VOCES
29/06/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 29/06/2018 3:44 PM CDT

Era futbolista profesional en Rusia y soy gay: ya no podrán silenciarme

EKATERINA BODYAGINA
"La forma en que yo juegue futbol no tiene nada que ver con a quién yo ame

Todavía recuerdo claramente la comida con mis padres en nuestra casa de Samara.

Mi madre me hacía las preguntas usuales: "¿Cuándo vas a encontrar marido? "¿Hasta cuándo vas a casarte?"

Luego mi padre dijo: "Quizá lo que quiere es estar con una mujer".

Mi madre le pegó en la nunca, como si hubiese dicho una tontería.

Para mí no era una tontería. Era la verdad.

Dije: "Sí, tienes razón".

Mi madré empezó a llorar. Hasta este día no sé si eran lágrimas de tristeza o felicidad, pero dijo: "Te amamos mucho. Eres nuestra hija, no importa nada más".

En ese momento me sentí segura y liberada.

La cena ocurrió hace casi cinco años.

Entonces jugaba futbol profesionalmente en Rusia, para equipos de primera división como Ekostrom, CSK VVS y el equipo nacional juvenil de mujeres.

Después abandoné mi carrera por mi amor verdadero: Jenja. Queremos casarnos y estamos ahorrando para una boda en Las Vegas dentro de dos años.

Salir del clóset puede suponer que los patrocinadores y directores de clubs te den la espalda.

Es brutal la situación en Rusia para gente como yo. La homosexualidad (especialmente en el futbol) es un tabú.

Salir del clóset está acompañado del miedo a que nuestra sociedad, como buitres, nos ataque con acusaciones morales.

Los dedos te señalan: "Mírenla. ¡Hay algo malo en ella! ¡No debería jugar futbol!"

Me gustaría decirles que jugar futbol no tiene nada que ver con amar a alguien.

Mi sexualidad no está relacionada con mi rendimiento atlético.

Pero la sociedad rusa no está de acuerdo.

Y salir del clóset puede suponer que los patrocinadores y directores de clubs te den la espalda. Tu carrera está destruida, y su tu familia no te acepta, también tu vida.

Por esta razón ningún futbolista profesional ruso o rusa ha hablado abiertamente de su homosexualidad.

Sin embargo yo no quiero seguir callada. Quiero hablar de ello públicamente, por primera vez.

Porque ya no quiero tener miedo. Mi carrera futbolística ya terminó. Mi jefe del trabajo sabe que soy gay. Mis amigos lo saben, así como mis padres desde aquella cena hace cinco años.

Y quiero brindar apoyo a cualquier persona que pueda encontrarse en una situación similar.

Privat
Lazareva (derecha) dice que muchas jugadoras está obligadas a llevar una doble vida.

Entre las jugadoras nuestra sexualidad no era secreta. En cada equipo que jugué casi la mitad eran gays.

Es difícil decir si ese número es representativo del deporte, pero no creo que sea muy diferente en otros equipos.

El futbol me ayudó a entender mejor mi sexualidad. Recuerdo claramente el momento en el que entendí quién era.

Fue en un partido en la ciudad rusa de Krymsk. Justo antes de irnos a dormir mis compañeras hablaron de cómo una mujer también puede estar con otra mujer.

Yo no participaba en la conversación, pero debajo de las cobijas pensaba: "¡Sí! Finalmente todo tiene sentido".

Al final ganó el amor.

Me sentí liberada después de aquella conversación y empecé a hablar abiertamente del tema.

Pero también conozco a muchas personas en el deporte que han construido una fachada heterosexual detrás de la cual esconderse.

Muchas están casadas con hombres y tienen hijos.

Otras tienen novia, pero no aparecen juntas en las fotos que suben a las redes sociales. Acuden solas o con un amigo a los eventos. Y cuando los periodistas les preguntan por su vida sexual, evaden el tema.

