EL BLOG
14/09/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 14/09/2018 6:00 AM CDT

Cápsulas de amor, dolor y miedo

Enfrentar nuestro dolor puede ser un primer paso a la liberación de nuestros miedos.
Fertnig via Getty Images
Enfrentar nuestro dolor puede ser un primer paso a la liberación de nuestros miedos.

Hace un año empecé a escribir este blog. Y, hasta hace un par de meses todo parecía fluir más que bien para escribir una colaboración cada cierto tiempo. Pero he de confesar que estos últimos dos meses la inspiración no me llegaba. Abordar algún tema específico me parece incluso un poco cansado, por no decirles que no tenía ni tantitas ganas de hablar de política después de las elecciones... porque ¡qué cansancio!

Luego, me di cuenta de que no me faltaba inspiración, sino que estoy viviéndola. Estoy experimentando nuevas experiencias y descubriendo una libertad que nunca había sentido. Una libertad con algo de miedo, debo decir.

Hace no más de una semana descubrí que todavía tenía el duelo de una relación pasada e importante clavado en el corazón. Cuando ese hombre se fue, se me acabó la vida. Se me acabó la alegría, la esperanza, el deseo de vivir inmensamente. ¿Se acuerdan de Carrie Bradshaw en la película de Sex and the City en su Mexicoma en Los Cabos? Ándenle, así merito, así de "no me quiero levantar y no quiero seguir".

El dolor era impresionante y lo único que pude procesar en aquel tiempo fue algo que me repetí por años en mi mente: "sácate adelante, sigue, no permitas que esto te derrumbe y, pase lo que pase, no destruyas tu vida". A pesar de todo, no me salió tan mal, pero nunca tomé el tiempo de entender y aceptar verdaderamente que esta pérdida me había lastimado en lo más profundo. Había encapsulado el amor... el dolor... y el miedo a perder de nuevo.

¿Por qué no había dejado que ningún hombre se acercara más de "lo debido" a mi corazón? ¿Por qué dejé algunas relaciones a los tres o cuatro meses con una convicción inaudita de que era lo mejor porque "no debía seguir saliendo con ese tipo de hombres"? Porque me dolía, me espantaba y quería salir corriendo cada vez que alguien tocaba esa herida. Tenía una huella que me controlaba. Una huella que me hacía reaccionar sistemáticamente ante la posibilidad del fracaso y del final.

Mi condicionamiento al "deber ser" de las relaciones de pareja. Mi condicionamiento a que las cosas sean de cierta forma para sentirme "seguro" (aterrado en realidad, pero "seguro").

Pero tenía algo más peligroso instalado en mi cerebro que tiene la fascinante y odiosa tendencia a reaccionar como perro de Pavlov. Mi condicionamiento al "deber ser" de las relaciones de pareja. Mi condicionamiento a que las cosas sean de cierta forma para sentirme "seguro" (aterrado en realidad, pero "seguro"). Mi condicionamiento a pensar, como el 90 por ciento de la población o más (obvio, no tengo el dato exacto, pero podría jurar que ese es el porcentaje) de que las relaciones son lineales y algebraicas.

Elaboro: "si me habla, le gusto"; "si no me habla, no le gusto"; "si le mando mensaje... debería responderme de inmediato"; "debería escribirme en la mañana y en la noche"; si no lo hace... "algo anda mal"; "yo debo escribirle, debo verle (aunque no quiera o tenga otras cosas que hacer), debo sonreír, siempre estar bien, compartir solo lo mejor".

¿Será de la nada que nos decepcionamos tanto de algunas personas o relaciones o será más bien que tenemos tantas ideas preconcebidas sobre la forma en que "debemos" comportarnos y en la que "deben" comportarse los otros que, de repente, se convierte en una obligación, en una imposición y, al final, en una relación que se basa y se construye a partir del miedo, en lugar de construirla a partir del amor, la confianza y la comprensión.

¿Se oye bien facilito y romántico, verdad, corazones? "Construir a partir del amor, la confianza y la comprensión"... I know, suena fácil... pero NO lo es ni tantito. Salirnos de las convenciones sociales, de lo aprendido en casa, de lo que dicen nuestros cercanos y de las convicciones de cada persona que intenta ayudarnos o "aconsejarnos" (aunque no se los pidamos) puede ser una labor extenuante.

A veces tengo la impresión de ser una computadora llena de códigos implícitos sobre lo que significa ser educado, considerado, con carácter, determinante o sobre lo que significa querer y ser querido.

Y eso no es lo único: además hay que aprender a escuchar la voz de uno, para darle fuerza y poder, y con ello correr el riesgo de ser auténtico. Porque, en una sociedad como la nuestra, y en el tipo de relaciones que es "nuestro deber construir", es un verdadero riesgo ser auténtico.

A veces tengo la impresión de ser una computadora llena de códigos implícitos sobre lo que significa ser educado, considerado, con carácter, determinante o sobre lo que significa querer y ser querido. Una base de datos gigantesca que me indica qué hacer y qué no hacer en ciertas situaciones y en ciertas relaciones, aunque ni relaciones sean... mecanismos concatenados que "me ordenan" cómo actuar de manera inmediata para defenderme.

Y, más bien, muchas veces voy por la vida con un escudo que nadie puede atravesar... a veces, ni siquiera yo mismo. Lo único que hace ese escudo es proteger y engrandecer el miedo: producir cápsulas de dolor, temor y odio. Así que hoy escribo con la intención de bajar los escudos y las espadas que me protegen para correr el riesgo de desencapsular lo que verdaderamente siento.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.