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18/07/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 18/07/2018 6:00 AM CDT

Larga vida a la (verdadera) reina en sus 60 años

A Madonna se le ama, se le critica y sobre todo se le señala, pero jamás se le puede ignorar.

NBC via Getty Images
Madonna llega al programa de Jimmy Fallon, 'The Tonight Show', el 25 de septiembre de 2017.

Escuchar a Madonna en mi adolescencia siempre fue un acto de transgresión: estudiaba en un colegio de monjas francesas y tanto ellas como mi madre consideraban la música de la cantante del mal gusto y grotesca, además de una mala influencia. Pero yo la amaba, por supuesto, con toda la sinceridad que a esa edad se puede amar a los ídolos inalcanzables, pero sobre todo, porque representaba toda una serie de ideas y versiones del mundo que a mi catorce años, me era imposible de explicar más allá de lo que la artista hacía sobre el escenario.

Madonna encarnaba la libertad, un tipo de fuerza con la que soñaba al escucharla cantar, la fabulosa sensación que el mundo era un lugar enorme que podía comprender a través de su música. Eran los tiempos de Like a Prayer, de Madonna corriendo por campos ardientes hacia un santo moreno a quien besaba con ternura. Era la época en que la cantante era el símbolo de algo peligroso y dañino.

Y justo por ambas cosas, me obsesioné no solo con su música sino con Madonna misma, con su manera de mirar el mundo, de reinterpretar lo femenino. Porque Madonna, más allá de las críticas y de los señalamientos, del estigma y del escándalo es una mujer talentosa que ha creado una imagen pública a imagen y semejanza de ese poder.

Agradezco a Madonna por su persistencia, terquedad y brillante capacidad para construir algo por completo nuevo sobre lo que la mujer puede ser.

Hace unos días recordé la sensación al leer que la artista celebrará sus 60 años de vida el próximo 16 de agosto. Me hizo sonreír el pensamiento que la gran reina del escándalo tiene ahora la misma edad de mi madre — que tanto la detestó y finalmente, llegó a admirarla — y que de alguna forma, fue mi ejemplo en una serie de ideas sobre lo femenino y la mujer que son parte integral de la mujer que soy. Que Madonna, ya fuese con la música, el baile, la moda, delante de las tendencias, siempre fue un ícono que abrió camino no solo a las mujeres que vinieron detrás de ella — y siguieron su ejemplo sobre el escenario — sino a toda una generación, que comprendió que el espíritu, la sexualidad y el poder creativo de una mujer es por completo indomable.

Madonna, con cuatro décadas a cuestas de carrera, mezcló el post punk con el control extraordinario y audaz de una chica lúdica. El glamour y una nueva manera de comprender a la mujer que crea (a la que se asume parte de una labor artística que libera) encontró en Madonna una forma de manifestarse por completo original y sin duda, contundente.

Porque Madonna, con toda su febril capacidad constructiva — y también destructiva — creó un tipo de mujer que hasta la primera década de los ochenta había sido por completo desconocida. En medio del estallido de las nuevas tendencias sobre la mujer — al estilo de las históricas "Guerrilla Girls" neoyorkinas nacidas en 1985 y la poderosa Barbara Kruger — Madonna llevó el estandarte de la mujer que es libre porque lo desea, puede y lo crea a través de una asombrosa versión sobre lo femenino que sorprende por su brusquedad. Una capacidad para la polémica que no solo se limitó a su explotación — medida y extraordinaria — de su sexualidad como una forma de construir una mujer por completo distinta al estereotipo tradicional, sino conspirar contra el orden conservador que asume a lo femenino como parte de una idea muy limitada.

@madonna
Madonna con sus 6 hijos de visita en la escuela para huérfanos Jacarandas, en Malawi.

Como lo hizo con su libro SEX que no solo no era un libro cualquiera, sino que transformó en un escándalo: la osadía de Madonna de enfrentarse a tantas cosas por una mera declaración de intenciones visual, una creación artística que abrió las puertas a una nueva forma de concebir a la mujer sexual, libre pero todo salvaje. Un tipo de mujer a la que nuestra sociedad no está habituada y que por supuesto, no acepta con facilidad.

El libro, repleto de imágenes sexualmente explícitas — a cargo del fotógrafo Steven Meisel — y textos cargados de intención erótica, se enfrenta al mito de la fantasía masculina y les otorga un nuevo sentido. De pronto, la mujer asume el lugar de lo imaginado, es la fantasía viva y perversa. Una mirada sobre el sexo como un elemento de libertad completa.

No todos están de acuerdo que Madonna es feminista o que tiene algo más que decir que el uso desvergonzado de su sexualidad como emblema. Pero en realidad, con su firmeza y su poder, su lenguaje efervescente y su cualidad para luchar con sus armas contra una estructura que intentó limitarla y reprimirla, Madonna es un ejemplo vivo de la mujer de una época en que lo puede considerarse peligroso e inquietante. Madonna es incluso libre de militancia: no se enfrenta a nada ni tampoco es abanderada de ninguna causa específica.

No todos están de acuerdo que Madonna es feminista o que tiene algo más que decir que el uso desvergonzado de su sexualidad como emblema.

En lugar de eso, se rebela contra todo y lo hace desde lo artístico, en la palestra pública, con un visible desparpajo que despierta un tipo de amor y rechazo muy específico. Como todo ídolo de masas a Madonna se le ama, se le critica y sobre todo se le señala, pero jamás se le puede ignorar. Y como cualquiera que le asombre esa capacidad de reinvención, crecí admirando a Madonna como un símbolo de esa nueva mujer que se crea a sí misma.

Cuando tenía once años pensé que Madonna — su música y su imagen — era una idea portentosa. De adulta continúo pensándolo, pero sobre todo, agradeciendo su persistencia, terquedad y brillante capacidad para construir algo por completo nuevo sobre lo que la mujer puede ser. Una nueva forma de mirar el género o quizás, solo una cuota de independencia que aún nos llevará unas cuantas décadas más comprender.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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