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24/04/2018 7:00 AM CDT | Actualizado 24/04/2018 8:33 AM CDT

¿Atrapado en un hoyo negro? Dos técnicas para salir adelante

Pixabay para Pexels

Siempre me he considerado una persona positiva y optimista, y creo que eso es lo que percibe la gente. Pero la realidad es que no siempre estoy feliz, aunque sin duda lo intento.

En repetidas ocasiones he contado cómo mi amor por la Kabbalah no se debe a un culto religioso ni mucho menos. En este post te conté cómo mi devoción ha sido consecuencia de "veintes" que me han caído desde que estudio esta filosofía, en la que he encontrado respuestas a muchas preguntas.

¿Adónde voy con esto? Corría el año de 2009 cuando regresé un anillo de compromiso. Hacerlo me rompió el corazón, pero sabía que era lo mejor. Obvio, aunque fue una decisión que yo tomé, entré en una depresión marca Acme. Peeeero no lloraba todo el día.

Mi vida –fuera de la situación amorosa por la que pasaba– seguía siendo dinámica y entretenida (trabajaba como coeditora en el periódico Reforma).

Lo que hacía para sacar mi tristeza era agendar un tiempo para llorar. ¡Real!
De 8:00 a 9:30 yoga
De 10:30 a 2:30 trabajar
De 2:30 a 4:00 pilates y comer
De 4:00 a 9:30 trabajar
De 10:00 a 11:00 llorar
De 11:00 a 12:00 leer
De 12:00 a 7:00 dormir
Así más o menos pasaba mis días.

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Mucho tiempo después me enteré que fui muy sabia al hacer esto –no hacer una novela dramática de mi vida entera– y te voy a contar por qué.

Pensemos que Dios, la Luz, el Universo o como le llames a Aquello que tú consideres divino es pura buena vibra. Es AMOR, paciencia, tolerancia, empatía, justicia, paz, felicidad, alegría, buen humor... Es la fuente primaria de los sentimientos positivos, esos que nos hacen expandirnos y ver el cielo más azul.

Cuando estamos felices, contentos, plenos, enamorados, entusiasmados e ilusionados segregamos una cantidad de bioquímicos tan buenos para el cuerpo que hasta la gente lo nota. "¿Y esa cara?", le preguntamos a la novia recién comprometida. "Como que te noto un no-sé-qué-que-qué-sé-yo", le decimos al joven que recién consiguió trabajo. No hay duda: el cuerpo habla.

Incluso la postura nos delata. Cuando estamos contentos y en paz caminamos con la espalda recta, el pecho erguido, la mirada hacia el horizonte; cuando estamos tristes nos encorvamos, bajamos la mirada, la respiración es entrecortada. ¡De energía mejor ni hablamos! La diferencia entre una persona feliz y en armonía y una depresiva o amargada es completamente diferente.

Digamos entonces que la energía del AMOR es una Mac o una estación de radio que se sintoniza en FM. Por otro lado, la energía del MIEDO es una PC o una estación de radio que se sintoniza en AM (puedes cambiar esta analogía según tus preferencias). La cuestión aquí es que una y otra NO son compatibles, no se leen, no hacen click. Lo mismo pasa con nosotros cuando estamos deprimidos o enojados y la energía del amor infinito de Dios.

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Cuando nos ensimismamos en nuestros problemas y nuestra depresión (sea esta del dominio público, o bien, privada) es complicado ayudarnos porque estamos en la cárcel del ego, de esa voz que nos dice que no somos suficiente, que todos se van, que todo se acaba, que nada vale la pena... ¿Cómo escapar de esta prisión? Haciendo dos cosas:

1) Agradecer la luz en la oscuridad: Como en el símbolo del Ying-Yang, en toda luz hay un punto de oscuridad y en toda oscuridad hay un punto de luz, ¡el reto es encontrarlo! ¿Te despidieron del trabajo? ¡Tienes tiempo para estudiar algo que te apasione! ¿Te puso el cuerno el novio? ¡Se ha creado el espacio para que llegue otro amor bonito que te valore y ayude a crecer como persona! ¿No tienes suficiente dinero? ¡Seguro se despierta tu creatividad!

2) Abrazar la incertidumbre con certeza: Suena contradictorio, lo sé. La clave es encontrar ese fino equilibrio entre confiar y trabajar, entre soltar y esforzarse. Tenemos que hacer todo lo posible por aceptar y bienvenir el futuro incierto con entusiasmo, gratitud y sobre todo CERTEZA de que, pase lo que pase, es perfecto. Dios no se equivoca, ¡es Dios!

Debemos saber que la vida solo nos pone las pruebas que podemos superar.

En conclusión, ¡por supuesto que se vale tener "un mal día"! Estar triste, sentir que no nos calienta ni el sol, que no nacimos para amar y nadie nació para mí. Pero entre menos tiempo le demos cabida a esa energía, más posibilidades tenemos de salir adelante rápido. ¡La vida es muy corta como para desperdiciarla criticando a los demás o llorando por las esquinas! Hay que conectar con la gratitud y tomar los problemas, por más difíciles que sean, como lo que son: oportunidades de crecimiento.

Así que en momentos duros, cuando sintamos rencor, coraje, envidia, celos y todos esos sentimientos tan cero agradables (todavía no conozco a alguien que disfrute sentirse así), hay que ver el punto de Luz (Dios) en la oscuridad. ¡Siempre existirá!, basta entrenarnos para verlo.

Finalmente decirte que es justamente esa energía de amor y gratitud la que despertará en nosotros la empatía y el perdón que nos permitirá seguir adelante con una nueva conciencia: TODO ES PERFECTO, LO QUE VIVIMOS ES –¡SIEMPRE!– UNA BENDICIÓN, y por ello hay que estar agradecidos.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.