EL BLOG
30/11/2016 12:43 PM CST | Actualizado 30/11/2016 12:44 PM CST

Los tuits de Trump revelan la mente de un niño petulante

Getty Images

"Tengo un gran cerebro", dijo Donald Trump durante su campaña presidencial de 2016. Pero... bueno, la más simple mirada a su cuenta de Twitter revela que su cerebro es muy diferente a lo que pregona y que más bien corresponde al de un preadolescente irritable.

Su actividad más reciente en la red social prueba que este exitoso candidato presidencial es desconcertante en cuanto a sus autoengaños y que es proclive a las rabietas. En él, están ausentes la razón y el tacto; en cambio, abunda el espíritu de venganza y las disputas mezquinas. Es impresionante pensar que el futuro de la potencia más influyente del mundo esté en estos dedos pre-adolescentes y agitados.

Seguir al presidente electo en Twitter es echarle un ojo al abismo. Esta fue su reacción a la muerte de Fidel Castro la semana pasada:

"¡Fidel Castro está muerto!"

Este es un tuit escalofriante. En muchos niveles. Es sencillo, pero no es claro. Los signos de exclamación son reveladores, pero ambiguos. ¿Es regocijo? ¿Es sorpresa? ¿Está queriendo subrayar shock o alegría?

Con Trump, y que dios nos ayude, cualquier cosa es posible.

Este tuit, como muchos otros, parecen producto de la mente nerviosa de un cerebro juvenil. Solamente le falta un "oh, dios mío" a su chillido de emoción al aporrear el teclado con su reacción ante la noticia.

Durante la campaña electoral, Trump fue elogiado por su espontaneidad y por su comportamiento en directo y sin ensayos. Pero esto solo se debía a que el público estaba harto de esos políticos que se ponen a pontificar. En realidad, cualquier cambio leve que asemejara un esfuerzo de comunicación humana hubiera recibido una cálida bienvenida. A tal punto que muchos se hicieron de la vista gorda ante el alarmante contenido de su discurso pues era tan reconfortante escuchar a alguien que simplemente decía lo que pensaba.

Sin embargo, en la escena mundial, se requiere por lo menos un poco de diplomacia a la hora de responder a determinados eventos relevantes. El Donald, simple y sencillamente, carece de esta habilidad. Tener a este individuo tan grosero y despistado en la Casa Blanca señala un futuro devastador.

De la misma manera que un niño, pero sin nada de su ternura, Trump también demuestra tener una carencia de autoconciencia.

Hace unos días estaba negociando un encuentro con los líderes del New York Times, un diario que, a la luz del video sobre sexo de Trump y Billy Bush y las crecientes acusaciones de abusos, articuló su seria preocupación respecto a la calidad del candidato republicano.

El presidente electo, de manera imprudente, informó a sus seguidores en Twitter que:

"Cancelé mi reunión de hoy con el fallido @nytines porque los términos y condiciones del encuentro se cambiaron de último minuto. No es educado"

"Los términos y condiciones del encuentro se cambiaron", se quejó Trump. "No es educado", añade el niño-hombre chillón mientras patalea y azota su camioncito de juguete contra el piso.

Y así, regresemos a un par de meses a las promesas del presidente electo.

Utilizando Twitter como su medio favorito, Trump aseguró a sus seguidores que: "Vamos a construir un muro" y que "México va a pagar por el muro".

Pero... los términos y condiciones cambiaron.

En los debates presidenciales, señaló a Hillary Clinton y prometió "nombraré un fiscal especial para que revise su situación".

Pero... los términos y condiciones cambiaron.

En su sitio de campaña aseguró "en el primer día de la administración Trump pediré al Congreso que tire por completo el Obamacare".

Pero... los términos y condiciones cambiaron.

Así es. Hay una regla para el New York Times, que pretendía fijar las condiciones básicas para un encuentro cara a cara, pero otra totalmente distinta para el tipo que hace pronunciamientos grabados sobre algo infinitamente más importante: la dirección futura de la nación más poderosa de la Tierra.

Con Trump, como con el niño en crecimiento que olvida lo que ha dicho o que cambia sus frases pasadas por algo nuevo, las palabras simplemente son objetos que se arrojan, ruidos guturales que se profieren y se retiran al instante. Él es inmune a la importancia del lenguaje, excepto cuando se utiliza para criticarlo.

Entonces es cuando sí lastima.

Lo vimos durante las giras de campaña cuando un enfurecido Trump se sacudió a sus acusadoras en los casos de abuso sexual, tildándolas de "horribles, horribles mentirosas". Apenas unos días antes, había sostenido que las acusadoras de Bill Clinton eran faros de la verdad. Esta tremenda hipocresía es en verdad alucinante.

Infantiloide, Trump es ultrasensible a la crítica, pero inmune al desmadre que provocan sus arranques agresivos. En el mundo preadolescente de Trump, lo que más abundan son los dobles estándares .

En retrospectiva, podemos ver que sus propuestas recicladas a una nación ilusionada no eran sino simples fantasías, frases inflamadas para enganchar a los electores para que lo ayudaran a llegar a la oficina oval. Pero no hay principios, no hay una filosofía que ilumine... solo falsas intenciones y una retórica vacía. Lo que un día se pregona como una política concreta, al otro se avienta al bote de basura de la historia.

Sorprendente. Enloquecedor. Potencialmente desastroso... Con Trump nunca sabemos dónde estamos parados.

Claro, muchos respirarán con alivio cada que las promesas de las políticas tóxicas de Trump señalen algún tipo de compromiso o que de plano se reviertan. Sin embargo, se trata de un territorio peligroso y para la política, se trata de un elemento revulsivo. Es evidente, claro, que los políticos mienten, pero a menudo se les llama a cuentas. Trump, inclusive antes de tomar posesión, ha dejado atrás los pilares divisorios sobre los que fue elegido... y, de cualquier modo, masculla con enojo su rechazo a los escrutinios, llamándolos mentiras de los "medios tramposos".

Trump tiene la columna vertebral de una amiba y la piel de un camaleón. Las palabras ponzoñosas se escupen y luego se pudren en la tierra donde caen. En Twitter, y en todos lados, estas palabras permanecen y dan testimonio de un presidente electo a quien evidentemente se le olvida el poder del lenguaje.

Y claramente no tiene "un buen cerebro". Está empantanado en su desarrollo rezagado, un pequeño abusador que de pronto tiene el trabajo más relevante y que puede decir lo que le plazca sin que nadie tenga una idea de qué es lo que quiere decir.

Este artículo fue publicado originalmente en The Huffington Post Reino Unido.

También te puede interesar:

- Los ganadores y los perdedores de la política exterior de Trump

- Para el papa Francisco, la retórica de Trump es una forma de terrorismo

- Trump y los paraísos fiscales

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.