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30/05/2018 12:00 PM CDT | Actualizado 30/05/2018 1:27 PM CDT

Con AMLO, ¿se acabó la disidencia?

ÁNGEL HERNÁNDEZ / CUARTOSCURO.COM
"Me impacta la ausencia de crítica y el uso de mentes brillantes para justificar cualquier declaración de AMLO, por absurda que parezca".

Nos despertamos hoy, a casi un mes de las elecciones, confirmando lo que ya casi todos sabemos: a no ser que pase algo extraordinario, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será el próximo presidente de México. La más reciente encuesta de Reformaindica que tiene 52% de intención de voto contra 26% de Ricardo Anaya y 19% de José Antonio Meade.

Al mismo tiempo, esta encuesta reporta que 77% de los encuestados desaprueba el trabajo de Peña Nieto, 64% percibe que su situación económica empeoró y 82% sentimos que la inseguridad ha empeorado.

La indolencia del PRI y del PAN y la insensibilidad e indiferencia de sus sexenios hacia las y los disidentes y críticos del sistema y, sobre todo, hacia las necesidades reales de la población ha generado no solo enojo y hartazgo, sino una profunda necesidad de venganza. El sentimiento que está impregnado en la piel es el de la traición: los partidos en el poder han sido incapaces de gobernar y de cumplir medianamente con lo que prometen. Nos han traicionado y nos han fallado: han sido incapaces de lograr una transformación real del país y de generar un impacto verdadero en nuestra vida cotidiana. Se han servido a sí mismos, se han enriquecido, se han llenado de poder sin saciarse y nos han olvidado.

El sentimiento que está impregnado en la piel es el de la traición: los partidos en el poder han sido incapaces de gobernar y de cumplir medianamente con lo que prometen.

El precio de su indolencia es la venganza de hacerles pagar todos sus olvidos y de restregárselos en la cara. Y, cuando un sentimiento tan extremo se apodera de un ser humano, es casi imposible abrir espacio al razonamiento. La pasión se impone sobre la razón y entonces se abre el espacio para el fanatismo.

No solo entiendo, sino que comparto la rabia en contra de un régimen que se ha quedado más que corto para gobernarnos. En ese sentido, comprendo perfecto por qué muy probablemente gane AMLO. Lo que no comparto es el nivel de fanatismo para defenderlo, para pensar que es prístino, casi intachable en su conducta y casi un ejemplo a seguir. ¿Cómo pueden justificar sus alianzas con el Partido Encuentro Social (PES), con Napoleón Gómez Urrutia, con Elba Esther Gordillo? ¿Cómo pueden justificarlo cuando acaba de declarar que la Suprema Corte no ha resuelto nada a favor del pueblo de México?

Comprendo perfecto por qué muy probablemente gane AMLO. Lo que no comparto es el nivel de fanatismo para defenderlo.

Me impacta el fanatismo, sin importar la máscara que lleve puesta. Me impacta la ausencia de crítica y el uso de mentes brillantes para justificar cualquier declaración de AMLO, por absurda que parezca. Su equipo de campaña y sus seguidores, abiertos o velados, lo justifican, lo defienden y evaden los cuestionamientos, como si criticarlo fuera un pecado. ¿Qué pasará con los críticos del sistema una vez que López Obrador llegue al poder? ¿Se callarán, lo justificarán todo, darán saltos mortales con tal de explicar lo inexplicable? ¿Se convertirán en lo que tanto han odiado?

Pasa un fenómeno especial que he visto repetirse una y otra vez con la gente que puede acercarse un poco al poder. La idea del poder –y no el poder en sí mismo– los enloquece. Sentir que tienen derecho de picaporte, sentirse cercanos, importantes, considerados y victoriosos, después de tantas derrotas, les hace perder la cabeza. Les hace guardar silencio, cuando en privado y en cualquier otra situación, hubieran criticado hasta el cansancio y alzado sus voces. Sus mentes se han convertido en fusiles de la batalla fanática por el poder, a costa de lo que sea. Y ahora, se convertirán en los miembros del sistema, articulando argumentos para defender ideas, proyectos y declaraciones que no siempre, pero muchas veces, parecen indefendibles.

¿Qué pasó entonces con la disidencia? ¿Qué pasó con la crítica? ¿Qué pasó con la capacidad de reflexión? No estoy diciendo que no voten por él ni tampoco expreso un odio irracional hacia él, como muchos otros que se encuentran parados en el otro lado del fanatismo. Lo único que pienso y que voy a seguir defendiendo, en privado y públicamente, es nuestro derecho a criticar y a disentir con el casi próximo presidente de México.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.