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10/01/2018 6:00 AM CST | Actualizado 10/01/2018 10:49 AM CST

Trump: a unos meses de perder a su mejor enemigo

Kevin Dietsch/Pool via Bloomberg

Hace dos jueves en un evento de negocios en la Ciudad de México, un representante de la Secretaría de Economía comparó la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con un partido de futbol empatado técnicamente. Lo cierto es que las cinco rondas de renegociación revelan un trasfondo político coyuntural, que poco tiene que ver con la técnica.

Descifrando los jeroglíficos de nuestra era postneoliberal, el debate parece construirse sobre tendencias globales contradictorias y no se limita al ámbito económico: ¿multilateralismo o unilateralismo? ¿libre comercio o proteccionismo? ¿democracia o autocracia? Bifurcaciones que, si bien siguen vigentes, nos demuestran que los fenómenos internacionales van más allá de la lógica binaria y nos hacen ver que tal vez se trate de todas las anteriores al mismo tiempo, y viceversa.

Estamos ante el punto de inflexión del primer tratado de libre comercio firmado entre una potencia económica y un país emergente, una de las consecuencias tangibles de la erosión de la pax americana. Muy lejos quedan hoy esos años 80 en donde EUA convenció a México de adoptar un modelo económico neoliberal. Sin embargo, hoy los mejores negociadores mexicanos se resisten a aceptar lo que parece inevitable: el gobierno de Trump anunciará su salida del TLCAN en los próximos meses. Y peor aún, se difunde la noticia de que EUA saldría del acuerdo, cuando en realidad estos operan con Canadá la exclusión de México.

El partido no está tan empatado, por lo menos para un país que ha invertido los últimos cinco sexenios en internacionalizar su estructura socioeconómica. Basta con leer entre las líneas de la reunión bilateral del 11 de diciembre, en la que se desvinculó el TLCAN de la cooperación en materia de seguridad.

El gobierno estadounidense se enajena con México porque sabe que no puede contra China, ni Rusia, ni siquiera con Alemania.

Trump está por perder a su mejor enemigo, el que necesita para revindicar victorias falsas sin temer represalias y alimentar las pasiones nostálgicas de un electorado que cree en un pasado que nunca fue. El gobierno estadounidense se enajena con México porque sabe que no puede contra China, ni Rusia, ni siquiera con Alemania. La potencia norteamericana está por perder a su vecino del sur, mientras este parece disponerse a cambiar de alineación en las elecciones del 2018 y buscar repetir el juego.

En este escenario, cabe preguntarse si el repliegue de la antigua hegemonía es la mejor oportunidad que se ha tenido en mucho tiempo para diseñar e implementar un nuevo modelo económico en México. Uno que no se limite a la ideológica reducción del gasto público; la fallida lucha contra la inflación; la supuesta estabilidad financiera; y la sobre-dependencia del comercio con EUA. Un modelo económico que sirva de catalizador para renovar profundamente las relaciones bilaterales con el vecino del norte, diversificar los intereses del país y asumir un nuevo rol en el mundo.

Este año el peso mexicano amanece nervioso y flirtea con los $20 por dólar, en reacción a la aprobación de la reforma fiscal trumpista. Si el partido de futbol estuviese empatado técnicamente, las políticas nacionales del inquilino de la Casa Blanca no harían temblar a la macroeconomía mexicana de esta manera. Tampoco estaríamos tan preocupados por la salida del TLCAN el próximo año, en el cual Trump perdería a su mejor enemigo y México su justificación para continuar con el mismo modelo de desarrollo económico.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.