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20/08/2018 8:35 AM CDT | Actualizado 20/08/2018 9:44 AM CDT

Kofi Annan, el modelo de líder del mundo

REUTERS/Denis Balibouse
Para aquellos que descubrimos la ONU cuando fungía como Secretario General, Kofi Annan inspiró por su altura política y provocó vocaciones.

La magnitud del legado de Kofi Annan se entiende al ver la fotografía completa. En su caso, los detalles no son tan importantes como su carrera entera. Se trata de una vida dedicada en su mayor parte a las Naciones Unidas y a su razón de ser: la paz y el desarrollo. Imposible ignorar su condición de hombre ghanés, un hombre que desde su posición representó al continente africano desde lo más alto del escenario internacional. De esos nunca han habido muchos.

Annan fue el arquetipo del diplomático total, sus discursos demostraban que la forma es fondo y que la elegancia podía ser estrategia. Inició su trayectoria en la Organización Mundial de la Salud en 1962 y escaló hasta trabajar con el Secretario General Pérez de Cuéllar en temas de seguridad, recursos humanos, planificación y finanzas entre 1987 y 1991.

Después de ser coordinador de las Fuerzas de Paz de la ONU fue enviado como representante especial a Yugoslavia ya como subsecretario general en 1995. Un año después, fue propuesto por EUA para reemplazar a Butros Butros-Ghali y tomar las riendas de una organización fuertemente cuestionada por su ineficacia. El puesto que hasta entonces era fundamentalmente administrativo, adquirió una envergadura política que le permitió avanzar en asuntos pendientes de la organización y escalar sus responsabilidades como figura internacional indispensable.

Durante sus dos mandatos, las agendas sobre el cambio climático, el género y la ayuda humanitaria ganaron un terreno que ya no perderían más.

En un contexto de fatiga de la ayuda, Annan elevó una propuesta del economista estadounidense Jeffrey Sachs a rango planetario. En septiembre del 2000 convocó a 189 jefes de Estado a firmar la Declaración del Milenio, orientando la acción internacional en favor del cumplimiento de 8 objetivos concretos y medibles. Por primera vez en la historia, la comunidad internacional acordó una agenda común de cooperación con los países en desarrollo. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio estuvieron vigentes quince años y dieron lugar a los Objetivos de Desarrollo Sustentable, estableciendo no un techo, sino un suelo a partir del cual emana el deber de seguir trabajando en favor de las poblaciones desfavorecidas en todo el mundo.

Coincido en que la "responsabilidad de proteger" es su mayor contribución al derecho internacional. Kofi Annan formuló las preguntas que llevaron a la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados a elaborar su emblemático informe de 2001, que resolvió que cuando un Estado no protegiese a su población, ya fuera por falta de capacidad o de voluntad, la comunidad internacional en general asumiera esa responsabilidad. A partir de ahí, la "responsabilidad de proteger" se volvió norma y responsabilidad colectiva internacional.

Sobrevivió la última gran crisis del multilateralismo (que precede a la que vivimos en la actualidad), provocada por la respuesta del gobierno de Bush hijo a los atentados de las torres gemelas de Nueva York. Acumuló los apoyos necesarios para reelegirse en el 2002 y oponerse a la invasión de Irak en el 2003, un año antes de declararla ilegal. Entre tanto, ganó el Premio Nobel de la Paz por su trabajo por un mundo mejor organizado y más pacífico; además de impulsar el Consenso de Monterrey sobre financiación del desarrollo, cuya relevancia tuvo un impacto que va más allá del -comes y te vas- de Fox.

Durante sus dos mandatos, las agendas sobre el cambio climático, el género y la ayuda humanitaria ganaron un terreno que ya no perderían más. Por fin, las relaciones internacionales encontraron en la ONU un espacio para desplegar sus tensiones y evoluciones contemporáneas.

Para aquellos que descubrimos la ONU cuando fungía como Secretario General, Kofi Annan inspiró por su altura política y provocó vocaciones. En un mundo en el que los líderes se atreven a presumir su egoísmo, xenofobia y demás psicosis, el vacío que deja es todavía más grande. Cuesta trabajo pensar en alguien que encarne mejor la resolución de los pueblos de las Naciones Unidas de "reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas".

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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