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01/03/2018 7:00 AM CST | Actualizado 01/03/2018 8:46 AM CST

En serio, ¿más hidrocarburos?

Shutterstock / Calin Tatu

Vamos empezando el año y ya llueven las noticias sobre los nuevos avances del gobierno en la entrega de parte del territorio nacional para la explotación de gas y petróleo. En enero se publicó la convocatoria para licitar 37 áreas terrestres que afectan, principalmente, a los estados de Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz y Tabasco. En febrero, se llevó a cabo la adjudicación de 29 áreas en aguas profundas del Golfo de México a nueve empresas extranjeras y dos mexicanas, entre las cuales se encuentra Pemex.

Por su parte, en febrero el Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, anunció los planes de abrir la primera licitación de hidrocarburos no convencionales, cuya explotación requiere fracking, enfocada en Tamaulipas. Este anuncio lo hizo tan solo unos días después de que se celebrase, en este mismo estado, el Foro "Oportunidades y desafíos en el desarrollo de petróleo y gas de yacimientos no convencionales" organizado por el gobierno federal y el gobierno local. Finalmente, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) informó que este 1 de marzo se llevará a cabo la publicación de esta licitación.

Llama la atención y alarma que, en un panorama mundial en el que debemos tomar medidas urgentes para enfrentar el cambio climático y sus consecuencias −lo que pasa por reducir emisiones y evitar un aumento de la temperatura global por encima de 1.5 grados centígrados−, el Estado mexicano siga impulsando y promoviendo la extracción de más gas y petróleo. El uso de estos recursos para la generación de energía es la principal causa del calentamiento global; que, en el caso de los no convencionales, se agrava debido a que el fracking emite grandes cantidades de metano, gas de efecto invernadero con graves consecuencias en el corto plazo para el aumento de las temperaturas. Si queremos realmente atender este desafío, como se han comprometido México y cientos de países en el Acuerdo de París, 84% de las reservas de estos recursos a nivel mundial deben quedarse sin extraer y, por supuesto, sin quemar. Los planes y acciones del gobierno no parecen ser muy coherentes con estos compromisos y obligaciones.

La extracción de gas y petróleo, además de las afectaciones al clima, tiene efectos muy palpables para los territorios donde se realiza.

Por otro lado, los anuncios sobre las intenciones de extraer hidrocarburos no convencionales en Tamaulipas han generado gran alarma, derivada de los impactos negativos que el uso del fracking conlleva para el agua y la salud de la población e, incluso, por el riesgo de aumento de actividad sísmica asociada al depósito en el subsuelo de las aguas residuales generadas por esta actividad. Y es que, la extracción de gas y petróleo, además de las afectaciones al clima, tiene efectos muy palpables para los territorios donde se realiza. Lo que implica también la competencia por el agua para otros fines, como el consumo humano y la producción de alimentos.

Como respuesta a esta alarma, el gobierno alude una y otra vez a la publicación, el año pasado, de las regulaciones en materia de seguridad industrial y protección al ambiente, de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), y en materia de protección y conservación del agua, de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Señalan que, gracias a las mismas, el fracking se podrá realizar de manera "segura" en el país. Esto cuando la experiencia internacional muestra que el único fracking seguro es el que no se realiza. Además, el análisis de estos documentos regulatorios evidencia que están lejos de representar una garantía para disminuir algunos riesgos e impactos, ya que dan amplio margen de maniobra, toma de decisiones y discrecionalidad a las empresas para aplicar e informar sobre las medidas contenidas en los mismos.

En palabras de Roberto Ochandio, ingeniero petrolero con larga experiencia en esta industria, estas regulaciones están hechas a medida para las empresas, quienes "crean el problema y, al mismo tiempo, ofrecen la solución que más se ajusta a su conveniencia, es decir, la explotación con controles; a sabiendas que limitaciones presupuestarias, falta de capacidades de funcionarios y operarios y falta de voluntad política, sumado a corrupción generalizada, evitarán la aplicación de cualquier control efectivo". Motivos por los que considera que, "estos documentos, por sí mismos, no pueden evitar los efectos negativos de la explotación de hidrocarburos".

Desde Fundar y la Alianza Mexicana contra el Fracking seguiremos insistiendo en que la explotación de hidrocarburos no tiene futuro y que es fundamental cambiar la senda fósil y avanzar hacia otras formas de generar energía que sean sostenibles y respeten los derechos humanos. En este camino, la prohibición del fracking es un paso necesario e ineludible que debe darse con urgencia y con el cual el Estado mexicano mostraría su compromiso real con el cambio climático. Lo demás, si no, se quedará en mero discurso.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.