con 5 abortos dirán que cuándo volveré a la clínica de reproducción asistida", "¿me hago un análisis para ver si sigo embarazada o mejor me lo ahorro?".

La espera, la distancia, los intentos de olvido. Eso es lo que predomina cuando una prueba de embarazo pálida, tímida, viene a confirmar una nueva intuición. Aprendes a no creer. A no invertir en ese principio de casi nada. A vivir tu vida de forma normal. A marcarte una semana antes de empezar a esperar que pase algo. A permanecer distante, indiferente y totalmente realista. ¿Es duro? Sí, pero es así.

Carpe Diem.

Este artículo se publicó anteriormente en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano para el 'HuffPost' España.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.