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20/12/2017 5:00 AM CST | Actualizado 20/12/2017 8:42 AM CST

Entre deseos, metas, propósitos y decretos te veas

Jerry Kiesewetter para Stock Snap

El inicio de 2018 está a la vuelta de la esquina y seguramente te habrán tocado enemil conversaciones acerca de propósitos, deseos, metas, objetivos y decretos. La pregunta del millón es: ¿sirve de algo hacer una lista interminable de las cosas que queremos lograr?

Yo de chavita (en secundaria y prepa) era súper aplicada en este tema de los propósitos de año nuevo. Cada diciembre me sentaba y concienzudamente iba mes por mes trazando mis propósitos, realistas y alcanzables. Al cabo de 12 meses te puedo decir que había cumplido más del 80% de mi lista, cosa que me llenaba de orgullo.

Años después perdí el hábito y cuando empecé a estudiar Kabbalah me prometí no volver a hacer "listas tontas". No que no me hubieran servido, ¡se sentía bien tachar la mayoría de mis pendientes mensuales! El meollo del asunto es: ¿me hacían ser mejor persona? Pesar 53-55 kilos, festejar el 15 de septiembre en Las Vegas o tirarme de un paracaídas, ¿me ayudaban a crecer como persona?, ¿a vivir en paz y ser más feliz? Not really.

Hace unos cinco años que mi propósito —último y único— de vida es: vivir en paz, ser agradecida y ayudar a los demás. Lo demás es lo de menos, porque se dice fácil pero se requiere de un gran esfuerzo (espero que no me demanden por andarme pirateando slogans, jijiji).

Ian Schneider para Stock Snap

¿Qué conviene hacer entonces? Según las opiniones de la psicóloga Ingrid López Estrada y la coach de vida Elma Arozqueta, no es que trazarse metas esté mal; es que si no son realistas se corre el riesgo de desmotivarse/frustarse, sobre todo si no dependen al 100% de nosotros mismos. Es decir, ¿de qué me vale, a mí por ejemplo, decretar o agradecerle al universo mi boda de ensueño y mi bebé sano y hermoso en 2018, ¡si ni novio tengo!? Hay que empezar por lo primero, que sería tener la disposición y la actitud de conocer gente, y de ahí arrancar.

La clave, valga la redundancia, es trazar un plan de acción apegado a la realidad. Si quiero el trabajo de mis sueños, lo primero que tengo que hacer es definirlo, actualizar mi CV, concretar entrevistas, etc. Ahora bien, en mi humilde opinión, estas metas —idealmente— las deberíamos trazar semanalmente. ¿Por qué? Bueno, porque a lo mejor en enero yo no quiero emprender mi propio negocio, pero puede ser que en el verano una amiga me lo proponga y suene como una idea seductora y factible. ¿Por qué no aceptar, por qué no aprovechar la oportunidad? ¿Por qué me prometí ahorrar mi aguinaldo y donar el 10% a Fundación Huellitas? Adonde quiero llegar es a la importancia de la flexibilidad y el peligro de hacer listas mal hechas.

Corría el año 2010 cuando, aconsejada por los seguidores de El Secreto, describí con pelos y señales cómo quería que fuera mi próximo novio. Entre otras monerías apunté: 1) que tenga apellido rimbombante, 2) que esté alto, 3) que hable inglés, 4) que haya estudiado en una universidad privada, 5) que tenga casa, 6) no en cualquier zona; en Tecamachalco, 7) que tenga un BMW, 8) que sea viajado, y así.

Siguiente escena, empecé a andar con Héctor (tip: le estoy cambiando el nombre), quien: 1) se apellidaba Yink, 2) medía 1.90, 3) hablaba inglés, 4) había estudiado en el Tec de Monterrey, 5) tenía una casa (muy bonita, por cierto), 6) ¡en Tecamachalco!, 7) tenía un BMW blanco y 8) tenía tres pasaportes llenos de sellos. ¿Sabes de qué me sirvió? ¡DE NADA!

Estoy bastante segura que el dude ERA GAY, con lo cual yo no tendría ningún problema, si no fuera porque me agarró de tapadera durante más de año SIN MI CONSENTIMIENTO. ¿Y sabes por qué no corté, aunque yo a los tres meses ya sabía que la relación no iba para ningún lado? ¡PORQUE HÉCTOR ERA MI LISTA! ¿Cómo podía yo terminar con alguien que el universo me había concedido tal cual lo había deseado? Me tomó 12 meses aceptar mi inmadurez.

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Esto me lleva al punto final de esta reflexión: el PARA QUÉ deseamos o nos proponemos tales o cuales metas. El otro día escuché una reflexión en voz de un locutor de radio que me dejó pensando (da click aquí para leerla). En pocas palabras dice que no nos fijemos en un mapa un punto en específico al cual llegar, sino una dirección, un sentido de vida.

Vivir "sin metas" no quiere decir ser como una veleta que cambia de dirección según el viento. Hay que ser para dónde vamos, pero ser flexibles y estar abiertos a las sorpresas y oportunidades que nos presenta la vida.

En cuanto a esto tengo otra anécdota. Cuando hace algunos años me apunté para la carrera Cinemex, me preguntaron si quería correr 10 o 15 kilómetros. Como estaba poco entrenada, opté por el 10K. Pero el mero día tenía muchísima energía, así que tomé la ruta de los 15K. ¿Sabes qué pasó? Fui la última corredora de mi categoría (¡oso total!) y mi chip no registró los últimos 5K. Eso pasa cuando no confiamos en nuestro potencial. Dicho de otra manera: apunta a las estrellas y llegarás a la luna. Si nos planteamos ir al norte, aunque no lleguemos a la coordenada exacta del polo, cada día estaremos más lejos del sur (y eso también es medible, lo cual motiva).

Por esto y más este año tampoco haré lista de deseos, propósitos, metas o decretos. Mi único anhelo es vivir con paz interior, agradecer lo que soy, tengo y hago cada día, y servir a los demás a través de mis talentos y mi trabajo.

Y tú, ¿qué planes tienes para 2018?

pd. si quieres una agenda que te auxilie en el planteamiento de metas semanales, que al final del día te ayuden a ser más productivo, a vivir más tranquil@ y feliz, da click aquí.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.