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05/03/2018 7:01 AM CST | Actualizado 05/03/2018 8:37 AM CST

Hasta dónde llegan las fronteras de Cuba

Ernesto Mastrascusa/Getty Images
El yate Mícara participa en una exhibición frente el castillo del Morro, en La Habana, Cuba, como parte de la histórica regata St. Petersburg-Habana, el 3 de marzo de 2018. Estos barcos partieron de St. Petersburg, en el estado de la Florida, Estados Unidos. Mícara fue la primera embarcación con bandera y tripulación cubanas en participar en una competencia náutica entre los dos países.

Difícil escribir sobre Cuba sin caer en lugares comunes. Enorme el desafío de evitar el maniqueísmo y pensar en su futuro con tonos grises. Polémico y provocador de las emociones más profundas, el tema Cuba sigue manifestando su actualidad desde diferentes ángulos. Demuestra el alcance de las fronteras, así como la manera en la que la geopolítica presiona, golpea y moldea la política nacional.

Cuando se viaja a Cuba, la noción de insularidad cobra sentido. A la particularidad de tal sentimiento se opone el pasado apoyo soviético durante la Guerra Fría, aniquilado por las crisis de los años 90 y reemplazado por el sustento venezolano que duró hasta hace unos años, apoyo hoy casi olvidado a causa de la violencia de las divisas del turismo de masas. A primera instancia, las fronteras de Cuba parecen separar dramáticamente a sus once millones de habitantes de la versión 2018 del mundo. Basta con levantar la vista, para entender que la isla caribeña tiene fronteras con países que influyen directamente en la trayectoria que se dispone a tomar.

A pesar de su aparente aislamiento, Cuba se asemeja al resultado de un laboratorio continental, combinación única de ingredientes regionales. Una isla en donde convergen las épicas contradicciones que atraviesan nuestros países. Un territorio en donde coincide el obsesivo intervencionismo estadunidense, la tradicional dictadura tropical, los ciclos infinitos de catástrofes naturales y las carencias permanentes. Un país que fue construido con los ideales de Martí, los sueños guerrilleros de revolución, la solidaridad latinoamericanista y las ambiciones más avanzadas de igualdad social. Una nación que sobrevive con una economía al borde de la asfixia y la necesaria creatividad cotidiana de sus habitantes. Cuba reúne a los anhelos truncados de las izquierdas con la enemistad cegadora de las derechas.

Recorriendo ese país, un amigo en Santa Clara me confesaba -de cualquier manera, estamos solos en esta isla, nuestra única frontera es el mar-.

Su futuro está irremediablemente atado a Estados Unidos. Además del absurdo embargo y el dogmatismo de quienes lo defienden, los 170 km que separan (o unen) a La Habana con Cayo Hueso en Florida son una carretera de aspiraciones, ideas y remesas (un nuevo récord en 2016 con 3.448 mdd). Esperamos más temprano que tarde, la diáspora cubana en EUA (más de dos millones de personas) atienda la llamada y se decida a jugar un rol determinante en el devenir cubano. Y aunque la transacción parezca imposible, la devolución de Guantánamo tendrá que formar parte del acercamiento entre los dos países.

Para nuestro país, los 214 km que unen (o separan) a las playas de Las Tumbas con las de Cancún son una pista con enorme potencial de desarrollo. México está en una posición privilegiada que le permitiría desplegar estrategias ambiciosas de comercio bilateral y de inversiones directas, respetando la soberanía del régimen político ejercido por el vecino. Respaldar políticamente a Cuba, facilitaría la reconciliación con países de los que nos hemos distanciado. Abrir nuevos capítulos de colaboración en la región revitalizaría organismos como la OEA, que enfrentan graves crisis de legitimidad. El impulso a la diversificación de los proyectos de cooperación internacional apuntalaría alianzas innovadoras en materia cultural, deportiva, social y económica.

Por su parte, los estrechos que dividen (o conectan) a Cuba con Haití, las Bahamas, el Reino Unido (por medio de las Islas Turcas y Caicos y las Caimán) y Jamaica son puentes hacia mundos diferentes que podrían aprovecharse para aumentar la erosión del embargo estadounidense. No está de más repetirlo, el desmantelamiento del embargo es condición sine qua non de cualquier mejora del futuro de los cubanos. Así como no está de más esperar que el delfín del castrismo, Miguel Díaz-Canel (presunto sucesor de Raúl en abril), tenga el valor de diseñar una Perestroika para Cuba.

Recorriendo ese país, un amigo en Santa Clara me confesaba -de cualquier manera, estamos solos en esta isla, nuestra única frontera es el mar-. Cuántas ganas me quedaron de demostrarle lo contrario.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.