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02/08/2018 12:00 PM CDT | Actualizado 02/08/2018 1:21 PM CDT

El respeto a la diversidad: el padre Solalinde y su búsqueda en un libro (parte 1)

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El padre Alejandro Solalinde (AS) es, en palabras del editor Edgar Krauss (EK), "el padre más querido de México". Y lo dice sentidamente, como un ciudadano, más allá de que haya publicado recientemente la biografía Revelaciones de un misionero: mi vida itinerante, un libro de 400 páginas que escribiera Alejandro Solalinde en coautoría con la periodista Karla María Gutiérrez (KMG).

Les pedí a los tres que nos reuniéramos en Hostería La Bota para conocernos y hablar sobre esta obra, las sensaciones que provocó su hechura, los objetivos de su publicación apenas a unos días de su lanzamiento. La tarde calurosa y el cielo abierto fueron el marco para celebrar una larga charla, por demás muy tranquila y llena de camaradería, en la cual el padre compartió a detalle parte de sus experiencias en el proceso de relatar su vida, pero también otros menesteres. Aquilato su amabilidad y el momento tan plácido que cubrieron la siguiente entrevista.

ACG: ¿Cómo es que se siente en estos momentos, cómo lleva el momento histórico en que nos hallamos insertos?

AS: Vivimos en un momento ciertamente importante, es más, crucial, en el que por mi parte estoy decidido a echar el resto. El pueblo ya habló y quiso el cambio: un cambio real, que no simule una transformación, que no se trate de cambiar para no cambiar, porque no se puede ya engañar al pueblo otra vez. Al pueblo le darán el cambio porque se lo darán.

ACG: Claro, no se puede más. La gente espera una transformación profunda, severa. Diría yo nunca vista, trascendental.

AS: Claro. No es simulación. Otras veces se hizo el simulacro del cambio para conservar privilegios, dinero, para conservar todo el poder y seguirle dando al pueblo la misma nada. Y eso ya no puede ser. En verdad que no concibo cómo los poderosos no sienten al pueblo, no se dan cuenta en dónde andan, dónde respiran, en qué esferas caminan, en dónde están metidos que no sienten el hambre, la inseguridad, la muerte.

En cuanto a los sacerdotes, yo ahorita puedo decir que soy un sobreviviente. De verdad. Porque solo Dios sabe todas las veces en que me he librado. Y yo mismo digo al espejo: 'Estoy vivo todavía'. Estoy consciente de la fragilidad y por eso me siento solo. Pero no solo afectivamente. Me siento solo en la misión, porque aquí deberían mostrarse más los pastores cuidando a su pueblo. Hay tantos robos y muerte, despojos acechando a los pueblos de México, y ellos están tan tranquilos, sacando tristes documentos que nadie lee. Y me digo a mí mismo que yo tengo la responsabilidad, pero es algo duro.

En ocasiones me sigo sintiendo aquel chavo de barrio que no ha perdido su conciencia de clase, porque yo soy de abajo, amo a mi gente y me siento muy orgulloso de ser de barrio, pero sobre de mí cae esa responsabilidad de cuidar toda la riqueza humana, cultural y espiritual que Dios me ha dado. Siento en mí la responsabilidad de poner mis recursos vitales al servicio de la gente. Porque en este momento yo no pienso en mi vida, pienso en la gente. Y si este sistema piensa engañarnos una vez más, yo le digo que no se la va a acabar.

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Edgar Krauss, Alejandro Solalinde, Karla Maria Gutiérrez y Antonio Calera-Grobet.

EK: Oigan, quisiera hacer una pregunta que es para los tres, Antonio, Karla, padre Solalinde: ¿qué pasa y pasará con los periodistas, con los intelectuales, con los escritores que en muchas ocasiones han sido cómplices de este sistema de las cosas tan corrupto y prepotente?

Y yo dije: "No. Yo no quiero una parroquia: soy un misionero itinerante".Alejandro Solalinde

KMG: Antes que nada, gracias por esta invitación a la entrevista, a compartir el alimento. En mi consideración, creo que es un tema fundamental. Porque cuando el periodismo se vincula con el negocio, la empresa, cuando ya hay intereses económicos de por medio en el tema de la difusión de la información, ya hay un gran conflicto. Porque vas a desechar ciertos contenidos o temas de acuerdo a los intereses de la administración de los medios a los que te afilies. Hay una tremenda corrupción en el gremio de los comunicadores y esto ha creado un círculo de vicios fomentado desde el gobierno. Se paga a ciertos medios para tener control de sus contenidos. Si te pago, no me pegas.

Nuestra responsabilidad como comunicadores es indiscutible. Más allá del tema de la objetividad o la subjetividad propias del oficio (porque finalmente hay una mirada con una experiencia y un universo simbólico que te rodea y condiciona la forma y la tendencia de lo que comunicas), nuestro fin no debería ser la remuneración, la búsqueda de poder por compadrazgo. Ciertamente es un camino muy complicado en las altas esferas de los medios "oficiales".

