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04/10/2018 8:28 AM CDT | Actualizado 04/10/2018 9:47 AM CDT

Qué nos puede enseñar Sudamérica sobre el retiro de las placas con el nombre de Gustavo Díaz Ordaz

La importancia de (re)aprender de pasados ajenos.

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Los ejercicios de memoria colectiva resultan fundamentales para las democracias. El recordar como un ejercicio constante y sistemático nos otorga garantías de no repetición activas o pasivas evitando que la población participe en conductas u omita hechos autoritarios, violatorios de derechos humanos, entre otros.

Si nos situamos en un país en específico que ha logrado llevar con éxito ejercicios de memoria colectiva al punto de llegar a servir de ejemplo en otras latitudes, es Argentina. Su política de memoria desde inicios de este siglo, vino a complementar y reanudar el esquema de memoria, justicia y verdad. Dentro de las tantas funciones –por llamarlas de alguna manera- de las dictaduras, o en general de los gobiernos y regímenes autoritarios, está el de anular o aminorar las identidades de los pueblos, y con ello la memoria colectiva.

En el caso argentino la dictadura del 76 trató prácticamente de reescribir la historia previa a su gobierno (como también lo hizo más explícitamente la dictadura del 55). Las desapariciones tenían por objeto no solo suprimir y aleccionar individuos, el objeto era también anular colectividades materiales y subjetivas, apuntar contra las preferencias políticas e ideologías diferentes como el "origen de los males", no solo desde el poder político, sino también incluyendo en esto a un sector de la sociedad y medios de comunicación.

ALI BURAFI/AFP/Getty Images
Retiro del retrato del exdictador argentino Jorge Rafael Videla,en 2004, de una de las paredes del Colegio Militar,en Buenos Aires.

En este sentido, el acto en el que el presidente Néstor Kirchner ordena bajar los cuadros de Videla y Bignone del Colegio Militar que se encontraban junto a presidentes democráticamente electos en 2004, resultó por decir lo menos, simbólico. Fue su primer aniversario del golpe del 76 como presidente; un militante que en su juventud estuvo cerca de ser desaparecido hizo dejar un espacio vacío en esa pared. No borró la historia, la resignificó desde su posición de poder, fue un reconocimiento de la responsabilidad del Estado en las atrocidades del pasado. Fue dejar un hueco en un lugar donde esas dos personas no debieron estar y se insertaron a causa de un Golpe de Estado.

Quizá en su momento pocos recordaban o sabían si quiera de la existencia de ese muro en el Colegio Militar, después de ese acto, más allá de las fronteras de Argentina, muchos recordamos lo sucedido como una acción de compromiso con las víctimas y con la historia misma, siendo el principio de la política de memoria como una política de Estado estrechamente vinculada con lo ya construido por la sociedad civil.

Quitar placas no despojará ni expulsará a nadie de la historia de México, más bien nos hará debatir y en el debatir recordar y en el recordar evitar repetir.

Fue el inicio de recoger la conciencia de los movimientos, de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, de darles un lugar que les correspondía y por el que habían luchado por casi 30 años, ese lugar en el cual, buscando justicia por sus hijos y nietos desaparecidos, construyeron sin darse cuenta un camino de regreso a la democracia y que la historia no las reconocía con la justa dimensión. Bajar los cuadros, junto con otros gestos simbólicos, las reincorporaron.

Curiosamente un actor importante durante la última dictadura argentina por su política de puertas abiertas fue México, y resulta irónico ya que al exterior dentro de la neutralidad siempre se defendieron causas incluso de defensa de los derechos humanos. Sin embargo, al interior sucedían hechos semejantes a los de las dictaduras de las cuales recibían perseguidos políticos: la guerra sucia, el 68, el 71, etc.

La diferencia con lo que pasaba en el cono sur es que en México no podemos hablar activamente de dictadura, así como que los hechos no sucedieron bajo regímenes surgidos de golpes de estado, más bien se trató de simples gobiernos autoritarios que actuaron ejerciendo violencia política de manera prácticamente permanente, disolviendo cualquier intento de movimiento y oposición (elementos propios de la democracia).

¿Qué hacer con esos espacios vacíos? Puede no hacerse nada.

Con estas características de los gobiernos mexicanos pretransicionales, y trayendo de regreso la primera parte de este texto, seguramente en México hay cuadros que bajar, placas que quitar o intervenir, calles, colonias, y aeropuertos con nombres de gobernantes represores los cuales renombrar, sin que eso signifique cambiar la historia. Más bien significa reconocerla. Quitar una placa no implica que olvidemos que Díaz Ordaz inauguró el metro de la Ciudad de México, significa quitarle reconocimiento, arrebatarles la posibilidad de reivindicación no solo de sus represiones, también de sus gobiernos.

¿Qué hacer con esos espacios vacíos? Puede no hacerse nada, el ejemplo que podemos tomar de Argentina, es que el vacío también significa memoria.

Bajar cuadros, pedir perdón a nombre del Estado, cerrar excentros clandestinos de detención para convertirlos en espacios para la memoria, intervenir espacios públicos, reeducar, repolitizar una sociedad despolitizada post años 90, seguir juzgando crímenes de lesa humanidad, abrogar las leyes de obediencia debida y punto final, escuchar a las víctimas, colaborar para recuperar nietos apropiados de sus madres desaparecidas, y resignificar la sociedad civil, todo lo anterior una serie de políticas para para evitar la repetición no despojaron a nadie de la historia de Argentina, al contrario, incluyeron a los invisibilizados por ausencia de políticas, o directamente por negacionismo.

En este lado del hemisferio, donde las políticas de memoria son prácticamente inexistentes, quitar placas no despojará ni expulsará a nadie de la historia de México, más bien nos hará debatir y en el debatir recordar y en el recordar evitar repetir.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.