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16/02/2018 9:20 AM CST | Actualizado 16/02/2018 10:45 AM CST

Cómo conté mis fracasos sin perder el prestigio en el camino

Jad Limcaco para Stock Snap

Sonó mi teléfono.
—Bianca, ¿te gustaría participar en la próxima reunión "Fuck Up Nights" de Mazatlán?
Laaaargo, largo silencio.

Nota:Fuck Up Nights es un movimiento mundial de encuentros en los que emprendedores comparten sus fracasos y lecciones con un grupo de asistentes.

Primero dije que sí, pero que de ninguna manera aceptaría que se transmitiera por Facebook Live. Luego dije que siempre no porque tenía un prestigio que cuidar. Después volví a decir que sí, pero que editaran mi participación (en todas las F.U.N participan entre tres y cuatro expositores). Al final me arrepentí y contesté que siempre sí y que la transmisión no solo la autorizaba, sino que la deseaba. Juro que no soy bipolar, más bien encontré la forma de compartir mis fracasos sin afectar mi imagen en el camino.

Lo primero que me conflictuaba de participar en este tipo de encuentros era la preocupación de "quedar bien" a costa de no conectar con la gente, porque está comprobado: nos identificamos más con personas reales que triunfan y sufren por igual, que aquellos reyes midas que nunca padecen las inclemencias de la vida. La vulnerabilidad es clave a la hora de conectar con una audiencia y yo quería eso. ¿Pero cómo lograrlo sin ponerme un letrero de "loser" en la frente?

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En un principio mi intención era mencionar un fracaso o lección por trabajo, pero me grabé y aquello duró 48 minutos. DEMASIADO. Las intervenciones en las Fuck Up Nights deben durar entre 8 y 12 minutos, ¡menos que un Ted Talk! Entonces decidí enfocarme en lo retador que resultó para mí la transición del mundo Godínez al de periodista freelance.

Lo primero a vencer fue la idea que yo me había hecho de la gente que trabaja de manera independiente: se levanta tarde, escribe cuando le llega la inspiración, puede viajar en temporada baja, va al gym a la hora que guste... ¡Qué equivocada estaba! Ser freelance requiere muchísima organización, planeación y disciplina.

Mis otras regadas de tepache consistieron básicamente en aceptar cuanto proyecto me proponían sin importarme que la remuneración económica fuera acorde al tiempo invertido en la tarea. Esto provocó que más de una vez me sintiera abusada y explotada, un sentimiento que para nada recomiendo en ningún tipo de relación. Y como buena chica que evita las confrontaciones, no hablé a tiempo cuando algo me disgustaba. El resultado: terminé teniendo un colapso nervioso y una vida que para nada era lo que había soñado.

Buena parte de mi hartazgo se debió una sobrecarga de trabajo y a algo que yo percibía como un abuso, lo cual no funcionó. Para mí, la clave de las relaciones exitosas es que para ambas partes sea un ganar-ganar.

¿Cómo salí del hoyo? Lo primero que hice fue consultar a la coach de administración del tiempo, Carolina Ayerbe (@SerEsencialista). Ella me ayudó a identificar cómo invertía mi tiempo, lo cual me dio mucha claridad a la hora de establecer prioridades. Lo segundo que hice fue dejar los proyectos que me parecían un abuso, pues esa energía no suma cuando tu trabajo es 100% creativo. Lo tercero fue admitir mis limitaciones, tanto internas (cansancio, desmotivación) como externas (tiempo), y a reconocer la importancia de la recreación y el descanso, algo que yo había sacrificado durante mucho tiempo. Y lo último –pero más importante– fue aprender a valorar mi trabajo.

Esto último sigue siendo un reto. Todos queremos trabajo, los empleadores lo saben y la verdad es que la mayoría abusa ofreciendo sueldos irrisorios por trabajos que requieren gran cantidad de tiempo y creatividad. Sin embargo, soy una fiel creyente que si nosotros mismos no valoramos nuestro conocimiento, experiencia, talento, entusiasmo y contactos, nadie más lo hará. Hoy prefiero no tener nueve proyectos mal remunerados a uno que de verdad valore lo que tengo para ofrecer. Y ojo, que cuando hablo de remuneración no me refiero solo a billetes, sino a una suma para ambas partes, a un ganar-ganar mutuo.

Gracias al Consejo de Empresarios Jóvenes (CEJ) Mazatlán por hacer realidad uno de mis sueños: balconearme con un noble propósito, que es confesar lo duro que ha sido para mí apreciar mis talentos y dones a fin de compartirlos con lo demás a cambio de una remuneración justa.

Si quieres ver el video de mi participación, da click aquí.

Por cierto que la sesión de preguntas y respuestas estuvo de lo más divertido, ¡gracias a todos los que fueron y participaron! Los llevaré siempre en el corazón.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.