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AS: Alguna vez en Roma, en el papado de Benedicto XVI, le pregunté al encargado de la casa general de los dominicos en toda América Latina que cuál era, en esos momentos, el reto principal de la iglesia católica. Me contestó una palabra chiquita: "La fe". Tener fe es lo que falta. ¿Qué me estaba diciendo? Que el problema del Vaticano, nuestra máxima autoridad, era no tener fe. Yo tomé el café que compartíamos, me despedí y me fui caminando hasta la casa de las dominicas, donde estaba hospedado.

En categoría de zombi, porque no podía creer que una persona de esa jerarquía me hubiera dicho que la iglesia, que es el símbolo de nuestra fe en Roma, había perdido la fe. Inmediatamente empecé a preguntarme y responderme. Pensé que sí, que de unos años para acá habían perdido la fe. Porque no se puede creer en la gente y en Dios teniendo tanto dinero y poder. Entonces la iglesia de hoy me preocupa porque la jerarquía católica debería entusiasmarnos, estar apasionada por la misión de Jesús y no lo está.

Es el colmo que a estas alturas una persona como yo, que está interesada en la misión y que está urgiéndolos para que hagan una misión no sea escuchada, la miren y la traten mal. He platicado esto cuando vino "Aparecida". "Aparecida" es la Quinta Conferencia Episcopal Latinoamericana y son importantísimas las conclusiones que ahí se sacaron. Ahí estaba Benedicto XVI y estaba Jorge Mario Bergoglio. Dijeron: "Estamos muy mal en el ver". La metodología debería trabajarse con base en ver, pensar y actuar. Ellos hicieron una autocrítica, para mí la más sincera y completa que se ha hecho dentro de la iglesia católica recientemente.

Se habló del clientelismo, el centralismo y el clericalismo, todos los vicios existentes ahí los reconocieron. Dijeron: "Estamos tan mal que de plano declaramos a la iglesia zona de desastre". Esto, en términos religiosos quiere decir: "Nos vamos a declarar en estado permanente de misión". ¿A qué se refieren? Una misión quiere decir que van a remover todo y entonces hacer un mea culpa y empezar de nuevo. ¿Qué pasó? Que no lo hicieron. Hubo algunos que ejecutaron una "misioncita" para taparle el ojo al macho, pero en verdad no hicieron nada.

La iglesia de hoy me preocupa porque la jerarquía católica debería entusiasmarnos, estar apasionada por la misión de Jesús y no lo está. Alejandro Solalinde

Entonces en aquellos años, recuerdo que me entusiasmé mucho. Tuve el documento, lo leí, lo volví a leer, lo releí porque a mí me pareció de sobra importante. Lo cuento porque yo le dije a mi obispo de aquel entonces: "Oiga, ¿vamos a lanzar la misión continental?". Me contestó que no. Yo refuté: "Pero los documentos de "Aparecida" piden que lo hagamos, hágalo, hagámoslo aquí en Tehuantepec. Debe hacerse urgentemente". Me volvió a contestar que no. Con mis compañeros sacerdotes yo insistía en la misión. Me preguntaban qué era eso porque nadie lo sabía. Al final la declararon, pero por compromiso. Dijeron: "Nos declaramos en estado de misión y haremos mucha oración, seguiremos haciendo lo mismo, nada extraordinario, nomás que hagan mucha oración y ofrézcanse a Dios". Yo debatí: "Eso no es una misión. Pronto yo acabaré mi misión con el Episcopado Mexicano, permítanme ayudar, yo quiero organizar la misión aquí en la Diócesis".

Me siguieron diciendo que no, pero ahora algo más: "No, pero qué bueno que nos dices que ya vas a terminar con el Episcopado Mexicano y que ya vas a regresar de tiempo completo aquí, porque te vamos a dar una parroquia". Y yo dije: "No. Yo no quiero una parroquia: soy un misionero itinerante". Quisieron presionarme. "La tomas o te vas". Así de plano me lo dijeron. Eran los tiempos del movimiento "YoSoy132" y los medios presionaron para apoyarme. Por fin me dijeron: "Haz lo que quieras, pero ya no vengas. Haz lo que se te pegue la gana". Y me dieron permiso pero sin entenderme. Por miedo. Ya no se metieron conmigo y aceptaron, pero mi credencial de sacerdote me la han negado. Yo tengo mi licencia como todos porque no hay motivo para que me suspendan.

Me preguntaba por esos días y me pregunto: ¿O sea que no me darán permiso de vivir el evangelio?, ¿de vivir mi vida como Jesús? ¡Iré a ver al papa y le voy a preguntar si me deben o no dar permiso de ser misionero como Jesús y a ver qué pasa! Así fueron las cosas por aquellos años y nunca se hizo nada. Simplemente porque les falta vocación.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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