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16/05/2018 12:12 PM CDT | Actualizado 22/05/2018 1:43 PM CDT

La censura de Instagram a los desnudos femeninos

El cuerpo femenino como enemigo.

¿Por qué ofende el desnudo femenino?
Getty Images
¿Por qué ofende el desnudo femenino?

La censura es una forma de violencia. Dicho de esa manera, parece exagerado y hasta un poco dramático. Pero no lo es, en la medida que la censura en la actualidad es selectiva y parece más relacionada con el género que con la naturaleza del material que se comparte.

Hace unos días, una de mis alumnas del taller de autorretratos que imparto, comentó a la clase la experiencia traumática que supuso para ella que una de sus fotografías fuera censurada por la plataforma Instagram. Se trataba de un autorretrato que insinuaba un desnudo de forma muy sutil —su silueta a contraluz, en un espacio vacío y artísticamente concebido para denotar soledad— que, no obstante, infringió las rígidas normas de la red social sobre el tema.

De la sorpresa por haber perdido el material contenido en su cuenta, mi alumna pasó a la desazón y la humillación de haber sido limitada en lo que considera su derecho a la expresión. Cuando intentó reclamar al respecto, recibió una única respuesta: la fotografía había violado la severa normativa con respecto a lo que puede incluirse en la plataforma de Instagram y no había apelación posible. Finalmente tuvo que aceptar lo inevitable: había perdido todas las imágenes incluidas en su cuenta y, además, el derecho de usar su cuenta en el futuro.

No se trata de un hecho inusual: para Instagram, como para la mayoría de las redes sociales más populares, un desnudo es un desnudo y puede ser considerado ofensivo, no importa la intención con que fue tomado o el elemento subjetivo que pueda simbolizar. Sin embargo, un desnudo femenino parece ser mucho más incómodo para la severa censura del mundo virtual que uno masculino.

Nadie explica el motivo por el cual el cuerpo desnudo de una mujer parece herir con mayor facilidad la susceptibilidad del hipotético público asiduo a determinada red virtual.

Se esgrimen razones de todo tipo: la protección de los usuarios y sobre todo, en la necesidad que la red en cuestión no desvirtúe su objetivo esencial —cualquiera que este sea— a través de imágenes o contenido que pueda herir la susceptibilidad de un potencial público sensible. Zanjada la cuestión, gran parte de las plataformas virtuales, deciden que es mucho mejor disculparse por una posible equivocación (basada en un algoritmo) a enfrentar las posibles consecuencias de una violación directa a la ley por contenido directamente inapropiado o ilegal.

No obstante, nadie explica el motivo por el cual el cuerpo desnudo de una mujer parece herir con mayor facilidad la susceptibilidad del hipotético público asiduo a determinada red virtual. O por qué los pechos, pezones o el pubis de una mujer son mucho más ofensivos que el pecho al descubierto de un hombre. La mayoría de las redes sociales parecen olvidar que detrás de todo contenido (y, sobre todo, de todo material sensible o no a la opinión, susceptible o no a la censura) hay un usuario y una historia muy concreta. Y que el ligero sesgo de género envía un mensaje muy claro que pocas veces resulta comprensible o tiene un sentido concreto que pueda analizarse con facilidad.

Un hecho de censura, sea cual sea su origen y su motivo, es traumático. La agresión tiene una connotación durísima no solo a nivel intelectual sino también emocional. Sobre todo si se trata de un tema tan personal e íntimo como lo es mostrar el cuerpo como forma artística.

Hablar sobre el desnudo femenino no es un tema sencillo ni que se aborda fácil. Para el hombre, parece ser más sencillo exhibirse desnudo: desde la Grecia Clásica, el genital masculino ha representado poder y fuerza. En la visión primitiva de sexo, el hombre que penetraba simbolizaba a ese poder de lo viril, ese símbolo del poder del macho de la especie.

Aunque desde hace un par de siglos hemos empezado a cuestionarnos y a preguntarnos el porqué de las diferencia entre géneros, el papel de la mujer carece de la relevancia, riqueza, fuerza que tiene potencialmente.

Con la mujer, la cosa es distinta, y tal vez sea deba a un asunto meramente práctico: los genitales femeninos permanecen ocultos, entre la piel, el pudor y la simple ironía de guardar —bajo puertas casi secretas— el deseo femenino. Y aunque las diosas de todas las épocas han mostrado sus exuberantes pechos desnudos —se conservan multitud de estatuillas de Diosas de opulenta belleza— muy pocas muestran lo femenino a un nivel más íntimo.

Tal pareciera que en el genital femenino se resume a ese pudoroso pliegue de piel que los artistas de todas las épocas representaron en dulces alegorías. Los pechos espléndidos y altivos demostrando belleza, y la cintura cubierta por telas transparentes, esa enigmática puerta al mundo del placer. De manera que la mujer —como figura, identidad y expresión— siempre pareció estar protegida por su propia naturaleza. A la mujer históricamente se le invisibiliza y parte de ese criterio es lo que parece modular esa noción de la censura que aún persiste en la actualidad.

Hace unos meses, leí un artículo muy interesante sobre la influencia de lo femenino sobre la cultura occidental. Me asombró un poco y la lectura me dejó con una sensación un tanto amarga: la vida de la mujer, históricamente hablando, siempre ha sido invisible. Porque, aunque desde hace un par de siglos hemos empezado a cuestionarnos y a preguntarnos el porqué de las diferencia entre géneros, el papel de la mujer carece de la relevancia, riqueza y fuerza que potencialmente tiene.

Un buen ejemplo de esa necesidad de comprensión fue el maravilloso libro "La Cité des Dames" escrito en 1405, y que cuestionaba, en un tono bastante moderno, el rol obligatorio que la cultura imperante imponía sobre la mujer. Porque de hecho, hablamos de un rol que se hereda, de un lugar social que hasta hace poco pareció incontestable.

El no mostrar, el esconder, el rol doméstico, las puertas cerradas a la mujer más allá de la idealización de su figura e identidad por el hombre. ¿Es la censura en redes sociales el más reciente escaño de una forma de restricción en el comportamiento de la mujer? Lo pienso mirando la fotografía de mi alumna y leyendo su profunda tristeza por la censura que sufrió. Una nueva forma de límite y, quizás, de desazón.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.