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10/06/2018 9:05 PM CDT | Actualizado 11/06/2018 8:53 PM CDT

'Luis Miguel la serie' y las elecciones: el epílogo de una era

La serie de Netflix sobre "El sol" se ha convertido en un fenómeno cultural, pero no se puede entender sin analizarla desde una dimensión política.

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Luis Miguel y el empresario Miguel Alemán Magnani, amigos de toda la vida y hoy productores de la serie de Netflix.

La serie de Netflix se ha convertido en un fenómeno cultural, y con tan solo 8 episodios transmitidos —de los 13 que componen la primer temporada— en un hito en la industria del entretenimiento en México. Cantidad de textos han poblado las secciones de espectáculos, y las redes sociales se han atiborrado de reacciones, opiniones y especulaciones. Sin embargo, la dimensión política de la serie aún no ha sido articulada, pero sin ella no se puede entender el éxito de la misma.

Esta lectura política tiene tres aspectos muy específicos:

Por primera vez en una serie de televisión mainstream mexicana se expresa la relación entre el poder político y la industria del entretenimiento en el país, en primera persona y sin tapujos.

Segundo, la serie ha sido tremendamente oportuna al haber sido estrenada en plena campaña electoral presidencial. Además, se ha venido a instalar de manera inconsciente en el debate político electoral al estar ambientada en los ochenta, la década que cimbró las bases del neoliberalismo que ha reinado en el país desde entonces, y que justo ahora está en un punto de quiebre en esta coyuntura histórica-electoral del 2018.

Por primera vez en una serie de televisión mainstream mexicana se expresa la relación entre el poder político y la industria del entretenimiento en el país.

El papel de Televisa

Y tercero, la serie se inscribe también dentro de la profunda crisis de Televisa, que durante décadas fue el principal emporio del entretenimiento del país con prácticas monopólicas. La empresa está en medio de un proceso brutal de reestructuración, incluida la remoción del heredero Emilio Azcárraga Jean como CEO a partir del primero de enero de este año. La que fuera creadora hegemónica de contenidos mediáticos en el país, cuya influencia nunca puede ser desestimada en la historia política de México, está viviendo el ocaso de su época imperial. Particularmente en su complicidad con el sistema político mexicano y que alcanzó su cenit —por lo menos en términos simbólicos— en la investidura de la actriz Angélica Rivera como primera dama del país.

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Emilio Azcárraga Milmo, y su hijo Emilio Azcárraga Jean. El mogul de la televisión murió a la edad de 66 años de cáncer, dejándole el mando de Televisa a su hijo. Azcárraga hizo un imperio, el más grande de habla hispana en cuestión de medios. Uno de los programas más exitosos fue Siempre en Domingo, conducido por Raúl Velasco, y a través del cual lanzaban y promovían cantantes.

Quizás el atractivo más grande de la ficcionalizada serie biográfica de Luis Miguel es que es narrada desde el punto de vista del cantante mismo. El propio Luis Miguel Gallego Basteri aparece como productor ejecutivo de su propia bioserie, lo cual ha creado mucha expectativa, y morbo, en cuanto a lo que el cantante revelará o no sobre su vida.

Y como la biografía del cantante (curiosamente nacido en Puerto Rico, de padre español y madre italiana) está directamente arraigada a la historia política de México por su cercanía a las altas esferas del poder, eso es precisamente lo que se convierte en un hito en México. Nunca antes el mainstream mexicano se había abierto tanto a evidenciar las conexiones del poder político, la clase empresarial y el mundo del espectáculo de manera tan evidentes.

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Con López Portillo y su mujer aparecen sus hijos: José, Carmen y Paulina. La familia está en el aeropuerto de México, en 1975.

La serie ha venido a confirmar que el temido y corrupto jefe de la policía Arturo El Negro Durazo fue el padrino artístico de Luis Miguel, quien le abrió la posibilidad para que cantara en la boda de Paulina López Portillo, hija del entonces (1981) presidente de la República. Según ha reportado el periódico El Universal, la serie también hablará de la relación que el cantante tuvo con Issabela Camil, hijastra del empresario Jaime Camil, y quien a su vez fuera muy cercano al expresidente Ernesto Zedillo, así como de su amistad con Federico de la Madrid, hijo del expresidente Miguel de la Madrid, con quien se generó un triángulo amoroso alrededor de Camil.

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El exjefe de la policía, Arturo El Negro Durazo, tras las rejas en el Reclusorio Oriente. Mayo 1986. Durazo estuvo al frente de la policía durante el sexenio de su íntimo amigo José López Portillo. Acusado de corrupción, terminó encarcelado. HR/JP

Por años, Luis Miguel —al igual que el poder político— fue muy celoso y sigiloso de su privacidad. Eso empieza a cambiar tanto por los tiempos políticos del país como por las modas mediáticas. No es fortuita la coincidencia que la revista Quién, del Grupo Expansión, surgiera en marzo 2000, unos meses antes de la elección presidencial en la que Vicente Fox termina con la hegemonía del PRI en el gobierno federal tras siete décadas en el poder.

