EL BLOG
20/06/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 20/06/2018 6:00 AM CDT

'Muero' por decirle "sí" a alguno

HuffPost Mexico
Va a ser Meade. No, no puedo. Va a ser AMLO. No. Definitivamente no. Entonces tiene que ser Anaya. No. Menos.

Hasta hace un par de semanas creí que no podría votar. Me había registrado para hacerlo desde España, pero por problemas con los documentos parecía que no recibiría mi boleta.

Sentí un peso enorme sobre los hombros cuando llegó ese sobre con el sello de "Extremadamente Urgente" y mi nombre. Me había acostumbrado a la idea de que, a pesar de haber hecho todo lo que estaba en mis manos, votar no iba a ser una opción. No tenía que elegir. Podía esperar los resultados con la ligereza de quien sabe que no tuvo nada que ver con un delito. Y de repente no solo podía votar... tenía que hacerlo.

Va a ser Meade. No, no puedo.

Va a ser AMLO. No. Definitivamente no.

Entonces tiene que ser Anaya. No. Menos.

Repito esas tres líneas –nos más, nos menos– una y otra vez cada que me atrevo a recordar que es mi responsabilidad votar y que para hacerlo tengo que elegir entre semejante oferta.*

Hay, por lo menos, una razón decisiva por la que elegir a cada uno de ellos me convertiría en una incongruente. De AMLO, el PES; de Anaya, su tan evidenciada desconexión con la realidad y sus tratos con el Frente Nacional por la Familia; de Meade, su partido y quienes están a su alrededor. No son (ni de cerca) las únicas razones, pero son las únicas en las que necesito pensar para, una vez más, decir "No".

Y para ser franca, estoy harta de hacerlo.

Me urge verlos humildes, derrotables, evidenciando que aun fuera de la competencia les importan los temas de los que los estamos obligando a hablar.

En este punto, a un par de días de tener que enviar mi voto, lo único que quiero es que uno de ellos me dé una razón lo suficientemente grande y con la suficiente seguridad para que su "No" se haga más pequeño. Una sola, triste, pero tangible cosa. Me muero por decir "Sí".

Candidatos: Soy Luis Miguel rogándole a Mariana que le mienta. Jamás he tenido más ganas de que alguien me convenza de algo, de lo que sea menos de lo que me ha convencido hasta el momento... y no le están echando ganas.

Están tan perdidos en una realidad alterna en la que la contienda es todo lo que existe que sus propuestas no son claras. Parecen incapaces de ver más allá del 1 de julio. Parecen incapaces de ver más allá de la meta de ganar. Me urge verlos sinceros, me urge verlos cometer errores honestos, me urge verlos humildes, derrotables, evidenciando que aun fuera de la competencia les importan los temas de los que los estamos obligando a hablar. Me urge ver que pueden ser genuinos, que les importamos nosotros y no solo la silla. Si los veo atacarse entre ustedes una vez más voy a quemar mi boleta.

Pero no. Ese es otro "No". Porque me sentí desprotegida cuando hace un par de semanas Mariano Rajoy renunció a la presidencia del Gobierno de España después de un escándalo más o menos del mismo tamaño de los que tienen todos nuestros candidatos: no tenía ninguna forma de influir en quién le sucedería. Ni en quién sucedería a su sucesor. No sé si tengo voz, pero definitivamente no tengo voto.

Fue la primera vez que tuve claro por qué votar es un privilegio. Pero no puedo. Pero tengo que. Pero ¿cómo?

*En Jaime Heliodoro ni pienso. Ya voté por él una vez y, aunque lo consideré necesario como castigo para sus entonces contrapartes, no volvería a hacerlo. Si me engañas una vez, vergüenza para ti. Si me engañas dos... ya sabemos cómo va.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.