Quienes no estén familiarizados con la prensa deportiva rusa pueden sorprenderse de que se hagan esas preguntas en las conferencias.

Sin embargo esa es la realidad.

Tan solo la sospecha de ser gay te convierte en un blanco de críticas. Yo nunca tuve esas experiencias. Quizá porque no era lo suficientemente famosa. Pero sé lo que se siente mostrar una vida alternativa a los demás.

Después de conocer a Jenja me dio tres días para decidir: salirme de Samara e irme con ella a Moscú o cortar con ella. Todavía jugaba futbol profesionalmente en Samara. Sabía que si quería cumplir el sueño de jugar en la Selección Nacional, no podría irme a Moscú.

Así que no fue una decisión fácil. Siempre que pensaba en Jenja mi corazón se aceleraba, y sentía mariposas en el estómago. Por otra parte, jugar futbol era lo único que sabía hacer.

Al final ganó el amor.

EKATERINA BODYAGINA

Pero, ¿cómo iba a explicarme a mis padres que me mudaría a Moscú por una mujer?

Así que armé una doble vida.

Les dije que me iría a un equipo en la capital y que viviría con un amigo.

Y durante las primeras semanas con Jenja le contaba a mis padres historias sobre mis entrenamientos y el nuevo club.

Lo hice por dos meses, y luego volé de vuelta a Samara y les conté la verdad.

Hasta el día de hoy no sé qué pensaron mis padren en ese momento.

Pero sé que mi padre sufrió. Nunca me lo hizo saber. Pero mi madre una vez me contó que él no pudo dormir durante semanas después de aquella cena.

Estaba decepcionado de mí, pero me quería igual.

Ahora ya conocen a Jenja. Podemos ser nosotras mismas, pero no nos besamos delante de ellos.

Tu familia podría desconocerte. Podrías perder tu trabajo. Hay buitres acechando por doquier.

Desafortunadamente he visto homofobia en todas partes.

Una de mis entrenadoras se conmocionó y reprendió a dos jugadoras que empezaban a salir. Les dijo que no quería que terminaran solas y sin hijos.

En Moscú nuestra casera nos corrió después de gritarnos: "¡Si hubiera sabido lo que hacían en la habitación, nunca las habría dejado quedarse aquí!"

Cuando trabajaba en una tienda de ropa deportiva, una colega me dijo: "No voy a dejar que mis hijos se te acerquen".

Y en un bar un skinhead pisoteó a una amiga.

En Rusia las personas gays solo pueden ser libres si esconden el amor a sus parejas.

Lo mismo le sucede a los visitantes que vienen al Mundial, especialmente los hombres jóvenes. No besos, no ir de la mano. Si no, te van a agarrar a golpes.

No es fácil enviarle un mensaje a quienes comparten mis preocupaciones, miedos y problemas (pero también esperanzas).

Pero sé esto: hay muchos allá fuera. Y cuando estés listo o lista, confía en ti y sal de las sombras.

Por supuesto, cómo afecte tu vida tu salida del clóset depende mucho de tu situación particular.

Tu familia podría desconocerte. Podrías perder tu trabajo. Hay buitres acechando por doquier.

Pero también se encuentra la libertad cuando se vive sin mentiras.

Todavía recuerdo cuando vi jugar al equipo de mi ciudad en el estadio con Jenja.

Me tomó del brazo y me susurró: "Dejaste todo esto por mí".

Le respondí: "No, ese era nuestro destino".

Alena Lazareva, 27 años, nació en Samara y jugó futbol profesionalmente para equipos rusos como el CSK VVS en Samara y Sergiyev Posad al noreste de Moscú. También jugó para el equipo nacional ruso juvenil. Renunció al futbol cinco años después de conocer a su novia.

Tal y como le fue contado a Jürgen Klöckner y Ekaterina Bodyagina.

Este blog apareció originalmente en el 'HuffPost' Alemania y después en el ''HuffPost' Estados Unidos. Fue traducido del inglés por Víctor Santana.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.