La revista 'Quién' se convierte en una herramienta aspiracional en la que se ventilan más airadamente estas conexiones entre las élites mexicanas. Luis Miguel mismo se iría abriendo a esta prensa de sociales, y le daría eventualmente exclusivas de portada sobre el nacimiento de sus hijos a la revista '¡Hola!' en su edición mexicana.

En su artículo "Los motivos por los que la serie de Luis Miguel resulta irresistible" publicado por el periódico El País(26 de mayo, 2018), Elena Reina cita a la periodista de entretenimiento Martha Figueroa, autora de la biografía Micky, un tributo diferente (Aguilar, 2010), sobre el éxito de la serie:

"La periodista reconoce que cada capítulo se sorprende más. No tanto por lo que desvela, sino porque por primera vez esté relatando una esfera de su vida que había protegido a capa y espada. 'Está contando unos secretos que ha guardado ocultos durante mucho tiempo. Deja que todo el mundo entre a mirar. Y muchos creen que lo están conociendo por fin. Aunque él es indescifrable', añade Figueroa."

La serie incluso se da el lujo se ser auto reflexiva —más no necesariamente crítica del poder— por ejemplo, con el cameo del propio Luis Miguel en el primer episodio, o el brillante casting de Sofía Castro, hija de Angélica Rivera e hijastra del presidente Enrique Peña Nieto, en el papel de Paulina López Portillo. Esto apunta hacia una lectura más profunda precisamente sobre esta relación binómica entre los mundos políticos y del entretenimiento en México, representado en la actualidad por la pareja presidencial Peña Nieto-Rivera.

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Enrique Pena Nieto posas con su esposa Angélica Castro y los hijos de ambos: Nicole , Angélica Sofía, Paulina, Fernanda, Alejandro y Regina. Diciembre 1, 2012. REUTERS/Presidencia de México

Luis Miguel, el sol que México necesitaba

La serie comienza en 1992, cuando le dan la noticia de la muerte de su padre al cantante, y a partir de entonces es narrada a manera de flashback paralelamente alternando a partir de 1981, en los comienzos de la carrera del artista, y de 1987, cuando la carrera del cantante empieza a despuntar internacionalmente. Por la dinámica de la narración es muy probable que la primera temporada de la serie termine justo en 1992, donde inició.

No se puede pasar por alto que esos años son críticos en la historia reciente de México. El debut artístico de Luis Miguel a los 11 años de edad coincide con el fin de una época de abundancia en el país, que se había anunciado con el descubrimiento de nuevos yacimientos petroleros, y antecede a la gran crisis financiera de 1982. En el capítulo cuatro de la serie se hace alusión al contexto, cuando Luis Rey, padre y mánager del cantante infantil propone: "México está en crisis, le hace falta luz, pues Luis Miguel se la va a dar: El sol de México".

La crisis de 1982 coincide también con las elecciones federales, en la que se da una ruptura histórica dentro del PRI en los modelos de nación entre López Portillo y De la Madrid. Durante la década de los ochenta se van cimentado los pilares de la transformación del país a un régimen neoliberal como solución a los efectos de la crisis de 1982. En 1986 México entra al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y en menos de una década después, ya bajo el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, se firma el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, y la narrativa triunfalista del momento augura un México primermundista.

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Los entonces presidentes George Bush y Carlos Salinas de Gortari se dan la mano luego de una reunión bilateral en la que se habló del progreso del acuerdo de libre comercio. Julio 14, 1992. Reuters/Gary Cameron

Políticamente, 1988 es también un año clave, no solo por las contestadas elecciones y su sospecha de fraude electoral sino porque la presidencia de Salinas de Gortari se convirtió —para bien y mal— en el nuevo referente político neoliberal ("liberalismo social", como él mismo bautizó a su proyecto). Justo es en el sexenio de Salinas cuando Luis Miguel se consolida como figura internacional.

Luis Miguel se convirtió en el icono por excelencia de esa época del país, de la cultura aspiracional mexicana de la post crisis del '82 y pre tratado de libre comercio.

"Luismi había llegado antes que su país al primer mundo", afirma Daniel Krauze, uno de los guionistas de la serie en un artículo en el periódico El País.

Como bien caracteriza Reina en su artículo para El País:

"Luis Miguel creció en la casa de cualquier mexicano desde principios de los ochenta y todavía no se ha ido. Desde las más humildes hasta las más ricas. Y hay pocas cosas en México que hayan unido más que 'El Sol'. En una sociedad tremendamente desigual representaba lo que todos querían ser: un triunfador".

La importancia del pop mexicano de los 80

Pero Luis Miguel no fue el único que llegó para quedarse, los ochenta nunca se fueron. Lo anterior es muy evidente en el mundo del entretenimiento y el de la política. El auge del pop mexicano de esa década se quedó hegemónicamente desde hace más de tres décadas. El pop aspiracional mexicano que llegó de la mano, no solo de Luis Miguel, también a través de Timbiriche (quienes siguen en gira celebrando los treinta años del grupo), y demás artistas que fueron lanzados a la fama por el icónico programa de televisión Siempre en Domingo y su conductor Raúl Velasco.

