EL BLOG
13/03/2018 5:51 AM CST | Actualizado 21/03/2018 12:51 PM CST

De cuando crees que controlas tu vida... y #not

David Straight para Stock Snap

Mi hermano dice que padezco el Complejo de Edipo porque siempre cito a mi papá, pero lo tengo que decir: no conozco en este planeta a alguien con más fe que él. Literal.

Y las veces que se me ha ocurrido pensar que yo también estoy dentro del Top 10 de personas con más fe y certeza, sucede algo que me regresa a la Tierra y me ubica. Tengo muuuucho casos para explicar esto, pero te voy a contar el último.

Corría el mes de octubre cuando recibí una carta de parte del Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán: "Han pasado 25 años desde que fuiste Reina Infantil del Carnaval de Mazatlán, por lo que nos complace invitarte a tu homenaje el próximo 12 de febrero de 2018". ¡¡¿¿QUÉEE DIIIJO??!! ¿A qué hora pasaron 25 años?

No estás tú para saberlo, pero yo sí para contarlo. ENTRÉ EN CRISIS. Auténtica, terrible y escalofriante crisis. ¿La razón? ¡Sencilla! Las conocemos como EXPECTATIVAS.

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Verás. A los 12 años, yo sabía que dos décadas y media después sería objeto de un bonito homenaje. "¿Cómo llegaré?", me preguntaba a mí misma de niña, y por supuesto que respondía: "Casada, con dos hijos (niño y niña), dos perros (un golden y un labrador), viviendo en una casa gigante con un enorme jardín; con un esposo guapísimo, manejando una mamá-van último modelo", blah blah blah.

Nada del párrafo anterior sucedió... al menos no todavía. Entrada en la crisis de no haberle cumplido sus sueños a mi niña interior (¿qué tal el choro que me inventé para validar mi depresión?) recurrí a una psicóloga. "Ingrid", le dije muy seria en la primera sesión, "yo no sé cómo, pero para febrero tengo novio sí o sí o sí". ¡Y sácame de ahí!

Tinderella como soy, conocí a un montón de niños que nada más no me convencían. Luego me presentaron a un cuate con el que salí dos semanas, tras las cuales dije "este es" (¿poooor?). Acto seguido, le compré el boleto de avión a Mazatlán (¿POOOOR?). "Llámame loca", le dije a mi papá, "pero presiento que este es el bueno". ¡Ay, ajá! Dos semanas después lo mandé por un tubo y volví a salir con mi ex. ¡Oh, sí! Como dicen por ahí: tropecé de nuevo y con la misma piedra.

Al susodicho todavía tuve "la cortesía" de decirle que había un boleto de avión disponible para que me acompañara a la gran fiesta; que lo único que requería era cambiarle el nombre (claramente omití el paradero del primero pasajero). Me dijo que no, gracias, y pues ni modo. Así pasa cuando sucede. Dos semanas después dejamos las cosas por la paz... digamos que recordé por qué no había funcionado la primera vez.

El 31 de enero me acosté en mi cama y mirando el techo, empecé a hablarle a la Bianca de 12 años: "Querubina, ¡lo intenté! ¡De veras lo intenté! Salí con un chorro de hombres que ni al caso, malgasté $2,500 pesos en un avión que no se va a usar, le di una segunda oportunidad a un cuate que la neta no se la merecía... ¡De veras lo intenté! Lamento haberte fallado, pero... irás a tu homenaje solita. Trata de disfrutarlo, porque es tuyo y te mereces vivirlo al máximo. Gózalo con tu familia, con tus amigas y contigo misma, ¡GÓZALO!, ¿ok? Don't let me down".

Y listo. Me cambié el chip.

Shopify para Stock Snap

El lunes 5 de febrero viajé a Culiacán y el jueves 8 llegué a Mazatlán para participar en las Fuck Up Nights. Al día siguiente (viernes), mientras comía en mi gran compañía, me metí a Tinder, una app de ligue que he recomendado como si me pagaran (sirva este post para aclarar que no).

– Conozco a todo el mundo en Mazatlán, pensé al principio.
– Eso no es verdad. Ha crecido mucho y llevas muchos años fuera, me autorrespondí.
– Bueno, quizá haya muchachos de Durango o Culiacán, ¡es carnaval!
– Exacto, ¿ves? Puedes conocer gente nueva y para ellos será cool conocer a "una reinita".
– Mira, este "Rodrigo" se ve buena onda... y como que le gusta hacer ejercicio.
– ¡Yei! It's a match. ¡Qué bien! ¿Ya ves? Siempre hay gente nueva por conocer.

El resto es historia. Historia reciente, pero historia al fin.

Después de chatear como ocho horas ese día, nos vimos el sábado a las 11:30 am para ir a la isla en kayak. Al final resultó que a Rodrigo sí lo conocía, pero de lejos. Su hermano y yo habíamos estado juntos en primaria, algo así, y teníamos bastantes amigos en común.

Desde ese día, Rodrigo y yo estamos juntos. No nos volvimos a separar. Ahora somos novios (porque #tradicionales, jijiji, ahora resulta), ¡¡y estamos muy contentos!!

Pero la moraleja de esta #biancaventura, querid@ lector@, no es que Tinder es una buena herramienta para conocer gente o que el Carnaval de Mazatlán es una fiesta increíble. ¡¡Es la (en mi caso falta de) CONFIANZA EN DIOS, el Universo o como tú le llames a Aquello que consideras divino!!

Déjame explicarme mejor: yo pagué 10 sesiones con una psicóloga por el trauma que a mí me representaba llegar soltera a esta fecha; le compré un boleto de avión a un dude que no valía la pena; volví con un ex nada más por pensar que "peor es nada", ¡en fin! Hice una serie de babosadas porque YO QUERÍA CONTROLAR MI FUTURO. Quería controlar lo que iba a pasar, ¡¡y esa es una ilusión!!

Porque al final, lector@ querid@, de nosotros depende la actitud, pero no el resultado. De nosotros dependen muchas cosas, es cierto, pero tenemos que aprender a distinguir cuando la respuesta es "no" (aunque sea un "no" temporal) o cuando no coincide con lo que nosotros anhelamos.

Nos conviene –para vivir más felices y en paz– aprender a distinguir hasta dónde las cosas dependen de nosotros y cuándo es más sano dejarlas en manos de Dios.

Sé que es un tema controversial y que muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero a través de esta historia comprobé, una vez más, que mi vida la dirige una fuerza y una Luz mucho más amorosa, sabia y compasiva que yo;que las cosas a veces no salen como yo quiero, pero no por eso son malas o trágicas (o sea que hay que bajarle al drama de vez en cuando), y sobre todo que al final, es cierto, TODO LLEGA CUANDO TIENE QUE LLEGAR.

Si en este momento estás deseando o buscando algo con ansiedad, prisa, desesperación o añoranza, ¡detente! Sigue intentándolo pero cambia tu conciencia. Trabaja con actitud positiva pero suéltalo; déjaselo al Universo. Si logramos aprender la diferencia entre resignación y desapego, vamos a estar del otro lado. En un lado más feliz, más positivo y con mucha más paz.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.