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25/07/2018 10:01 AM CDT | Actualizado 25/07/2018 11:04 AM CDT

La serie 'Sharp Objects' y su gran desafío a los prejuicios de género

La escritora Gillian Flynn (de azul) con parte del elenco y la productora ejecutiva de 'Sharp Objects', la serie de HBO que desafía todos los prejuicios de género.
Rodin Eckenroth via Getty Images
La escritora Gillian Flynn (de azul) con parte del elenco y la productora ejecutiva de 'Sharp Objects', la serie de HBO que desafía todos los prejuicios de género.

Hace unos días un amigo me comentó que la recién estrenada serie de HBO, Sharp Objects, (basada en el libro del mismo nombre de la autora Gillian Flynn) era incómoda porque los personajes tenían una "personalidad artificial". Como fanática del libro, y ahora seguidora entusiasta de la serie, el comentario me desconcertó.

—Son mujeres fuertes, extrañas. Un poco enajenadas —contesté— me parece que, de hecho, son personajes de una enorme profundidad.

—A eso me refiero. Es como el ideal de la mujer "fuerte" —me contestó mi interlocutor— ¿por qué no tocar el lado amable de la mujer, el refinado, el sensible? Allí radica la verdadera fortaleza del sexo femenino.

El comentario me hizo sonreír con cierta amargura. El viejo estereotipo de la mujer abnegada, la amable, la simple, parece sobrevivir a pesar de la notoria evolución de la imagen de la mujer en nuestra época. Pensé en la intrigante pléyade de personajes de la serie: la periodista Camille Preaker (interpretada por una magnífica Amy Adams), enajenada, misteriosa, herida por un pasado turbulento. Su inquietante y por momentos violenta madre (encarnada por la actriz Patricia Clarkson). La profunda comprensión de las intrincadas relaciones entre el dolor, la angustia emocional y el miedo que pueden crear y sostener las relaciones filiales.

Por supuesto no se trata de un análisis sobre la feminidad sencillo o corriente, sino más bien uno que explora la naturaleza más dura y compleja de la mujer. Esa percepción sobre las heridas —emocionales y reales— que presionan y crean una nueva dimensión sobre el sufrimiento emocional e intelectual que pocas veces se analiza en la pantalla.

—Hablas de mujeres complejas —le insisto a mi amigo. Él sonríe, con cierta incomodad.

—El personaje es una adicta y tiene problemas mentales. ¿Cuántas mujeres conoces así?

Se trata de una reinterpretación de lo femenino que tiene como objetivo analizar el símbolo antes que la alegoría, un experimento que rindió frutos con ese gran primer símbolo popular de poder femenino como lo fue la Leia Organa de Carrie Fisher.

Suspiro. Podría decirle que sufro de un trastorno de ansiedad generalizada que me hace comprender al personaje muy bien. También que conozco mujeres que deben lidiar con todo tipo de adicciones y complejos dolores psiquiátricos. Mujeres que luchan a diario por su cordura y estabilidad intelectual. Pero para mi amigo resulta impensable esa versión de lo femenino tan dura como difícil de encajar en el canon tradicional. Como mucha otra gente, su versión sobre lo que la mujer puede ser parece más relacionada por una idea idílica, plácida e incluso simple de lo femenino, aparejada a un cierto conservadurismo intelectual que resulta paternalista, condescendiente y preocupante.

Se trata de un debate común y en la actualidad, mucho más vigente debido a la necesidad de lo femenino de despojarse de toda la carga edulcorada que por siglos le aplastó bajo capas de prejuicio. Durante los últimos años la literatura y la pantalla grande han mostrado un tipo de personaje que reinventa el rol secundario, decorativo y superficial que solía tener la mujer hasta hace unas pocas décadas.

Se trata de una reinterpretación de lo femenino que tiene como objetivo analizar el símbolo antes que la alegoría, un experimento que rindió frutos con ese gran primer símbolo popular de poder femenino como lo fue la Leia Organa de Carrie Fisher. Su mera existencia dio paso a personajes como Ellen Ripley (encarnada por Sigourney Weaver), Sarah Connor (interpretada de manera sucesiva por Linda Hamilton, Lena Headey y Emilia Clarke) que no solo dieron un nuevo rostro a la mujer cultural, sino que la dotaron de inusitada fuerza.

Se trata de un debate común y en la actualidad, mucho más vigente debido a la necesidad de lo femenino de despojarse de toda la carga edulcorada que por siglos le aplastó bajo capas de prejuicio.

Pero además se trata de una estructura novedosa que abarca la concepción del héroe tradicional, encarnada por una mujer. La Hermione Granger de la actriz Emma Watson pasó de ser un personaje secundario a uno de pilares del universo ideado por la escritora JK Rowling, y que se trasladó a la pantalla grande con la misma notoria influencia del camino del héroe reinventado para una nueva generación de mujeres.

Unos años antes Arwen (Liv Tyler), Éowyn (Miranda Otto) y Galadriel (Cate Blanchett) se convirtieron en personajes preponderantes de la saga El señor de los anillos, de Peter Jackson. La viuda negra de Marvel, encarnada por la actriz Scarlett Johansson, tiene la misma frialdad, inteligencia, audacia y fuerza física de su homónima en papel, un personaje entrenado para matar y que, además, lo hace con singular eficiencia.

Durante los últimos años, hay una proliferación de personajes femeninos, profundos y tridimensionales no solo en el cine, sino también en la televisión (Girls, The Good Wife, Nurse Jackie, Don't trust the Bitch in Apartment 23, Homeland o 30 Rock –cuánto te vamos a echar de menos, Liz Lemon–).

Una nueva figura aparentemente feminista, violenta y cruel, se mira con recelo. Una reflexión chocante al estereotipo de la mujer popularizado por la cultura.

Mujeres de temperamento impulsivo, violento. Mujeres que gritan groserías, mujeres con durísimas opiniones sobre sí mismas y sobre lo que le rodean. Mujeres inquietantes, con cientos de dimensiones emocionales y mensajes.

La escritora Gillian Flynn ha protagonizado el debate con anterioridad. En 2014, la película Gone Girl (basada en su libro del mismo nombre) llevó a la pantalla un tipo de personaje femenino que sacudió las bases de la interpretación de la mujer en la cultura popular: la Amy de Flynn (interpretada en la pantalla grande por Rosamund Pike) no solo no es la mujer perfecta, la mujer ideal, la mujer que la sociedad suele concebir como real, sino que, además, tampoco su matrimonio, la vida que lleva, son lo que se supone debería ser.

De pronto, el libro y la película parecen cuestionar a la distancia, con la gélida mirada de Flynn y después con la durísima visión emocional del director David Fincher —sobre quiénes creemos ser y quiénes somos— en un mundo creado a base de las apariencias. Una nueva figura aparentemente feminista, violenta y cruel, se mira con recelo. Una reflexión chocante al estereotipo de la mujer popularizado por la cultura.

Con sus motivaciones egoístas, su punto de vista durísimo sobre las motivaciones inteligentes de un inusual villano. Sin duda un aporte invaluable a la nueva mujer cinematográfica y literaria que se rebela contra el sexismo de esa percepción de la mujer como bondadosa, amable, exquisita, etérea. Una nueva manera de concebir lo femenino desde lo real.

(VIDEO: Trailer de 'Sharp Objects')

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.