Más aún, la mayoría de los mexicanos que han hecho carreras triunfantes internacionalmente empezaron su carrera en Televisa justo en los ochenta. Entre ellos los actores Salma Hayek, Gael García Bernal, Diego Luna, Eugenio Derbez, Eiza González, e incluso los cineastas Alejandro González Iñárritu —que también aparece representado en la serie, siendo cercano a Alemán Magnani y su relación con Mariana Yazbek, exnovia del cantante— Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón (quienes colaboraron en el programa de televisión "La Hora Marcada").

Y políticamente el país se ha quedado instalado en el mismo modelo neoliberal prácticamente desde los ochenta hasta ahora, desde los sexenios de De la Madrid al de Peña Nieto (incluyendo los dos periodos presidenciales gobernados por el PAN).

Corte a 2018:

La narrativa dominante de la elección presidencial de este año en México ha sido la del cambio de modelo. En cierto sentido se ha convertido en un plebiscito de continuidad con el régimen neoliberal (representado por José Antonio Meade y Ricardo Anaya) o una ruptura como lo ha planteado Andrés Manuel López Obrador. La gran cantidad de críticas contra el candidato puntero del partido Morena es sobre el regreso al pasado, justo a ese mismo que cada domingo ha sido ilustrado en la serie como el México de los Durazo y López Portillo, un regreso al pasado preneoliberal, o preluismigueliano.

Con la amplia ventaja que le dan las encuestas a López Obrador y su cada vez más inminente victoria, 'Luis Miguel, la serie', se puede leer como un tipo de epílogo para los gobiernos neoliberales, así como para el poderío de Televisa, su hegemonía en el 'mainstream' mexicano y su relación con poder.

Resulta irónico que esta icónica serie sea producida por Netflix —que en días recientes se convirtió en la empresa de entretenimiento mundial más valiosa en la bolsa de valores, destronando a la poderosa Disney— y transmitida en Estados Unidos por Telemundo (competencia acérrima de Univisión, parte de Televisa).

La ironía es de ida y vuelta, por una parte el hecho de que este hito mediático esté hecho de artistas y talento de Televisa, pero sin Televisa. Y segundo, que este fenómeno se da dentro del neoliberalismo mismo, es decir, se exhibe dentro de un sistema de entretenimiento de pago —y ya no en televisión abierta—, lo cual también delimita los demográficos de su público.

El cambio de rol de los Alemán

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Miguel Aleman Velasco y su espoca, Christiane Martel. Abril 1987 en Francia. (Foto: Laurent MAOUS/Gamma-Rapho via Getty Images)

Alimentando a la ironía, está el hecho de que la serie es producida por la empresa Gato Grande, propiedad de Miguel Alemán Magnani y de Antonio Cué Sánchez Navarro. Alemán Magnani, nieto del expresidente Miguel Alemán Valdés e hijo del exgobernador de Veracruz Miguel Alemán Velasco, fue una cabecilla importante del emporio de Televisa, además de ser del círculo cercano del cantante desde hace muchos años (y también está plasmado en la serie).

Los Alemán —que fueron un nexo muy importante entre Televisa y el sistema político dominante— vendieron sus acciones en Televisa en 1999 para que Emilio Azcárraga Jean se quedara con el control de la televisora tras la muerte de su padre.

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Miguel Aleman Magnani, presidente de Interjet, amigo muy cercano a Luis Miguel desde jóvenes, y productor de la serie de Netflix. Foto: Susana Gonzalez/Bloomberg via Getty Images

Antonio Cué Sánchez Navarro, por su parte es descendiente de los propietarios del Grupo Modelo, y fue presidente y copropietario de Chivas USA. Su esposa, Carla González Vargas, nieta del fundador y presidente del conglomerado mediático MVS, también funge como productora ejecutiva y desarrollo de la serie. Los otros productores ejecutivos de la serie son el también coguionista Daniel Krauze, cuyo padre, el historiador Enrique Krauze, es miembro del consejo administrativo de Televisa; Mark Burnett, presidente de MGM Television y veterano productor entre cuyos créditos se incluyen The Voice, Shark Tank y The Apprentice, que fue protagonizada por quien sería presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Así como José Luis Ramírez, primo de Alemán Magnani y vicepresidente de la línea aérea Interjet; Pablo Cruz, exsocio de García Bernal y Diego Luna en la compañía productora Canana; y los actores Diego Boneta —que interpreta a Luis Miguel y quien también comenzó su carrera como artista infantil en Televisa— y Óscar Jaenada, quien realiza el papel de Luis Rey, papá de Luis Miguel y villano de la serie.

Ante la inminencia de los comicios electorales, la gran pregunta de este 2018, es si México podrá romper finalmente con los ochenta y crear nuevos paradigmas políticos y mediáticos más acordes con las realidades del país, o regresará a una etapa política ulterior. Sea lo que fuere, el estreno de Luis Miguel, la serie, en este momento crucial del país, viene a convertirse en un peculiar recuento de los albores de esta época histórica, que al parecer, está punto de perecer.

Gracias a Naief Yehya, Corey Sabourin y Marco Nuñez.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.