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28/06/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 28/06/2018 6:00 AM CDT

¿Y qué dirán de mí? Dirán que eres gay

Kajetan Kandler via Getty Images
Escuchar pop es aceptar que tienes emociones.

«¿Por qué escuchas eso? ¿Eres vieja o qué?»

«Esa música es de maricones».

«Eso nomás le gusta a las mujeres».

"Qué asco, ¿qué no te gusta el rock?»

Si es cuestión de confesar, no sé preparar café y nunca tuve la personalidad que mi familia esperaba de un varón.

Recuerdo que desde muy niño fui perfilado y encasillado hacia cierta orientación sexual únicamente por la música que me llamaba la atención, mucho antes que yo mismo supiera quiéen soy o sin poder entender por qué pensaban que estaba tan mal.

Años después es algo que incluso digo con orgullo: soy un hombre homosexual (hola, mamá) y me fascina la música pop. Creo que tiene mucho mérito hacer una canción que llegue tan instantáneamente a millones de personas, a veces incluso dejando huella en la cultura contemporánea occidental.

En el fondo creo que la música pop es, quizá, el género que más alcance tiene. Sin embargo, es usualmente relacionado con un público en específico: mujeres, hombres gay, y otros colores del arcoíris LGBT. On en otras palabras, el grupo demográfico relacionado con la idea de femineidad.

Recordando estas experiencias me he puesto ha pensar: ¿Y si sí es verdad? ¿Existe una relación entre ser gay y escuchar pop?

La suposición no está mal fundada, la raíz del pop es innegablemente gay. El pop, o cualquier género bailable actual, nacieron del disco, y el disco nació en la comunidad LGBT.

El orgullo masculino hace que los machos se avergüencen si les gusta una canción pop.

Específicamente, lo que hoy conocemos como música para bailar nació en Nueva York en los años 70, en una serie de fiestas llamadas llamadas Love Saves the Day, en el sótano de la discoteca The Loft. Estas fiestas nacieron en un momento donde no era posible ser diferente de la norma heterosexual y la pista de baile ofreció una sensación de seguridad para todos aquellos marginados: locas, lenchas, negros y latinos asistían para darle rienda suelta a la sexualidad y la libertad de expresión.

Si se dan cuenta, esto es válido aún al día de hoy. Para muchas personas ir a un antro gay es todo un rito de iniciación. La noche permite sacar a quien tenemos en nuestro interior. La puerta cerrada crea un espacio seguro, la música invita a la diversión y la diversión a olvidarse de los prejuicios del mundo exterior.

Mi abuela, como muchas, otras solía repetir «mijo, tú eres hombre. Los hombres no deben llorar». Quizás por su entendimiento universal – levante la mano a quien nunca le hayan roto el corazón – el tema oficial del pop es el amor y desamor. Escuchar pop es aceptar que tienes emociones, y Dios no quiera que al hombre le encuentren corazón.

El pop también es, generalmente, un trabajo grupal. Dos, tres, cuatro escritores crean la letra, la llevan a un productor de renombre que pone la música y quien la canta recibe un éxito listo para grabar.

Justin Timberlake, Bruno Mars, Ed Sheeran. ¿Notado algo parecido? Exactamente: los tres son orgullos cantautores. ¿Jimi Hendrix, Kurt Cobain y Slash? Genios que tocaban sus propios instrumentos. Tal vez por esto es que las estrellas pop masculinas se cuentan con los dedos de las manos. Qué vergüenza cantar la música de alguien más.

Una diva pop puede expresar sus sentimientos y hablar sobre ese amor que, hasta ahora, es tan común que nuestra cultura le niegue a una persona gay.

El orgullo masculino hace que los machos se avergüencen si les gusta una canción pop. No es raro que hablar de Lady Gaga, Sia o Beyoncé venga seguido de una innecesaria justificación: "es mi placer culposo". Más aún, por lo general acostumbran a pedir perdón.

Ser gay, si nos atrevemos a generalizar, viene relacionado con una sensibilidad para lo histriónico y creativo más que el esfuerzo físico. Hablando desde mi particularidad, lo veo en mi mismo y muchos de mis amigos. Nos llama más la atención el arte y prácticamente nada el deporte.

Para vender, el pop tiene que ser más. Más grande, más único, más diferente. Tal vez por esto es tan común que un hombre gay siga y se identifique de una diva pop. En el escenario ella es la máxima expresión de creatividad y libertad. Puede expresar sus sentimientos y hablar sobre ese amor que, hasta ahora, es tan común que nuestra cultura le niegue a una persona gay. Ella puede hacer y deshacer, estar o decidir no estar. Ella siempre es la protagonista y tiene historias que contar. Y si a nosotros no nos dejan podemos estar seguros que, mientras dure la canción, ella nos presta su letra para ser y para hablar.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.