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12/09/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 12/09/2018 6:00 AM CDT

La Cooperación Sur-Sur: instrumento de paz en tiempos turbulentos

A 40 años del Plan de Acción de Buenos Aires, el Día de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur.
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A 40 años del Plan de Acción de Buenos Aires, el Día de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur.

En sus interacciones, los países tienen dos opciones: o cooperan o se hacen la guerra. La paz, sin embargo, necesita de instrumentos que la provoquen y la mantengan en el tiempo. El profesor Guillaume Devin explicaría que la paz es mucho más que la ausencia de guerra, y que la cooperación es un movimiento histórico que empuja a los Estados y a sus sociedades a acercarse, a negociar de manera cada vez más frecuente y a definir objetivos a partir de intereses comunes. En estos tiempos turbulentos, la cooperación es un instrumento de paz.

Del discurso inaugural del segundo mandato de Harry Truman en 1949 ya no queda mucho, sino la intención de los países desarrollados de contribuir al desarrollo de aquellos torpemente calificados como "subdesarrollados". De ahí que en Bandung surja la Cooperación Sur-Sur (CSS), en reacción a la sesgada cooperación tradicional.

Heredera del movimiento tercermundista y soñándose a sí misma como respuesta a los desafíos socioeconómicos de la época poscolonial, la CSS se posicionó como alternativa a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), instrumento de política exterior de los países industrializados. Desde entonces, la CSS asumió el objetivo de promover la colaboración y el comercio entre los países del sur.

Durante la primera década del siglo XXI, la segunda ola del ascenso del Sur -como la llamaba el recién fallecido Samir Amin- se elevó gracias a los países emergentes. El "Sur global" se convirtió en la arena que acoge tanto los desafíos internacionales más apremiantes como los potenciales más ambiciosos. Cómo no apoyar la cooperación entre estos países, si en el Sur global se concentran los mayores retos en materia de pobreza, desigualdad, comercio, migración, medio ambiente y seguridad.

Con todo, el debate crucial sobre la CSS va más allá de la competencia por saber quién da más.

Paradójicamente, es necesario tomar los datos de la OCDE si se requiere dimensionar los montos asignados a la CSS. Según la información disponible más reciente, la CSS pasó del 13.4% (23.5 mil mdd) en 2013, al 17% (32 mil mdd) de los montos totales de cooperación al desarrollo en 2014. Si bien la tendencia al alza es evidente, los montos están lejos de los 150.8 mil mdd asignados en ese año por los países industrializados (83% de los montos totales de cooperación).

Aun así, no es un dato menor que en el mismo periodo Arabia Saudita (el Cooperante del Sur más importante) otorgó más que Francia, Suecia y Holanda; o que los flujos de cooperación de Turquía y China son más importantes que los de Dinamarca, Bélgica, España y Corea del Sur.

Con todo, el debate crucial sobre la CSS va más allá de la competencia por saber quién da más. Si observamos de cerca, el debate gira en torno a su diferenciación con respecto a la cooperación tradicional. No es difícil percatarse de que el discurso dominante que presume la supuesta mayor eficacia de la CSS (gracias a que sería más adaptada a las particularidades de los países en desarrollo), carece de evidencia sólida.

Se trata de la asignatura pendiente que tendrán que atender países como México, para evitar caer en los esquemas erróneos con los que William Easterly denunció a los cooperantes tradicionales: opacidad, fragmentación, selectividad, canales de ayuda ineficaces y burocratización.

Hoy, hace exactamente 40 años del Plan de Acción de Buenos Aires, el Día de las Naciones Unidas para la CSS nos recuerda que el camino por delante es más largo que el dejamos atrás. La Cooperación Sur-Sur de México tiene la oportunidad de transitar hacia lo que debe ser, diferenciada y más eficaz, según los principios que aspiraron a darle forma, y a partir de las experiencias exitosas que brillan en Mesoamérica y en otras partes del mundo.

En estos tiempos turbulentos, el campo está despejado para alinear la cooperación con los grandes desafíos del Sur, acercando a nuestras sociedades para compartir objetivos y repartir responsabilidades.

Lo anterior en línea con lo que defendía la autora intelectual del Sistema mexicano de cooperación internacional para el desarrollo, Rosario Green, en una entrevista que me concedió en el 2014. Para nuestro país, "... esta diplomacia blanda, a mí me parece que es fundamental, porque al final de cuentas es más dura que la dura, es un rompehielos."

En estos tiempos turbulentos, el campo está despejado para alinear la cooperación con los grandes desafíos del Sur, acercando a nuestras sociedades para compartir objetivos y repartir responsabilidades. Y entendiendo a la CSS como un instrumento para construir paz.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.