EL BLOG
16/04/2018 10:00 AM CDT | Actualizado 16/04/2018 12:30 PM CDT

Tu vagina tiene su propio sabor y manda a volar a quien se queje

Ese cuento de que las vaginas tienen que estar frescas siempre, tener sabor a fruta, o a cualquier cosa menos a vagina, tiene que acabar YA.

Quiero que todos sepan de un secreto poco conocido del cuerpo femenino, uno que hasta las mujeres cisgénero guardan celosamente: la vagina tiene que saber (y oler) a vagina.

Seguro ya lo sabías, pero aún así presumes de que tu vagina no tiene ningún sabor. O tal vez, estás en plena farmacia preguntándote por qué hay tantos sprays para la vagina con olorcitos y lubricantes con sabor si se supone que nuestro olor es natural. De cualquier manera, la narrativa de que las vaginas tienen que estar frescas siempre, tener sabor a fruta o a cualquier cosa menos a vagina, tiene que acabar ya.

"¿No preferirías ser de esas chavas con un rico olor y sabor ahí abajo?", preguntan en una entrada de blog antes de lanzar una lista de sugerencias para hacer que tu vagina sepa a postre.

En otro artículo, en Thought Catalog, 13 hombres describen el sabor de la vagina de su novia y dicen que sabe a "helado de fresa" o "a nada". También te venden lubricantes saborizados y las empresas ofrecen suplementos que hacen que tu vagina huela a ensalada de frutas. Los pasillos de higiene femenina están abarrotados con sprays, toallitas húmedas y talcos que tenemos que usar para absorber la humedad y extender lo más posible esa frescura de recién salida de bañarte. Todo esto refleja que tenemos una cultura de vergüenza sobre la vagina.

PeopleImages via Getty Images

Cuando era adolescente, la vergüenza sobre mi vagina se manifestaba en forma de resistencia a que mis parejas me hicieran sexo oral, aún cuando yo me sentía perfectamente cómoda chupándosela a ellos. A mis veintipocos usaba todos los productos Summer's Eve, incluso cuando mi novio me aseguró que no me hacía falta. Mi refri siempre estaba lleno de piñas, porque algún gurú de Instagram decía que comer piña te endulzaba tus zonas íntimas. Y, aunque ahora se me hace un comportamiento extraño, en ese momento me parecía un aspecto fundamental de la feminidad.

Imaginaba que había mujeres descuidadas con su vagina porque solo se la lavaban, en lugar de depilársela, echarle spray y hacer dieta para que supiera rica, como le hacía yo. Tenía dos roomies con sus propios kits de productos de higiene femenina y recuerdo que nos parecía muy bien lo que significaba para nuestro cuerpo: que eso nos hacía mejores parejas.

Pero las vaginas no necesitan ninguna alteración. No necesitan empaquetarse de una manera especial o tener sabor a helado. Y a los hombres, a los que el semen siempre les sabe o medio amargo, o medio dulce o a cloro, muy rara vez se les imponen los estándares absurdos que nos imponen a nosotras. De hecho, reconocemos que a veces van a saber horrible.

La vergüenza vaginal le enseña a las mujeres que sus genitales tienen que ser discretos y florales. Aprendemos a cuidar nuestro sabor, pero también nuestro aroma y la apariencia de nuestras zonas íntimas. Aprendemos que rasurarnos y depilarnos es una parte esencial de la higiene femenina, muy a pesar de la función del vello púbico, que protege la vagina de bacterias y fricción. Y nada de eso es necesario, porque las partes de nuestro cuerpo deberían tener permitido oler, tener el sabor y la apariencia de esas partes del cuerpo. Más que tolerarse tendrían que celebrarse.

Si el concepto de la vergüenza vaginal te parece difícil de creer, piensa en el caso de nuestras abuelas y mamás que nos enseñaban a ponerle talco de bebé a la ropa interior para mantenernos frescas. Las empresas como Johnson & Johnson enfocaron su mercadotecnia de manera súper específica y agresiva a las mujeres de raza negra. Más tarde tuvieron que lidiar con más de mil demandas, cuando se descubrió que el uso de sus productos estaba asociado al cáncer en la cérvix y ovarios.

En muchos sentidos, esto demuestra cómo la creencia de que las vaginas por naturaleza tienen un olor penetrante y, aunado a los estereotipos sobre las personas negras, ayudó a construir la idea de que las mujeres negras en particular necesitaban tomar medidas para alterar su sabor y olor natural. Johnson & Johnson creó la inseguridad en las mujeres y luego la comercializó.

Es lo mismo para las mujeres que gastan dinero en duchas o en vaporizarse el área genital, aunque esas dos cosas pueden ser dañinas. Si nos hacen creer que hay algo malo con las partes de nuestro cuerpo, es fácil justificar prácticas que supuestamente lo solucionen. Aquí hay un pero: no hay nada que solucionarle a nuestra vagina.

Lo que comes sí afecta el sabor de tu vagina, pero no es tan importante.

A menos de que haya infección, las vaginas siempre huelen y saben normal, y lo normal varía. Algunas personas definen el sabor de las vaginas como agrio, mientras que otras dicen que es como avinagrado. Dado que las vaginas son ácidas por naturaleza, a mucha gente le parece un adjetivo adecuado para su sabor. Para mí las vaginas saben a frasco de monedas, pero a mí me encanta el sabor de esas moneditas.

Lo que comes sí afecta el sabor de tu vagina, pero no es tan importante. Según Women's Health, el ajo, el alcohol, la leche, las especias, el brócoli, el espárrago y la carne roja (que están en la mayoría de las dietas) puede afectar el balance de nuestro Ph y cambiar el sabor de la vagina. Las frutas, en cambio, pueden endulzarnos la vagina.

Admito que un poco más de dulzura no está mal, pero no me importa lo suficiente como para priorizar a las vaginas según estas diferencias minúsculas de sabor. Creo que si una mujer tiene una pareja que exija cambios en la dieta y sprays especiales para poder darle sexo oral, sería más fácil simplemente buscarse una nueva pareja. Es mucho menos esfuerzo.

Claro, los olores y sabores desagradables, sí ocurren. La vaginosis bacteriana provoca un olor como a pescado y otras bacterias pueden producir un olor similar o a carne cruda. No digo que no sea importante y si estás muy preocupada, deberías ir con un médico. De otra manera, si te bañas todos los días tu vagina probablemente huela y sepa bien.

Tenemos que dejar de esperar que nuestras vaginas tengan el sabor y olor de golosinas. Ese es una estándar irreal para nuestro cuerpo y evita que celebramos y disfrutemos nuestras vaginas en su estado natural. Te lo dice alguien que tiene una vagina y ha probado algunas otras: su olor es menos ofensivo de lo que nos han hecho creer.

Este artículo fue publicado originalmente en Bellesa.co, retomado por 'HuffPost' Canadá y posteriormente fue traducido.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.